Gente PVSer Vallartense

Déjame ser tu meretriz

Hoy me desplacé entre lodazales, piedras, barrancas y ríos desde las Serranías de Talpa de Allende a una ciudad civilizada, el Puerto de Vallarta, para estar con mi meretriz; bajé desde la soledad del cerro a embriagarme en la suavidad de los cálidos besos de una mujer entera; vine para aspirar con vehemencia el aliento de su boca; a palpar el vaivén de sus magníficos pechos; llegué con ella para medir con el micrómetro láser integrado en mi iris, cada lunar, cada vello, cada fisura de su piel, cada tono del color de sus pestañas; llegué a escuchar el regular y firme latido de su corazón; a contar las pulsaciones de su vientre; estoy aquí para ser amado por una diosa del placer e inundar mi alma en un torrente de agua clara hasta ahogarme de pasión y lujuria ilimitadas. ¿Eres mi meretriz?. Tu meretriz soy. ¿Eres mía en cuerpo y alma?. Siempre lo seré cuando esté contigo. ¿Tendrás conmigo el más grande de los éxtasis?. Así será hasta los confines del tiempo.

 

Meretriz que eres al fin, sé que eres tan cínica que parece que no mientes, que eres una cabrona, que no te importo realmente, que eres maestra de la mentira al grado de parecer una verdad pura e inocente. Calla estólido desquiciado, no pienses, sólo aprecia este momento, apenas esta fracción  infinitesimal del incesante progreso unilineal del tiempo que tal vez no se repita nunca; ¿qué más da que mienta?; aquí y ahora, sólo déjame ser tu meretriz, tuya solamente, única, exclusiva y selectivamente tuya; sé mi dueño por estos instantes; y, para que parezcan eternos, deberás despojarte de un análisis lógico, sentir en vez de cavilar, permitir que yo conduzca tu camino, no hacer caso al pensamiento, más bien oler, degustar, palpar, escuchar y ver sin ninguna restricción aquello que tu imaginación y curiosidad innata impulse. No puedo hacer eso; ello equivaldría a tener instinto cuasi animal que perdí cuando dejé de ser niño. Hoy ya no puedo apartar de mi mente la interrogante de porqué tus pupilas se dilatan y el tono del color de tus ojos cambia cuando estás en transe erótico para volver a ser estables cuando estás relajada.

 

No creo nada de lo que dices. Hagamos un experimento. Cierra los ojos. Quédate boca arriba. Sólo escucha mi voz padre santo, deja que tu feeling, el sexto sentido que tenemos en dormancia temporal, guíe tus instintos. Intenta deducir con qué parte de mi cuerpo acaricio alguna parte de tu rostro. Si no sabes la respuesta, aprietas una vez lo ojos, dos, cuando sí. No hagas trampa. Si aciertas más del 50% de las preguntas, no pagarás nuestro próximo encuentro, será sólo placer por el placer per se; si no sabes, no pasará nada, te perdono por ser tan tontito. Yo diré en voz alta el progreso del marcador. Uno a cero a tu favor; dos a cero, […] diez a cero […]. ¡Waoo!; ¡ganaste! ¿Qué, qué?. ¿Que hiciste trampa todo el tiempo?. Bueno, no importa, al menos te hice reír. Me costó trabajo pero logré que tu mente se alejara por unos momentos del análisis racional. ¿Otra vez? Lo haremos cuántas veces quieras. Yo quiero muchas veces más, de una y de diez mil formas distintas. Por eso soy tu meretriz.

 

Meretriz que eres al fin, sé que eres tan cínica que parece que no mientes, que no te importo realmente, que eres maestra de la mentira al grado de parecer una verdad pura e inocente

Meretriz que eres al fin, sé que eres tan cínica que parece que no mientes, que no te importo realmente, que eres maestra de la mentira al grado de parecer una verdad pura e inocente