Vallarta hoy:

El acumulador compulsivo

Hay una singular continuidad entre las personas que son clasificadas como acumuladores compulsivos, y el deseo por acumular bienes en el sistema de consumo en el sistema de economía de mercado. Sobre todo porque la adquisición de mercancías, entendidas como objetos, representan para las personas consumistas la obtención de algo más que solamente el objeto en sí.  Se despliega una especie de goce o disfrute que no solamente la proporciona el artículo, sino los atributos que desde lo imaginario le atribuye el sujeto que consume y sus distribuidores.

 

No podemos generalizar las descripciones de lo que se entiende por una persona considerada como acumulador compulsivo, pero hay algunos aspectos que podemos encontrar comúnmente en los casos difundidos, tanto en la literatura científica como en los programas televisivos.

 

El sujeto con  la compulsión por acumular, usualmente deviene con este cuadro de acciones posterior a una pérdida de un ser importante en su vida, de alguna forma es un acto inconsciente que procura resarcir la falta de ese objeto de amor. Son personas que sufren si alguien quiere arrebatarles o solo sugerirles que se deshagan de los objetos innecesarios coleccionados, la pérdida imaginaria es vivida como una amenaza, incluso es una dificultad que los puede llegar a angustiar al grado de ser intolerantes a perder objetos, no porque éste tenga  algún valor real algunas veces, sino porque al perder el objeto es como si perdiera algo de sí mismo, pareciera que se identifica con el amontonadero de cosas que tiene, como si fueran parte de su cuerpo, aunque estén incluso esos objetos en calidad de basura para las personas que lo rodean.

 

Hay un aspecto incomprensible de entrada sobre esa rara situación, en donde pareciera que la persona que padece este des-orden no tuviera plena conciencia de su estado. Hace caso omiso a las sugerencias y puede sentir hostilidad hacia quien le  recomienda que modifique estas conductas o se deshaga de cosas.

 

Cuando una situación se atiende sólo desde lo visible o tangible, se corre el riesgo de sólo hacer recomendaciones mecánicas y superficiales, es decir exclusivamente conductuales, sin detenerse en reconocer lo que para el sujeto representa esta situación, el deseo que se pone en juego, lo que se busca infructuosamente. En otras palabras, lo que representa simbólicamente para el sujeto, su condición melancólica o depresiva, el sufrimiento que se anida, los temores que lo paralizan, los duelos no concluidos; en lo general la incompetencia para asumir la pérdida y su “necedad” a rellenar un vacío que no puede expresar en palabras y que lo angustia.

 

Básicamente el sufrimiento se desprende del desenfreno que está fuera de su control, que se le escapa y lo mantiene cautivo. Como los sujetos en la sociedad de consumo que viven bajo el bombardeo incesante de un llamado que lo invita a adquirir sin límites, pero presionado también a producir al máximo. El discurso del capitalismo conmina a los sujetos al goce de la posesión, pero mediante la seducción de lo novedoso, al disfrute momentáneo, hasta donde los  recursos lo permitan para garantizar que este sistema se sostenga. La posibilidad del análisis para poder des-anudar este tipo de “síntomas” la encontramos en la creación de oportunidades para que el sujeto hable y pueda transitar del goce de la acumulación al goce de la palabra. Sigue siendo una alternativa la intervención analítica que logra superar la clínica psicológica simplona del conductismo moderno.

 

Demetrio Hernández Llamas

Comentarios a demetriohll@gmail.com

 

El sujeto con  la compulsión por acumular, usualmente deviene con este cuadro de acciones posterior a una pérdida de un ser importante en su vida

El sujeto con la compulsión por acumular, usualmente deviene con este cuadro de acciones posterior a una pérdida de un ser importante en su vida

Search