El cajón de sastreGente PV

La Rana René del otro lado del mundo es Gustavo

Alejandro Aquino

La primera ocasión que disfruté la película Star Wars, Luke Skywalker se llamaba Lucas Trotacielos y su acento era de Albacete, España; en México, R2D2 Y C3PO se castellanizaron Arturito y Citripio. Así nació, desde la niñez, mi rechazo a los cambios de nombre en los personajes fílmicos o de dibujos animados dependiendo del continente.

 

La idiosincrasia de las culturas influyó en las adaptaciones, que buscaban una identificación con los personajes, dependiendo del sitio donde se emitieran. El primer paso fue la traducción literal, ejemplo: Smallville, el terruño terrícola de Supermán, fue Villa Chica; el amor juvenil de Clark Kent, Lina Luna. Llamativo que el filántropo Bruce Wayne, que por las noches se ponía su traje de murciélago, en Latinoamérica se llamara Bruno Díaz, un nombre común, ajeno a su prosapia y su compañero, Robin, Ricardo Tapia.

 

Las infancias de España y Latinoamérica fueron muy distintas al nombrar a sus héroes, excepto si eran de la compañía Hanna Barbera, donde el acento latino se utilizó para ambos continentes; situación que seguramente dejó con muchas incógnitas a los niños de Sevilla al escuchar en, Don Gato y su Pandilla y los Picapiedra, en las voces de los dobladores más exitosos, Jorge Arvizu·”El Tata” y Víctor Alcocer, frases y situaciones culturales muy locales, como que el gato Cucho, fuera Yucateco y el ídolo musical de Pedro Picapiedra se llamara Piedrique Guzmán; otros como Speedy González, sólo sirvieron para aumentar los estereotipos.

 

El resto fue un caos, pondré ejemplos del desconcierto. Mientras aquí los sobrinos del Pato Donald, eran Hugo, Paco y Luís, en España se les conocía como Juanito, Jorgito y Jaimito. Rico McPato era el Tío Gilito, Goofy tuvo el bautizo cómico de Tribilín, casi todos ignoraron que el Pato Lucas era Daffy; la Rana René pasó a ser la Rana Gustavo; Plaza Sésamo, Barrio; Beto y Enrique, Epy y Blas y si nos vamos a tiempos remotos Mickey Mouse fue el ratón Miguelito.

 

Esa misma tendencia le sucedió a los títulos de las películas o series. “El Amo del Calabozo” fue “Calabozos y Mazmorras”; el filme insigne de Julie Andrews “Sound of Music”, aquí se llamó “La Novicia Rebelde” y allá “Sonrisas y Lágrimas”; el clásico de Marylin Monroe “Some like it hot”, tuvo el elegante “Una Eva y dos Adanes”, en Iberia “Con Faldas y a lo loco”; pero no abundaré más, tratándose del Séptimo Arte daría material para muchas paginas, se necesitaría un glosario. Ahora, con la facilidad de la búsqueda en Internet, recomiendo revisar si el doblaje es latino o español para que tus personajes favoritos sean nombrados de manera familiar. Aquí en México la versión española de Dragon Ball, no hubiera pasado la censura, los niños no escaparían al albur fácil con “Las Bolas del Dragón”.

 

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor

 

La idiosincrasia de las culturas influyó en las adaptaciones, que buscaban una identificación con los personajes, dependiendo del sitio donde se emitieran

La idiosincrasia de las culturas influyó en las adaptaciones, que buscaban una identificación con los personajes, dependiendo del sitio donde se emitieran