JUAN GABRIEL

Por Ignacio Cadena.

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Creo que se ha escrito suficiente sobre el tema “Juanga”, el famoso hoy Alberto Aguilera Valadez, convertido hoy también en un fenómeno social pocas veces visto en nuestro país y dimensionándolo con prudencia, podría yo decir en el mundo.

Por desgracia, es la muerte lo que nos hace valorar a la vida, en este caso en particular a mí me ha puesto a pensar seriamente como nos puede pasar, sin darnos cuenta, pasar sin pena  ni gloria los valores de nuestros semejantes o peor aún los “no valores” de algunos famosos o privilegiados, porque la vida les ha posicionado en la riqueza y el poder; caso muy frecuente los políticos, ejemplo concreto “El Peje”, el Sr. López Obrador para sonar educado y una fila de más de 1000 atrás de él, de todos los partidos, de todos los colores y en toda las ciudades.

Yo asistí hace muchos años a un concierto de Juan Gabriel, éramos un grupo de sonorenses en la ciudad de México y nunca me imaginé, que sin tragos, todo el grupo y yo por delante, lo confieso, hayamos terminado arriba de la silla con una servilleta en mano, contoneando nuestra humanidad al ritmo de “noa noa”, canción de despedida del concierto, que duró en la voz del Juanga casi una hora. El antecedente y el concierto todo, había llevado al auditorio a un estado de alta sensibilidad hasta llegar al éxtasis de la canción de despedida.

Después, pasaron los años, y de cuando en vez, escuchaba por casualidad, una canción de su autoría, a veces en su propia voz y en más ocasiones en la voz de muchos otros y otras. Siempre me parecían bonitas en su música y llenas de contenido poético en sus letras…de la misma manera me parecía muy bonitas las rimas de “Solamente una vez” de Agustín Lara, o aquella de “Contigo aprendí” de Manzanero o “Reloj” de Cantoral y los de José Alfredo Jiménez.

Así pues había pasado para mí el furor del autor Juan Gabriel. La muerte, su muerte, el furor, el aprecio, el cariño, demostrado por la gente me llevó a reflexionar sobre dos de los grandes valores de este hombre, con origen y vida de características excepcionales, poco vistas y muy poco comunes.

Dos cosas quiero comentar en esta columna:

  • Creatividad
  • Afán de logro.

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Creatividad

Creatividad, diversidad, innovación, inventiva, creación, diferenciación, unicidad, concepto propio, estilo único, son características humanas muy valoradas en la actualidad en todas o muchas de las profesiones: artistas, cocineros, desarrolladores de tecnología, técnicas agrícolas, ingenierías, medicina deportiva, donde quieras y como quieras es algo hoy en día que se valora, se reconoce y se paga.

Mi olvidado Juan Gabriel, con su muerte y con tanto reportaje de su vida, ha vuelto a interesarme, primero, por esa capacidad artística de crear, sus canciones demuestran un gran talento creativo y también diverso, canciones románticas, de amores y desamores, de pasiones y de olvidos, de ofensas y de perdones, de enamoramientos, de alegrías y tristezas. También canciones simpáticas, alegres, algunas hasta chistosas y ocurrentes. Una producción artística sin límites, sin límites en cantidad y también en calidad. Canciones creadas para sí mismo, para su propio estilo, para su personalidad, para su figura…y otras especiales para otros, para la voz y personalidad de Lupita D`Alessio, de Carlos Cuevas, de Napoleón y de quien le dio la gana. Miles de canciones editadas, y otras tantas archivadas, guardadas, sin estrenar. Siempre hubo una canción que lo reinventara, que en sus malas épocas, o en sus momentos de crisis, lo volvieran a lanzar al estrellato y a los primeros lugares de popularidad; que lo llevaron muchas veces a tener de los 10 más populares, siete eran de él.

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Afán de logro.

Nació en un rancho allá perdido en el estado de Michoacán, solo, sin familia, sin sustento, sin guía, sin alguien que lo cuidara y le enseñara. Murió en los Ángeles, en plenitud, disfrutando el éxito más sensacional. Entre los dos extremos de la raya de la vida, su nacimiento y su muerte hubo de todo: fracasos, decepciones, enfermedades, críticas severas, enemigos; hasta a  la cárcel fue a dar. Sufrió la crueldad de los ataques de Televisa y el tigre Azcárraga quien no pudo acabar con él, a pesar de su poderío, mejor la poderosa empresa cedió; persecuciones fiscales, atropellamientos judiciales, la perdida de la libertad, pero lo duro del acecho no fue suficiente para hacerle perder su valentía ante la vida. La envidia de los periodistas del espectáculo, la especulación, nada fue suficiente para acabar con ese afán de logro para llegar a SER lo que él se propuso SER, incluyendo el mucho TENER que fue insuficiente para subirse a la montaña del éxito. Generoso socialmente, agradecido con su familia, con su madre y con la mujer que fue una especie de madre para sus hijos.

¿Es un héroe? Claro que no, es solo un hombre, como hay muchos, que con energía, disposición, entrega y sin cansancio supo y logró realizar su plan de vida. Eso sí, creo que es una buena lección.