La justicia de marzo

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

 

De acuerdo con la astronomía en marzo de cada año inicia la estación de la primavera que se caracteriza por su juventud, lozanía, abundancia y energía que despliega con toda su potencia la naturaleza. En esa época se despliega la vida con sus ímpetus todos. En nuestra vida como humanos también todos tenemos una primavera durante la cual nuestro existir se afirma con fuerza disponiéndonos para las próximas estaciones.

Aun cuando en la juventud se carezca de la experiencia que da el otoño también es cierto que la inteligencia se encuentra en su centro de gravedad, la voluntad es acerada, pero, lo más impresionante lo es el sentimiento. Es en esta estación donde predomina el sentir, la emoción. Es aquí donde se aprecian con mayor acentuación los valores por la simple razón de que el único órgano para percibir los valores lo es el sentimiento y es en la juventud cuando la pasión impera y por consecuencia de ello la juventud es esencialmente valiosa y valorativa.

Es en este tiempo en que destaca el valor justicia; cuando se es joven se es y se quiere ser justo, en tanto que del valor justicia se deriva el derecho la ética y dentro de la pirámide de valores de Max Scheler ocupa uno de los más lugares en importancia. Es el caso personal de joven abogado RICARDO ENRÍQUEZ PIÑA, egresado con honores de la Universidad Autónoma de Nayarit, y que actualmente se desempeña como presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje con residencia en Mezcales, Nayarit.

Abogado joven, aún hijo de familia, que profesa la religión católica y cuyo anhelo principal en su vida es la de vivirla en su diaria cotidianeidad, en el actual pasar de las cosas, transparentando las puertas de su actividad diaria para disipar toda sombra de sospecha y dar mejor servicio a todos aquellos que recurren a él en busca de justicia laboral, de esa justicia para los débiles, para los desvalidos. Su primavera le permite ejercitar sus músculos y su inteligencia; su soltería le facilita dedicarse enteramente a la impartición de esa justicia laboral sin distracción alguna.

RICARDO no sólo administra la justicia del trabajo, sino que la VIVE con esa juventud apropiada para percibir ese prioritario valor. No importa su experiencia sino esa vivencia de la justicia que va más allá de la simple aplicación de la ley y que se dirige a darle más a quien menos tiene. Y él lleva a cabo tan extraordinaria tarea. Hacen falta mucho, pero mucho, servidores públicos como Ricardo. En verdad.

Sus señores padres AMADO y MARÍA FRANCISCA, con toda certeza, deberán estar orgullosos de su hijo.

 

AMIGOS

Un saludo para la Sra. CHELO VIUDA DE IBARRÍA y otro para todos y cada de los miembros del CORO DISCÍMBOLO creado por el siempre bueno y culto Pbro. Lic. CARLOS PEÑA RAMOS.

NO SIENTAS ODIO POR NADIE.