A qué le teme el “Cepillo” para demostrar que está contra la impunidad

Por Juan Antonio Llanes

 

Hola. Caramba qué contrariedad, para aquellos ciudadanos que creyeron, ilusos, -al igual que el “masiosare”-, que el alcalde Arturo Dávalos impulsaría un gobierno sin compromisos y que priorizando los intereses de los habitantes antes que los compromisos afectivos o partidistas, actuaría contra aquellos signos de impunidad que lastiman y han lastimado a los ciudadanos.

Se habló, se dijo, se rumoró, que durante la administración pasada, sí, la del ahora diputado Ramón Guerrero, se había incurrido en actos criticables tanto en el manejo del recurso financiero, como el manejo discrecional de las adjudicaciones de obras y servicios, y cuando se pensaba que el arribo a la alcaldía del llamado “Cepillo” Dávalos abriría las esperanzas de que, por fin,  tantos comentarios negativos se cimentaran o se echaran para abajo, pues no, por lo que se estamos observando, es más importante la protección a su ex jefe o la precaución de acotar o atenuar las sospechas de malos manejos de su antecesor.

Ya ven, todos esperábamos, que por fin, se viera algo, “alguito”, de transparencia en el gobierno de la ciudad, empezando por clarificar las dudas del protocolo de entrega-recepción, y nada.

Ahora, tal vez convencieron a la mayoría de los regidores, -principalmente a Andrés González Palomera que solicitó se integrara una comisión al respecto-, con la defensa que hizo el secretario General del Ayuntamiento, Víctor Manuel Bernal, pretendiendo “planchar” que  el fallido sistema de riego que se contrató en el 2014 y que solo funcionó, una parte del compromiso, requiere para ponerlo en funciones, solamente, una inversión aproximada de 15 millones de pesos para que el tramo en donde se “colocó”,  el sistema, en la avenida Francisco Medina Ascencio -del crucero de Las Juntas a la entrada del centro urbano, opere con la capacidad y suficiencia como lo requiere una ciudad como Puerto Vallarta. O sea, lo hecho, de nadie sirvió, pero se gastó en ello.

Ineficiencia es corrupción. Y qué bueno que el regidor Juan José Cuevas insista en que el asunto no “se enfríe”, como lo pretende el gobierno de la ciudad. Lo dijo, y es cierto, que es lamentable que quienes incurrieron en irregularidades, no importa que solo se hayan pagado 5.3 millones de pesos por esos dos tramos, que se recibieron, operaron unos meses y ahora no sirven, bueno, siempre y cuando se le gasten unos milloncitos de pesos para rehabilitarlo, no reciban los que se merecen. No es dinero privado, es dinero público y eso, bien lo expresa el panista, es un fraude a los ciudadanos que merece otro tipo de respuestas. Y no se vale que diga que solo se pagó esa cantidad porque el restante de los 10.5 millones de pesos que su suponía costaría todo el proyecto, no se pagaron, pero cómo? Si los dos  tramos faltantes no se concluyeron, solo eso faltaría.

Se dio un anticipo del 25 por ciento para el inicio de las 4 asignaciones de obra, se firmaron contratos, y ahora le salen a los ciudadanos que el  proyecto por el que se decidió en aquel momento no era el adecuado

Allá en Guadalajara, el alcalde Enrique Alfaro, también de Movimiento Ciudadano como aquí Arturo Dávalos, ya presentó denuncias al por mayor contra funcionarios de la administración anterior que dice, incurrieron en irregularidades. ¿Será que allá la administración antecesora era priista y aquí fue naranja como el color del M.C.?

A que le teme el alcalde para llamar a cuenta a funcionarios del gobierno anterior, ¿será porque una buena parte de ellos están en su nómina, entre ellos, el contralor, el Secretario General, algún asesor y funcionarios?

La ineficiencia, el despilfarro de los dineros públicos en un Ayuntamiento que sufría, sufre y así hasta el infinito, no deben quedar impunes y menos que sea una práctica que pueda emularse.

A lo mejor, Arturo Dávalos es de aquellos funcionarios que no les gusta nadar contra la corriente y prefieren llevar “un paso que dure y no un trote que canse”, sin “broncas” con nadie y menos con quien fue su jefe.

Solo que Puerto Vallarta no quiere que se repita lo vivido en trienios anteriores, desde Gustavo González, pasando por Salvador González Reséndiz y Javier Bravo, algunos más que otros, fueron omisos con combatir la corrupción y la ineficiencia que les fueron dejando, y si el alcalde decidió, con consultas a donde tiene que hacerlas, dejar que pase el tiempo para que la ciudadanía, y los regidores no lo cuestionen, que los temas escabrosos heredados sean mandados directos a la carpeta de archivo muerto, es su decisión y que espere sentado a ver si los beneficiados de su benevolencia no le sean ingratos y por lo menos le den las gracias por la generosidad.

 

NOTAS DE “BOTEPRONTO”

 

—Se equivocan los panistas con la lectura que le dan a la pasada elección electoral, ni se dejen llevar por los paroxismos de los triunfos como lo hace el ex candidato presidencial Santiago Creel y suscrito por el presidente del CEN, Ricardo Anaya. No ganaron ni el PAN ni su contraparte ideológica, el PRD. Simplemente los votantes optaron por darle su sufragio a un partido diferente al PRI. Ahora con un panismo con olor a perredismo, o viceversa, un gran sector albiazul definirá si apoya las decisiones con su principal antagonista ideológico o les da, así de fácil, las espaldas.

 

—Pues no les queda otra, y más les valiera que tomasen el ejemplo los taxistas del municipio. Ayer se implementó una modalidad de taxis con un cobro máximo de 50 pesos por servicio por el rumbo del periférico. Bienvenida la competencia. Aquí en el puerto, los señores taxistas no tienen freno. Hasta cuando les pondrán los taxímetros. Servicio caro y malo. Ah pueblo, que aguantador

 

—La verdad, sobran adjetivos para referirse a la masacre perpetrada el pasado domingo por la madrugada allá el Orlando, Florida, en un bar gay donde un homofóbico criminal, o terrorista, dio muerte a 50 asistentes y dejando heridos a un número similar. Aterrador, lamentable, atroz, incalificable acto, que exhibe el nivel de decadencia de una sociedad que no se atreve a prohibir la venta indiscriminada de armas y la proliferación de actos aberrantes contra indefensas personas, colegios, iglesias, plazas comerciales.  Llámenles como quieran, desequilibrados, paranoicos, sicópatas, fanáticos, sectarios, refractarios, pero lo cierto es que crece el número de estos eventos en el vecino país y no se ve como las autoridades podrán parar esta ola de asesinatos a mansalva.

Nos vamos. Sonrían y sean felices, inténtenlo, se vale.