Vallarta hoy:

Los tiempos cambian

Daniel Jiménez Carranza

Lo acontecido el fin de semana, raya en lo inaudito, lo inadmisible y lo reprobable en un país con un sistema democrático como el nuestro, en donde se hace alarde de la contienda partidista de las pasadas jornadas electorales, y que en la calle, quedan al desnudo los métodos represores del Estado en contra de la población civil que manifiesta su descontento, sean cuales fueren las causas o razones de este descontento, que ya lleva meses sin ser escuchado, sin ser resuelto.

 

En ningún país del mundo que se precie  de ser democrático, pueden aceptarse este tipo de métodos para resolver los conflictos que plantea la población; el estado, no puede ser el verdugo sordo de sus reclamos; es inaudito que mediante la represión, se apresten a resolver las rebeliones en contra de las decisiones tomadas por el ejecutivo, que no necesariamente habrían de ser acertadas cuando existe un numeroso grupo afectado, el que continúa reclamando.

 

Es momento en que se erradiquen de nuestra cultura política las formas autoritarias del poder en la solución de los conflictos, porque el Estado tiene obligación de prestar atención a las manifestaciones de descontento que afectan a un sector del país, particularmente cuando estas manifestaciones inciden en la vida de otros grupos sociales.

 

En consecuencia, tendrían que tomarse decisiones drásticas con los titulares de las instituciones encargadas del manejo político de este conflicto (Gobernación), y la que ha aplicado dichas medidas, (SEP), que no han sabido aportar a este conflicto una salida airosa para ambas partes, poniendo en evidencia  la incapacidad de sus titulares en el manejo y la solución de este tipo de conflictos, ahora con muertes sumadas.

 

Otro de los elementos reprobables, es que se permita a la policía antimotines el uso de armamento para controlar, desactivar dichas manifestaciones y bloqueos carreteros. El mando que ha ordenado estas acciones, debe ser no sólo cesado sino enjuiciado penalmente por homicidio, es inadmisible que se mate a alguien por reclamar algo, y es igualmente inadmisible que el gobierno se sirva de halcones para acallar un reclamo social, vivimos en otra era, en donde los gobernantes deben entender que su tarea es de servicio a la comunidad, cuando no lo hacen, entonces están en el lugar equivocado.

 

Nos estamos acercando cada vez más a exigir el cumplimiento de nuestros reclamos a los gobernantes; las pasadas elecciones, han sido sólo una mínima muestra de  haber demostrado nuestra inconformidad, sin embargo, no suficiente, debemos reforzar las medidas sancionadoras en el caso del abuso del poder, enriquecimiento ilícito, corrupción e ineptitud en el desarrollo de sus responsabilidades de nuestros políticos, de nada sirven las disposiciones administrativas sin que exista una sanción por su incumplimiento.

 

Recurriremos a  un simple ejemplo, citaremos el del conductor que se pase un alto cuyo incumplimiento no considera el pago de una multa, y quien continuará haciéndolo otras tantas veces porque no existe una sanción que castigue su conducta, lo mismo sucede con el  movimiento e instituciones anticorrupción que el propio gobierno ha creado.

 

Es momento en que la sociedad civil comience a ejercer su poder hacia los políticos, pues ya nos ha quedado claro que el Congreso y el poder Ejecutivo, no tienen la capacidad de ir en contra de su pellejo, por lo que nosotros como sociedad debemos tomar la iniciativa para exigir se legisle y castigue a los responsables del desfalco de nuestra riqueza nacional y del autoritarismo despótico, propio de los tiempos donde el pueblo era la servidumbre contribuyente de los excesos de las élites clericales, capitalistas y gobernantes, sí, los tiempos cambian y ¡debemos apoyar ese cambio!

 

Es momento en que la sociedad civil comience a ejercer su poder hacia los políticos, pues ya nos ha quedado claro que el Congreso y el poder Ejecutivo, no tienen la capacidad de ir en contra de su pellejo

Es momento en que la sociedad civil comience a ejercer su poder hacia los políticos, pues ya nos ha quedado claro que el Congreso y el poder Ejecutivo, no tienen la capacidad de ir en contra de su pellejo

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