Vallarta hoy:

Antes de que nos olviden haremos conciertos

De las cosas que hay esperar sentado por su tardanza o porque simplemente no llegarán, está el nuevo disco de Caifanes. Seis años después de su reunión y un sinfín de conciertos de una gira que ni siquiera es la del “adiós”, simplemente un tour recaudatorio, observamos que nadaron al fin de siglo en su pecera, la creatividad agarró la escoba y voló lejos. Realizan presentaciones apelando ser amarrados por el viento. Tiempo, detente muchos años.

 

Cuando veo a través del vaso, veo a través del tiempo. Dos décadas han pasado desde que los Caifanes se convirtieran en algo más que una película, y con el título de otro filme antiguo como primer sencillo “Mátenme porque me muero”, asaltaron las ondas hertzianas marcando distancia con los grupos exportados de España y Argentina.

 

Cierto que vestían como The Cure y en su primera producción, por los efectos de guitarra y la batería eléctrica, sonaban anglosajones; pero en la esencia eran un producto nacional conformado por el experimentado Sabo Romo en el bajo, que ya había hecho carrera en el grupo Taxi; Diego Herrera en los teclados; Alfonso André en la batería (Actor efímero del cine mexicano, ver “Crónica de Familia” de 1986, con Claudia Ramírez); y el poeta maldito de la colonia Guerrero, Saúl Hernández, que por aquellos tiempos vivía deprimido, no lo dejaban tocar, “Sólo sus uñas lo podían acariciar”.

 

El grupo adquirió una mística inmediata. Inolvidable su bautizo de fuego en la televisión nocturna, en aquel desvelado programa de Verónica Castro. La Rosa Salvaje no tardó en darles consejos de estética y que ya no dijeran tantas frases depresivas en sus canciones. Luego vino un movimiento de mercadotecnia desconcertante: “La Negra Tomasa”, el último disco sencillo exitoso en México.

 

“El diablito”, “El silencio” y “El nervio del volcán” fueron los siguientes trabajos que les dotaron de un repertorio envidiable, y por la ausencia de más discos prácticamente todas las canciones incluidas en ellos son éxitos repetitivos de la nostalgia. En esa tercia destacaron los arreglos del guitarrista argentino Alejandro Marcovich, ex compañero de Saúl y Alfonso en el grupo seminal “Insólitas imágenes de Aurora”. Se incorporó de lleno a Caifanes y cuando el grupo alcanzó la cima la célula explotó en 1995. Los egos convirtieron al grupo en Jaguares, una franquicia donde Saúl Hernández continuó sin el mismo éxito.

 

Antes de que los olviden decidieron hacer las paces en 2011; pero sólo Saúl Hernández y Alejandro Marcovich saben por qué se quieren y odian tanto. En pleno frenesí del reencuentro el argentino fue defenestrado por segunda ocasión de Caifanes cerrando la posibilidad de un disco nuevo con todos sus elementos. Quizá por eso las musas no llegan, porque saben que la discografía anterior es insuperable. Mientras tanto, sonará por enésima ocasión en el escenario la voz de Saúl diciendo: bienvenidos raza, este es tu concierto, tu ritual. Y hasta ahí.

El cajón del Sastre

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor

 

 

De las cosas que hay esperar sentado por su tardanza o porque simplemente no llegarán, está el nuevo disco de Caifanes

De las cosas que hay esperar sentado por su tardanza o porque simplemente no llegarán, está el nuevo disco de Caifanes

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