Diálogo sensible

Por Alondra Maldonado Rodriguera

alondrachef@gmail.com

 

Pocas veces en la vida coincidimos con almas sensibles al mundo que nos rodea, y cuando se les topa son un remanso del cual es bueno abrevar. Ellas te hacen apreciar lo mágico de lo cotidiano, el milagro de estar vivo, de respirar, de olfatear. La mayoría de estas almas son almas resurgidas, es decir, aquellas que deciden apreciar la belleza de lo cotidiano a pesar de las dificultades de la vida; a amar después del vendaval.

Jaime Sabina los describe en su poema Los amorosos, como estos seres que inhalan la vida en una bocanada apasionada una y otra vez, para volverlo a hacer como si fuera la primera vez que aspiraran el aliento de vida. Para aquellos que no tengan fresco este poema, me permitiré citarlo.

Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Los amorosos buscan,

los amorosos son los que abandonan,

son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos

porque están solos, solos, solos,

entregándose, dándose a cada rato,

llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos

viven al día, no pueden hacer más, no saben.

Siempre se están yendo,

siempre, hacia alguna parte.

Esperan,

No esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.

El amor es la prórroga perpetua,

Siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los amorosos son los insaciables.

Los que siempre –¡qué bueno!- han de estar solos.

-Qué mágico y único empaque es el que la naturaleza da… es diferente un plátano a una fresa, ¡qué sabores tan distintos! Piensa que cerca del mar crece una esfera arriba de una palmera que en su interior tiene agua dulce y carne blanca y el sabor es único, hidrata el cuerpo y lo sana.

Debo confesar mi asombro ante estas reflexiones de mi interlocutor, por su intacta capacidad de asombro ante estas grandes sutilezas de la naturaleza, que son la base de su nueva cocina a la que llama cocina poética; que deriva del sentido más ancestral que significa creación.

-Cocina poética es cocinar con amor a la madre tierra, a la cultura ancestral de los sabios del tiempo, amor a las cosechas, a las plantas, a los animales, amor a lo que la tierra de ofrece y crear con ello constantemente. Es cocinar por amor y no por ego de querer ser el mejor.

Percibo en Hugo Ahumada un renovado amor por lo propio, un descubrirse orgulloso mexicano heredero de una cultura ancestral, una mirada de quien descubre el mundo cada día con infinita curiosidad. En él, un amoroso en término de Sabina.

Su cocina es un redescubrir las posibilidades de nuestra tradición, como la jericalla de mole. Para los que visitan Puerto Vallarta es una opción imperdible.