Entre la triste y ridícula realidad.

Por Humberto Aguilar

Si esto fuera una telenovela se entiende, allí pasa de todo: el guión, el apuntador con el final previamente escrito. Se da la realidad programada de antemano por el escritor.

En esta historia, todo culmina con una sonrisa y una expresión muy a la Cuauhtémoc Blanco: “Ya me los chingué”… Entre aplausos y gritos de sus seguidores, conoció la noticia de que había ganado las elecciones con su victoria para ser oficialmente presidente municipal de Cuernavaca, Morelos.

Lo increíble había sucedido. El popular futbolista, tomó en serio su papel, asumió con ridícula propiedad la juramentada protesta y empezó a fungir como alcalde de la ciudad llamada “de la eterna primavera”.

Su extraño comportamiento arrancó cuando se negó a aceptar que la seguridad estuviera a cargo de un solo mando. Quería tener en sus manos, por alguna razón que no se dio a conocer, el mando de la Policía Municipal. Eso fue hasta que un enviado de la Procuraduría General de Justicia lo convenció. Con toda seriedad dijo: “está bien, que así sea”…

La periodista Denise Maerker dio a conocer en sus programas de noticias que su partido, el Social Demócrata, bajo contrato, le pagó millones de pesos para jugar con ese membrete para la presidencia municipal en las elecciones más recientes.

Desde luego la noticia provocó ese escándalo que se comenta en todos los tonos contra el partido político, contra Cuauhtémoc, contra el Instituto Nacional Electoral y contra la porquería que es la política en México y en cualquier rincón del mundo.

NADA QUÉ HACER

Ocurre que el Partido Social Demócrata, bajo contrato firmó a Cuauhtémoc para ser su candidato. Nadie esperaba que ganara, pero ganó. Eso de “me los chingué” es algo muy propio del futbolista. Surgió en un barrio del entonces DF y hoy Ciudad de México, sin mayor educación que su enorme calidad para jugar al futbol, no se esperaba nada en particular.

Pero ocurrió: Al ganar, pidió que le dijeran cómo comportarse: Primero formalidad, saludar a los hombres, saludar de beso a las mujeres, detalles ridículos de la política.

El problema fue que los regidores decidieron darle el albazo eliminándolo como alcalde y gobernar a través del primer regidor, este sí militante del partido.

Solo que Cuauhtémoc Blanco no aceptó. En el INE se dieron cuenta que en su declaración de bienes no registró los 7 millones de pesos del contrato. La periodista Denise Maerker logró una copia del contrato y dio a conocer los detalles.

El Partido lo contrató para no perder el registro… No esperaba ganar, pero ganó.

Trataron de eliminarlo mediante esa estrategia legal, pero fracasaron en el intento. Después de todo, la popularidad del Temo, fue la que le dio los votos. Si gobierna mal o bien, ese es su problema. Nadie puede hacer algo en su contra.

La cosa es que por no hacer su declaración de bienes legalmente, le viene una sanción de algún tipo, eso lo resolverá el Instituto Federal Electoral fiscalizado.

Lo que viene está por mirarse, entre tanto el tema es la mugre de la política y de los políticos. No es un tema menor, es parecido al que se vive en los Estados Unidos entre Donald Trump y la favorita Hillary Clinton, la mugre que se vive en Argentina, la mugre y la tragedia que se vive en Bolivia, la toma del poder en Guatemala por un comediante que ganó las elecciones y es el nuevo presidente, la tragedia de cincuenta años de guerra en Colombia que aun va para largo, en fin.

No les hablo de otros países, donde tienen lo suyo… Entre tanto, el ídolo de ídolos en el futbol actual. Cuauhtémoc Blanco con su sonrisa pícara puede repetir esa frase: “ya me los chingué”