Un “Chapo” en cada hijo te dio.

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

 

Ya estamos hasta el gorro de las noticias del dizque “crimen organizado”, de los cárteles de los narcos, de que ya agarraron al “Chapo”, de que ya se peló Caro, fulano, mengano, perengano y, ahora, lo que hacía falta; de un camarada que lo han convertido en un súper héroe de las masas que ya hasta los chiquillos lo quieren imitar.

Es un fantasma apodado “El Chapo” que ha obtenido el estrellato y la fama mundial gracias a la prensa que a diario maneja el gobierno. Es algo así como el yetti o abominable hombre de las nieves que muchos juran haberlo visto pero nunca se ha confirmado su existencia.

Si en realidad existe tal personaje éste deberá estar profundamente agradecido a las gestiones y oficios gubernamentales que a diario pronuncian su apodo como si fuese algo así como la democracia, el federalismo, la República, el bienestar común, el estado de derecho o el pueblo.

Ya desbancó al hombre cuyo nombre es el, diariamente, más pronunciado: Poncio Pilato. Es el hombre con cuya imagen han metido más gente al bote pues basta con que salgas a un lado de él en una foto o en una película para que te metan de por vida a la chirona acusado de mil delitos que ni Dios podrá salvarte. Cuídate de un fotomontaje o algo por el estilo porque ya te cargó el diablo. Estar a un lado de ese amigo significa tu sentencia de muerte. Aunque no la debas. Todos los males de México se deben al Chapo. Que no mamen.

Pero lo peor de todo es que, por culpa de la miseria en que vivimos los mexicanos, se da el narcotráfico. Y esa indigencia es causada por las malas políticas de los gobernantes y por sus malversaciones del dinero público, pues están peor que la lotería, cada trienio o sexenio salen archimillonarios a costa de un pueblo enflaquecido y lleno de pulgas como un perro.

Aunque no se justifica, pero los ciudadanos se convierten en narcos para salir del infortunio económico, para poder mantener a sus familias. Porque no tienen oportunidades de trabajo lícito, porque no tienen acceso pleno a la justicia, a la educación, a la vivienda, a la salud, al vestido y a la alimentación. Esto quiere decir que una buena parte de causa del narco es el propio gobierno que no ha garantizado a sus gobernados un bienestar económico.

Mientras los grandes empresarios y los encumbrados políticos beben champaña con teiboleras al son de suaves melodías internacionales y en lujosas mansiones, la perrada del pueblo se empeda con pura caguama en las cantinillas que apestan a orines y bailan con pirujillas al son de las canciones de Chalino Sánchez y luego los agarra la cuica por escandalosos, ebrios y faltas a la autoridá. Se pasan de raya.

Y que no salgan los mochos, los hombres de bien y, sobre todo, los mamones, con que “empedarse” es una mala palabra, que es lenguaje inelegante, porque entonces tendrían que irse de México para irse a un lugar nais como Oxford. Bola de puritanos que les causa asco el pueblo mexicano, ese pueblo mal hablado y prosaico al cual, se les olvida, que pertenecen.

Por eso en cada mexicano hay un Chapo. Porque el Chapo representa al verdadero mexicano: jodido y mariguanero. De esos abundan, pero al menos se la juegan para sacar dinero y no como otros que, sin ningún riesgo y sin maltratarse las uñas, pizcan millonadas en la bolsa de valores, en las campañas políticas o en las obras públicas.

Pero, como ya lo estamos casi profetizando, el chapo será el próximo embajador ante la ONU. A la mejor ese es el bueno para calmar los guamazos entre los hebreos y los de Gaza y para poner en su lugar a los gringos que nos quieren bombardear.

Casi, casi el Chapo para presidente. En serio que se llevaría de calle al Peje y a la Zavala. Una llamada de atención a los partidos políticos para que dirijan sus miradas a tan afamado, democrático y popular personaje.

Todos llevamos adentro un chapo. Por eso, un Chapo en cada hijo te dio.