El cajón de sastreGente PV

Al maestro con cariño

El cajón del sastre

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor

No existe una profesión tan vinculada a la sociedad y la cultura como la de profesor. El maestro es sinónimo de sabiduría, consejo, guía y futuro, y cumple cabalmente con el principio de que si algo se aprende se debe compartir. Quienes se dedican a esta carrera se caracterizan por su tenacidad, paciencia y amor, sólo así se explica que día a día lleguen al salón de clases con el mismo ahínco a sabiendas que habitualmente el salario no es proporcional al conocimiento.

 

En México, lamentablemente es una profesión muy denigrada por los medios, la sociedad y los líderes políticos. No son vistos con los mismos ojos que en otros países donde valoran mejor las profesiones de profesor y policía como los ejes principales de la sociedad. Aquí, los maestros cuentan con pésimas condiciones laborales y el mundo práctico en el que vivimos hace que los alumnos infravaloren el papel de la docencia, para ellos el profesor es un profesionista venido a menos. Cuántas ocasiones, cuando el ex alumno se encuentra a su profesor en la calle, en vez de saludarlo con gratitud le pregunta. ¿Profe, todavía sigue dando clases?

 

Por otro lado, poco ayudan las políticas pedagógicas que privilegian el papel sobre el conocimiento, como las secundarias y bachilleratos semiescolarizados, universidades piratas que sólo sirven para elevar en estadísticas amañadas el índice educativo; por consecuencia, se fomenta el analfabetismo funcional. En esas escuelas el profesor es menos que un carcelero, que ve cómo día a día, los alumnos salen al mundo laboral con poco conocimiento. Para esas instituciones improvisadas el maestro es un proveedor que debe satisfacer a su cliente. 

 

Existen maestros sindicalistas, aviadores, descendientes de la estirpe Elba Esther Gordillo. Asoleados en marchas que no logran traerles mejores ingresos; que enseñan cómo incendiar autobuses, gasolineras y tomar calles.

 

Existen maestros enfrascados en el “Positivismo” de Augusto Comte, que se resisten a actualizarse y hacen de la clase un ritual infinitamente repetido, con libros en mano y cero explicaciones.

 

Existen maestros jóvenes, que tratan a los alumnos como si fueran colegas y por su falta de experiencia acaban perdiendo el control del salón.

 

Pero también existe la contraparte. La docencia que se resiste a morir, que se lleva el trabajo a casa y antes de dormir prepara su clase, horas de trabajo jamás remuneradas. Seres entrañables, que serán referencia el resto de nuestros días.  El maestro tendrá que reinventarse, adaptarse a las tecnologías, sin olvidar que un libro jamás será superado, construir edificios más altos, pero con cimientos más fuertes y romper el estereotipo actual, fomentado muchas veces por el cine y la televisión.

 

Los tiempos han cambiado y ya no hay lugar para un profesor decimonónico como José Elías Moreno en “Simitrio”, ejemplo de que la letra con sangre entra; “El Profe” de Cantinflas, el docente chusco, creador de monólogos en clase; o “El Profesor Jirafales”, retrato de la falta de autoridad que conlleva poco respeto por el alumnado.

 

Mis mejores maestros fueron una extensión de la familia, un libro abierto, un consejo oportuno. Me quedo con la imagen, que en el cine retrató mejor la obstinación de un docente. “To Sir With Love”, conocida en Hispanoamérica como “Al maestro con cariño” protagonizada por Sidney Poitier.

 

Me quedo con la imagen, que en el cine retrató mejor la obstinación de un docente. “To Sir With Love”, conocida en Hispanoamérica como “Al maestro con cariño” protagonizada por Sidney Poitier

Me quedo con la imagen, que en el cine retrató mejor la obstinación de un docente. “To Sir With Love”, conocida en Hispanoamérica como “Al maestro con cariño” protagonizada por Sidney Poitier