Un día contigo.

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

 

Desde que naciste hasta que estás en la cama de la agonía final siempre se te vio acompañado de personas con las cuales tuviste todo tipo de relaciones que te causaron placer, felicidad, disgustos y mucho, mucho dolor. Unas veces fuiste compasivo otras no y te dedicaste a la venganza y a dañarlas de la más agresiva forma posible.

Todas estas relaciones con terceros conjuraron tu personalidad de tal manera que eres producto de las acciones que sobre ti realizaron esos otros. Ellos te modelaron a su forma de querer y en verdad fueron los escultores de tu cuerpo y alma que hoy yace cerca de la tumba. Pero lo más importante de todo es que fuiste infeliz por causa de los demás y la culpa la tuviste tu porque los dejaste entrar a tu pobre alma e hiciste de ellos importantes personajes cuando era cierto que lo que más importaba eras tú.

Les concediste demasiada importancia cuando el único importante eres tú. Todo el tiempo estabas junto a ellos y clamabas su presencia cuando su ausencia sobrevenía. Les rogabas de rodillas al menos un poquito de su mezquina atención, les implorabas que hicieran las cosas que a ti te agradaban. En una palabra, se convirtieron en tus ídolos porque tú ya no eras tú sino ellos y siendo así hicieron lo que quisieron contigo.

No te diste cuenta que el secreto era ayudarlos y luego apartarte de ellos cerrándoles las puertas de corazón y de tu alma. No te percataste que el más importante de todos los secretos era el dedicarle, al menos, un día a ti mismo a estar un día contigo sin que te importase en lo más mínimo los demás porque de verdad te digo que la presencia de los otros es lo más peligroso y dañino que hay en la vida. Porque sólo a Dios le debes abrir todo tu cerebro, toda tu mente y todo tu corazón. A nadie más. La verdad, te hizo falta cautela.

Te faltó haber estado solo contigo mismo mucho más tiempo de lo que tú pensabas. Relacionarte contigo mismo en la soledad y lo pudiste hacer hecho aun estando con ellos.

Demasiado tarde ya porque tuviste la oportunidad de ser lo más importante de tu vida.

Ser tú mismo estando, al menos, un día contigo.