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Es la corrupción

Venimos coexistiendo con la corrupción en tantos momentos, que a veces ya ni nos damos cuenta que está ocurriendo, pero algún evento, un señalamiento o una experiencia de vida, sobre todo de otra cultura o país, nos hace caer en cuenta sobre este fenómeno. Por ejemplo, Diana una alumna mexicana, fue enviada por sus padres a realizar un ciclo escolar del nivel de secundaria a Montreal, durante ese periodo en una ocasión fue citada su Tía, que era su tutora, por el personal de la escuela debido a que en un comentario de Facebook dicha niña en respuesta a un mensaje que un compañero de clases publicó, decía que tenía dificultades para comprender ciertos problemas matemáticos, ésta respondió diciendo que con gusto le ayudaría pero a cambio él niño debía comprarle  un helado.

 

La maestra de grupo le expuso a su tía, ya durante la reunión, que dicha conducta era inadmisible y que era una acción que solo podía tipificarse como de corrupción, y que  de seguir ocurriendo afectaría el desarrollo moral de los niños, esto significaba que desde el inicio de la formación se tomaban precauciones ante esta posible denigración  humana y social. La tía, también mexicana por cierto, de entrada le pareció excesiva la medida y la razón del citatorio, pero cuando le explicaron y le argumentaron los factores y las posibles consecuencias que esta situación pudiera tener para  la vida adulta futura, ello motivó en ella una significativa reflexión al respecto, y a partir de ese momento se tomaron precauciones para que este tipo de eventos no se repitiera dándole seguimiento posterior.

 

Esta historia contrastaba notoriamente con aquella donde, una señora  le platicaba a su vecina ya en territorio nacional, con orgullo y satisfacción, que su hija había salido muy buena para las matemáticas al grado que sus compañeros le pagaban por ayudarles, a veces hasta  hacerles los trabajos escolares, y que por esa razón le había salido muy lista su hija, que en ese entonces cursaba la secundaria.

 

Las historias nos reflejan un ruidoso contraste en las formas no solo de abordar las situaciones con los niños en su proceso formativo, sino además en la ausencia de criterios para entender las implicaciones en el segundo de los casos. Quizás no deberíamos olvidar la recomendación que Denisse Dresser sugería, al tomar como ejemplo cuando en la casa de campaña de Bill Clinton estaba un letrero que decía “es la economía estúpido”, a efecto de recordar la prioridad por atender en los discursos y en las acciones de gobierno, que en la oficina de la Presidencia de la Republica de nuestro país se instalara similar letrero pero que dijera “es la corrupción estúpido”, pero este letrero tal vez debiera estar en los espacios de los encargados, en los  hogares y las escuelas, de la formación de los ciudadanos del futuro, ya que  es tan frecuente nuestro olvido al respecto.

 

Demetrio Hernández Llamas

Comentarios en demetriohll@gmail.com

Venimos coexistiendo con la corrupción en tantos momentos, que a veces ya ni nos damos cuenta que está ocurriendo

Venimos coexistiendo con la corrupción en tantos momentos, que a veces ya ni nos damos cuenta que está ocurriendo