El GritoGente PV

Falacias de la Independencia y la Revolución

Daniel Jiménez Carranza

 

Nuestro país ha representado un baluarte del saqueo y explotación desde siempre, para propios y extraños; en la colonia, arribaban familias enteras de España, que venían a explotar los vastos recursos del país para remitirlos a su país de origen, a ellos pertenecían los puestos relevantes en la administración virreinal, las grandes haciendas en donde mantenían a los indígenas en las “encomiendas”, a su servicio; las posiciones relevantes del clero, igualmente eran ocupadas por peninsulares ibéricos con lo que el país simplemente se mantenía avasallado por el poder imperialista.

 

La Guerra de Independencia no fue un movimiento popular (considerando que la mayor parte de la población era la nativa indígena), sino que fue  coyuntural por la invasión napoleónica a España, lo que propició la desobediencia inicial de la colonia en tanto no fuera restituido el monarca español, cuyo vacío de poder propició el levantamiento de los criollos en la colonia para reivindicar sus derechos sobre el estamento existente en ese tiempo.

 

Así que los héroes de la Independencia en nuestro país, no fueron necesariamente los adalides de la lucha social por la independencia, libertad e igualdad del pueblo, sino que eran simplemente artífices de su tiempo y circunstancia que les orilló a luchar por obtener  los beneficios que el régimen monárquico ibero les había negado, en favor  de los peninsulares. El pueblo de México nunca fue considerado en la reivindicación de su derecho natural a gobernarse a sí mismos, administrar y explotar sus recursos, no, sólo fue utilizado en las revueltas, en las rapiñas  y como carne de cañón.

 

Posteriormente, nos gobernó una dictadura, que igualmente, mantenía a la población nativa sojuzgada y explotada, sin posibilidad de acceso a la educación, a la elevación de su nivel de vida, todo lo contrario, los beneficios de la naciente infraestructura en el país, fue para beneficiar a los comerciantes, industriales, capital extranjero que se empezaba a afincar en el país.  El pastor de Guelatao, fue la luminosa excepción de este avasallado dominio, que fue como un trueno de luz, que catapultó al país hacia la laicidad, que en el presente, ha quedado en papel mojado. Es verdaderamente doloroso ver cómo es que los políticos actuales desechan los grandes logros que han costado sangre y sufrimiento al país, a cambio de allegarse cualquier tipo de apoyo para mantenerse en el poder, sin importar el precio a cambio.

 

En la época postrevolucionaria, entramos en el túnel de la consolidación del país como nación, en donde se hicieron realidad algunos de los principios de justicia, como el reparto de tierras, nacimiento de partidos, democracia, que desafortunadamente fue capitalizada por el partido que nos ha gobernado durante 7 décadas, con una lamentable interrupción de dos pan-sexenios que sólo sirvieron para continuar los vicios de la clase gobernante, con diferentes siglas y colores, y propiciar una coalición de partidos que nos gobierna, liderada por el mismo partido de la “familia revolucionaria” .

 

Dentro de todo este proceso, la población nativa y trabajadora, ha permanecido exactamente en las mismas condiciones de explotación y de miseria, marginados de todo tipo de beneficios y de evolución, se les niega el acceso a la educación en zonas rurales, donde escuelas normales como la de Raúl Isidro Burgos  (Ayotzinapa),  fieles protagonistas de la marginación y la persecución de las autoridades para eliminarlas, porque son este tipo de instituciones las que pueden sembrar la semilla de la inconformidad en sus zonas de influencia, el desarrollo del país, continúa sobre los hombros de la clase trabajadora, a la cual se ha confinado a soportar jornadas laborales con los salarios más exiguos que se conocen en la actualidad, continuamos siendo los peones de los grandes capitales, tanto nacionales como extranjeros sin posibilidad alguna de reivindicación próxima.

Nuestro país ha representado un baluarte del saqueo y explotación desde siempre, para propios y extraños

Nuestro país ha representado un baluarte del saqueo y explotación desde siempre, para propios y extraños