Vallarta hoy:

Demandar la felicidad

“Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”

Jean Paul Sartre

 

De forma implícita o explícita, los pacientes o analizantes formulan aun sin proponérselo, una  demanda de felicidad a sus psicoterapeutas o analistas, aun cuando ni siquiera se hayan planteado la pregunta de lo que es  la felicidad, ya que siendo una palabra tan llevada y traída en nuestra sociedad, no necesariamente el significado que se le otorga es el mismo para todas las personas.

 

Durante el proceso de análisis, se presenta abiertamente la intensión de buscar ese bien que llamamos la felicidad, como un bien anhelado, imaginariamente perdido quizás. El deseo del analista, no obstante al estar despojado de  idealizaciones, según lo señalo Lacan, favorece su  desmitificación.

 

El analizante acude a una búsqueda de bienestar, de estar mejor, de lograr vivir feliz, sin embargo, no siempre se sabe con claridad lo que se pide con esta solicitud. Por ejemplo, algún analizante puede decir que su máxima felicidad la podrá conseguir cuando llegue a su vida una persona que lo “haga feliz”, por lo tanto, pudiera tratar de suponer que el tratamiento lo preparara para atraer a ese “salvador (a)” de su existencia.

 

Aquí aun cuando la atención está puesta en analizar su situación, la expectativa se coloca afuera, es decir, el proveedor de felicidad es otro, en una estructura de dependencia que por su naturaleza está destinada al fracaso. Es este evento, esta situación, esta persona, que está “fuera”  del sujeto como objeto imaginariamente investido de esta expectativa como objeto de deseo. Pero como podemos apreciar, este esquema nos remite al polo opuesto de la balanza, ya que si el objeto de felicidad está fuera del sujeto, también por ende podría ser  su objeto de infelicidad, es cuando escuchamos a las personas lamentarse cual víctimas de la situación, sustraídos del disfrute de la vida, al menos como convencionalmente lo conocemos. Es esta posición de víctimas donde les es denegada la felicidad por acción de otros.

 

El  análisis frente a la promesa generalizada de las expectativas de bienestar que tanto pregonan los partidos políticos con sus candidatos, por lo menos pone el énfasis en la ilusoria apuesta, justamente por este esquema que la garantiza como insostenible, dado que está depositado en otros el “bien-estar”, pero también sucede igual con la promesa que las religiones ofrecen de una felicidad después de la vida, postergando hasta el extremo la posibilidad de estar feliz,  prevaleciéndose una  forma  de “felicidad” basada en la esperanza.

 

Con el psicoanálisis se ha identificado que las formas de goce son tan diversas y tan originales en cada sujeto, que aun cuando aparentemente vive en desgracias, también hay ganancias secundarias, y es ahí donde la escucha analítica encuentra esas múltiples formas de asumir “la felicidad”. Ésta se busca porque justamente se carece de ella, por su naturaleza inexistente como un estado de disfrute absoluto y  pleno, más cuando se logra un estado de euforia, finalmente es un periodo momentáneo, esporádico, ya que una vez logrado el objeto causante de felicidad  luego va perdiendo su fuerza paulatinamente.

 

La posibilidad para el análisis, es interrogar sobre eso que se entiende en cada caso por felicidad, sus efectos y sus limitantes. Parece que la tendencia  sobrecargada de fantasías habita en los sujetos, producto de la idea social prevaleciente, que es la idea de ser feliz, consistente en tenerlo todo, al menor precio y lo más rápido posible. Sin embargo, al desmantelar estas ideas una posibilidad de estar feliz de manera diferente se estructura, Lacan plantea una especie de criterio para llegar al final del análisis, que es cuando un analizante piensa que está feliz de vivir, pero este es un estado de sentir ya no solo imaginado, asumiendo sus carencias humanas, entendiendo que la felicidad con mayúsculas no existe y solo son posibles pequeñas felicidades que le permiten disfrutar de los trayectos más que los fines en sí.

 

Demetrio Hernández Llamas

Comentarios a demetriohll@gmail.com

 

La felicidad con  mayúsculas no existe y solo son posibles pequeñas felicidades que le permiten disfrutar de los trayectos más que los fines en sí

La felicidad con mayúsculas no existe y solo son posibles pequeñas felicidades que le permiten disfrutar de los trayectos más que los fines en sí

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