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Más bonita que ninguna

Hace diez años que Rocío Dúrcal falleció y el reposo de sus cenizas fue dividido entre España y México. Considerada sin duda, la intérprete de música ranchera que más discos vendió en el mundo, inventó el género de la balada con tintes mexicanos y acento castizo de la mano de Juan Gabriel. La discreción de su vida y su constante trabajo la convirtieron en una consentida de la frecuencia modulada.

 

Nació con el nombre de María de los Ángeles de las Heras, sin embargo, sus conocidos le dirían siempre Marieta y Latinoamérica “La Dúrcal”.

 

Fue parte de una generación de niños prodigio, como Marisol, Concha Velasco y Ana Belén, que de la mano del cine mostraron una versión edulcorada de la vida española en la segunda etapa del Franquismo.

 

Que se dedicara al mundo de la cantada era una consecuencia del éxito de sus películas; de estar en el lugar adecuado rodeada de gente talentosa como Juan Pardo y Antonio Morales “Junior”, el segundo a la postre su marido y ambos parte de Los Brincos, el grupo más popular de la península ibérica; de un buen productor como Augusto Algueró y que era en definitiva para los cánones de la época “Más bonita que ninguna”.

 

Filmó éxito tras éxito: “Canción de Juventud”; “Tengo 17 años”, “Buenos días condecita”; “Las Leandras” y asaltó Latinoamérica con “Acompáñame” junto a Enrique Guzmán.

 

Su capacidad histriónica fue limitada por guiones predecibles, con la excepción de títulos como “Cristina Guzmán” y tal vez su mejor papel: “Marianela” donde no canta y borda el papel de la mujer desfigurada del clásico de Benito Pérez Galdós.

De pronto se acabó el encanto, Marieta creció y ya no vendía. Las fórmulas se le acabaron, formó un dueto penoso con su marido y al llegar “El destape”, aquella época de películas semi eróticas producto de la libertad de la sociedad española tras la muerte de Franco, filmó “Me siento tan sola” en la que interpreta a una lesbiana y aparece desnuda como lo exigían los guiones de aquellas películas. Había cruzado la línea roja, arrepentida se avergonzó siempre de aquella película que a la postre se volvería de culto para los “durcalistas” de tiempo completo.

 

Lejos de tener el duende gitano de Rocío Jurado o Lola Flores la solución vendría del otro lado del mar. Juan Gabriel la rescata y le graba un total de 10 discos, clásicos todos. Aquella música sonaba definitivamente Mexicana, pero no folclórica.  Fue él génesis de una balada moderna, con guitarrón de fondo, orquesta y batería de pop. Aquel romance de Juanga y la Dúrcal parió “Me nace del corazón”, “Me gustas mucho”, “Costumbres”, “Quédate conmigo esta noche”, “Jamás te dejaré”, “Tu que fuiste”, “Yo necesito saber, quiero saber”.  Ya encarrilada en el éxito probó suerte algunas ocasiones sin Juan Gabriel, como en “La gata” de Rafael Pérez Botija o “Como tu mujer” de Marco Antonio Solís.

 

La muerte de Rocío Dúrcal fue u presagio de lo que le sucedería al mundo discográfico latinoamericano. Estos diez años de ausencia los gustos cambiaron, las producciones ya no son tan trabajadas y la piratería reina. Existe aún el mercado nostálgico limitado donde se explota a su hija Sheila Dúrcal, pero sólo hay pocos vestigios de la genética. Marieta, al morir, evitó que su carrera, como todos los de su generación, decayera. Ahora es un mito, un fantasma que ronda los cuadrantes del radio dedicados a las personas que crecieron con ella y le profesan un “amor eterno” y al escucharla le dicen Rocío, “Fue un placer conocerte”.

 

El cajón del sastre

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor

 

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