Vallarta hoy:

Fuiste tú, sí, tú

Cuántas veces en los ordinarios días no hemos visto que algunas personas, aun cuando realizaron un acto que fue la causa original de un problema, escándalo o una situación penosa, al ser interrogados al respecto, expresan que ellos no fueron los culpables y buscan justificarse inculpando a alguien cerca al gobierno o a quien se pueda, como cuando algún adolescente dice que faltó a la escuela porque no lo levantaron sus padres o el esposo enojado que le reclama a la esposa: “¿porqué  no me levantaste?”.

 

La dificultad para asumir la responsabilidad, entendiéndola como la habilidad de responder apropiadamente de acuerdo a lo esperado, a lo correcto, lo que jurídicamente y moralmente se espera de alguna persona, está asociado fundamentalmente al papel o rol que se asume frente a los otros, que es de ser  dependiente. Es esta una actitud de pasividad, de hijo más que de padre, de empleado más que de empleador, de esclavo más que de amo.

 

La intención usual de tratar de culpar a los otros de sus errores, inconsistencias y hasta sus desgracias, de inmediato se traduce en adoptar un  rol de víctima de la situación, de manera que hay un intento por eludirse y evitar ser sancionados o rechazados, pero sobre todo una artimaña para no enfrentar las consecuencias negativas del error o negligencia cometida. Esto generalmente es identificado como una falta de madurez emocional, y resulta muy incómodo o molesto para quienes interactúan con  alguien que actúa así.

 

Normalmente no llegan al consultorio del analista o del psicólogo personas por esta razón, pero a medida que vamos escuchando su decir, los supuestos que sostienen su forma de entender las situaciones que le acarrean sus sufrimientos, esta dimensión de ser dependiente de algo o alguien estará presente usualmente.

 

La solicitud de un analizante de ser atendido, debe tener en cuenta de entrada siempre la pregunta de quién demanda exactamente el cambio, o al menos el análisis, si son los padres o su pareja, es importante identificar cómo fue y quiénes lo decidieron, que era necesario iniciar un tratamiento, ya que esto permitirá avanzar en el proceso.

 

No es esta una empresa sencilla, no basta con comunicarlo al paciente, de alguna manera ya lo sabe y los que lo rodean también, el trabajo es más bien ir identificando cuáles son las ganancias secundarias de este comportamiento, los temores que se encubren detrás de estos actos, los efectos negativos que este proceder tiene a partir de la propia mirada del analizante. El avance en este aspecto es a menudo el primer paso para poder ir en la dirección de los cambios o de lo que aún se suele llamar la “cura analítica”. Ya no en el sentido de indagar insistentemente en la búsqueda de situaciones traumáticas del pasado, sino construyendo nuevos significados para la vida actual, en la edificación de una subjetividad e interacción con los otros más diversificada y productiva, con mayor libertad y mayor autocontrol de lo que se desea hacer y gozar.

 

A final de cuentas, mediante este trabajo con la palabra, en un dispositivo diseñado para el análisis del sujeto se sigue persiguiendo que éste, mediante su propio saber y la intervención del analista, vaya tejiéndose una diferente y más compleja mirada acerca de sí mismo y de su entorno social.

 

Demetrio Hernández Llamas

Comentarios a demetriohll@gmail.com

 

La intención usual de tratar de culpar a los otros de sus errores, inconsistencias y hasta sus desgracias, de inmediato se traduce en adoptar un  rol de víctima de la situación

La intención usual de tratar de culpar a los otros de sus errores, inconsistencias y hasta sus desgracias, de inmediato se traduce en adoptar un rol de víctima de la situación

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