Vallarta hoy:

Canonicemos a Pedrito

Se cumplen ya 59 años de la muerte de Pedro Infante, a manos de la fatalidad, cayendo del cielo, piloteando su avioneta Cessna, resucitando al tercer estertor, según las escrituras, para entrar a la inmortalidad del olimpo mexicano.

 

En un país de condición devota, adorador de la Guadalupana, la Santa Muerte, la Selección Mexicana y de Santo Malverde, es justo y necesario, nuestro deber y salvación, fomentar el culto a Pedro Infante, antes de que los falsos dioses le conduzcan al ostracismo, ya que no causa el mismo efecto las cientos de repeticiones por televisión de sus películas y el peligro de que su música sea versionada por otros músicos. El culto, además, nos ayudará a competir en la locura, con los argentinos y su Iglesia Maradoniana.

 

La basílica de San Pedro debe estar en Guamuchil o Mazatlán, lugares que siempre se han disputado su nacimiento; el Panteón Jardín de la Ciudad de México contiene el Santo Sepulcro y Mérida, lugar de su calvario deberá contar con una capilla.

 

Los peregrinos llegarán cada 15 de abril, día de su muerte entonando el murmullo de la canción “Qué te ha dado esa mujer”, se formarán para recibir la oblación, que en realidad será un “Pedro Chávez Special”, aquella copa de nieve favorita del actor en dicha película y la misa será ofrecida por un sacerdote carpintero ataviado por una camiseta de rayas, enjuta al cuerpo y sin mangas, que oficiará el culto sobre un banco de carpintería. “Amorcito corazón yo tengo tentación de un beso” y los fieles, en vez de responder con un amén, chiflarán.

 

En la primera lectura, se hablará de la Carta Eufemia; el evangelio relatará la triste historia de Pepe “El toro” que se repuso a la pérdida de su hijo quemado; se hablará de la santísima trinidad, los Tres Huastecos y del culto a la madre, Sara García, para lo cual se canta “Mi Cariñito, ay que dichoso soy, con ella soy feliz”.

 

En el centro del altar, estará la moto con la que Pedro Infante hizo peripecias. Y a los lados hay dos nichos, uno dedicado a La Oveja Negra, el padre redimido que recordará un mandamiento fundamental: “No desearás la mujer de tu hijo”; y el otro, a Santa Chorreada, bajo el lema “Que bonito es el amor de los enamorados”.

 

El Culto no es una locura y sí lo es, no está tan alejado de otros fundamentalismos religiosos donde se gana dinero a costa de los fieles; además, tiene el elemento habitual de un dogma, todavía sigue vigente la creencia que Pedro Infante está vivo.

 

En un país de condición devota, adorador de la Guadalupana, la Santa Muerte, la Selección Mexicana y de Santo Malverde, es justo y necesario, nuestro deber y salvación, fomentar el culto a Pedro Infante

En un país de condición devota, adorador de la Guadalupana, la Santa Muerte, la Selección Mexicana y de Santo Malverde, es justo y necesario, nuestro deber y salvación, fomentar el culto a Pedro Infante

 

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