Vallarta hoy:

Oportunidad de cambio

Daniel Jiménez Carranza

En los tiempos actuales, la Democracia sin duda, ha sido el  sistema político que mejor se adapta a los preceptos de igualdad y libertad, habiendo quedado atrás sistemas de gobierno como la monarquía que prevalecieron durante mucho tiempo particularmente en los inicios de la estructuración política en la Europa medieval, y aunque en la actualidad aún existen reinados en Europa, éstos se encuentran bastante limitados en sus funciones, ya no representan el absolutismo del que fueron protagonistas en la Edad Media.

 

A pesar de que la Democracia es un sistema político que implica características de  preceptos igualitarios y participativos, también engendra en muchos casos una simulación hacia esa apertura y participación, que propician la permanencia de gobernantes o grupos gobernantes en el poder por décadas, como ejemplo, tenemos a Venezuela, Turquía, y tantos otros países en todos los continentes. En México, nuestra Constitución ha previsto esta desviación del concepto democrático, a través de la no reelección, sin embargo, el devenir de los hechos, ha propiciado el ejercicio de poder hegemónico en un partido gobernante durante  décadas. Ello desde luego, ocurre como resultado de las características históricas, económicas, sociales e idiosincráticas del pueblo mexicano ocurridas a partir de la conquista y posterior movimiento que propició la independencia hacia la metrópoli ibérica.

 

Dichas características han sido aprovechadas sustancialmente por el partido septuagenario, que con la breve interrupción de dos sexenios gobernados por el partido de oposición, aprendió  que para mantener el poder, hay que compartirlo, y esto es lo que ha hecho en el actual sexenio después de su descalabro, logrando con ello establecer una auténtica hegemonía del poder, integrando a sus filas a sus adversarios, creando con ello, auténticos cotos de poder en cada partido, oligarcas que detentan los mandos en sus respectivas huestes, bloqueando con ello, la renovación de sus ideales como partido, y no se diga de la filosofía como partido, la cual se ha quedado en el baúl de los objetos olvidados, así podemos ver alianzas entre opuestos, o constitución de partidos satélites.

 

A pesar de todas estas inconveniencias, la Democracia continúa considerando al pueblo como el titular del poder político de su gobierno, y ello, representa verdaderamente el único elemento que nos permitirá cambiar las cosas a través de la vía institucional, y para terminar con los abusos del poder es necesario que nuestro sistema democrático, se abra en mayor medida a la participación ciudadana mediante Referéndum, Plebiscitos, Revocación de Mandato, sobre las decisiones neurálgicas para el país que en la actualidad son tomadas por ineptos, abusivos gobernantes que no tienen un pizco de nacionalismo ni mucho menos solidaridad con el pueblo e identificación con los ideales de justicia, equidad y libertad.

 

A pesar de que la Democracia es un sistema político que implica características de  preceptos igualitarios y participativos, también engendra en muchos casos una simulación hacia esa apertura y participación

A pesar de que la Democracia es un sistema político que implica características de preceptos igualitarios y participativos, también engendra en muchos casos una simulación hacia esa apertura y participación

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