Se acabó el “Informe”.

Por Gregorio González Cabral

 

El 1  de septiembre dejará  de ser  “El Día del Presidente”.

En buena hora.

Y  no  es  gracias a  algún descubrimiento  de  Carmen Aréstegui  respecto  a que  a Peña  Nieto le  escriben los “informes”.  Nada  de eso.  Resulta que  es  mucha  bronca,  mucho  riesgo,  mucho  perder  y hacer perder el tiempo,  para  nada.  Porque  los  “informes” ante los  diputados  se  agotaron desde  que Miguel de la Madrid  mandó  a  Porfirio e  Ifigenia   a que lo interpelaran,  para  ver  si podían  meterle  algo  de  atractivo  televisivo a la farsa anual.

Y luego  los “mensajes”, ante   los ricos  del país,  también perdieron sentido    ahora  que  Los Pinos  está  en pleito con  todos   y   con  nadie  queda  bien.  Ni modo que invite a  aplaudirle  a Slim.

Por eso  ya,  esta  vez: ni “informe  que no era informe”, ni “mensaje”.

Ahora ensayarán  un show. Llenarán el patio  de  muchachas y  muchachos, con preguntas preparadas  -y  no por Carmen Arestegui-  para que Peña  Nieto   les   responda  “espontáneamente”   y  por los menos  los papás  de los  muchachos   oigan, por fin, lo que Peña  Nieto tiene que decir en su  defensa.

¿Le dejarán lucirse fácil? Lo  dudamos.  De  por  si  entre   muchachos  en bola  no  falta  la  aventada o  el   valiente   que  no deje pasar la oportunidad  de lucirse, como si estuviera  en la Ibero aguantando a uno de la Panamericana.  Sobre todo cuando saben que  cualquier cosa contra Peña  Nieto  es  momento  de gloria  internacional asegurado.

Por  lo tanto, más les vale tener  transmisión  tipo  “Chivas TV”   para  en los  ratos  conflictivos  borrar la señal  y  que  aparezca sólo  una silla  vacía, como  en editorial  silencioso   inspirado por  los  fregados   de  Oaxaca y Guerrero   tan afectados por la  ausencia  de poder  legítimo. La  televisión  patito   de  Vergara  bien les puede prestar  un rato   su imagen favorita, por  la que cobra como si  fuera concierto  de  El Potrillo Encuerado:  la  silla sin nadie   que debe  ser la  de los entrenadores corridos.

Conste que  desde  esta  columna, hace  más  de veinte y  cinco  años, estuvimos proponiendo   quitarle  a nuestro  país  el  gasto  y  la burla    de los “informes”.  Con la ley en mano  les aclaramos  que  Presidente   o Gobernador  nada  más  tenían  obligación  de mandarles  a  sus diputados, un  texto donde  les  dijeran cómo estaba  la administración pública, para que éstos  -quienes supieran leer-  se enteraran  en caso de importarles.

Esa  es toda la obligación legal.  Lo demás: Que el “mensaje  a la nación”,  que la  marcha triunfal  al  recinto legislativo,  que   “la  contestación  al informe”,  que  “el  besamanos”, que  el  banquete  vespertino  y el  tremendo cohete,  ya  fueron  añadidos   de los políticos  cursis   que  no pueden vivir sin el calor del engaño  y   el enervarte  de la hipocresía.

Fuimos  motivo  de escándalo  con  nuestra sensata  propuesta.

Igual nos reímos de la puesta en escena   de “la iterpelada”, con  Miguel  de la Madrid  haciendo  tremenda pausa,  esperando  a que Porfirio  dejara  de temblar  y lo “interpelara”, ante el asombro y   espanto  de los lambiscones que ni entendían   de qué  se trataba  esa desacralización, inspirada  por “las condiciones  globales”.

Nos tocó vivir  para  ver desaparecer, por lo menos, esa vergüenza  nacional de los “informes”, la  borregada,   la  indignidad  de  la  “clase dirigente” aguantando  el  entumecer  de las nalgas   y aplaudiendo  con sonrisa  hipócrita  mentira   tras  mentira  y hasta las  mentadas   de los presidentes  majaderos y arrogantes. ¿O  qué  ya olvidaron cuándo ovacionaron de pie   una devaluación del peso?

¿Informes? ¿Qué informan?   ¿Mensaje? Para eso hay twitter.

Vamos  a ver si ahora  no  le  salen  a  Peña  Nieto con  la pregunta  de los tres libros  que más han influido en su vida o sobre “lo  de Atenco”.

Total, lo siempre propuesto: ¿No pueden mandar el “informe” por “Estafeta” y dejar a la gente trabajar y “textear”…  o buscar  pokemones, sin interrupciones odiosas?