Loa a Charles Bukowski

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Cuando te vi salir del bar con tu suave tambaleo y ese cigarrillo que jamás en tu vida dejaste, también noté tus interminables borracheras que terminaban en un amanecer de banqueta, intuí tu gran afecto por lo vil. Sí, ese envilecimiento que te llevó a las más grandes alturas del conocimiento de la realidad.

Esa vileza que va más allá de lo más bajo y despreciable. Es aquello que raya en los límites de la locura absoluta, de lo no humano, de aquel que decide apartarse de Dios, del mundo, de la carne y de los demonios. Eras un ser indefinible y casi inexistente. Tu no ser fue tu principal cualidad y la que te permitió convertirte en el Dante de la realidad.

Descendiste a los absurdos de lo real y escogiste al alcohol como tu Virgilio, así, desde tu inimaginable perspectiva nos descubriste lo que creíamos que no existía, un mundo nuevo, eso que se llama “real.” La humanidad quedó llena de espanto y atormentada por tan infernal visión y reaccionando de una rarísima manera: decidió seguirte.

Todo el conocimiento filosófico construido durante milenios por genios profundos, quedó en el descrédito ante tu no ser que te permitió descubrir a lo real que es aquello que no se pudo conocer hasta que tú naciste. Miles de teorías quedaron hechos ciscos ante tu poderoso alcoholismo que te llevó a no perder de vista lo que antes ningún hombre alguno pudo hacerlo: lo real.

Pero no fue bastante tu gran visión sino la manera de contarla lo que cautivó no sólo a las mentes sino a todos los corazones que anhelaban el “saber.” Y aún más, tu congruente vivir con tu pensar. Al descender a los avernos de lo real perturbó tu embriagado cerebro y así, extrañamente, sublimaste tu vivir porque la realidad no es otra cosa que la propia demencia.

Sin poseer doctorado alguno y por ser un simple borracho nos abriste las verdaderas puertas del SOSEIN y del DASEIN de la filosofía alemana contemporánea que ni el mismo J. Hessen pudo haber comprendido a su entera cabalidad, pero sí tu ebrio cerebro. En llanas palabras comprendiste que una cosa es lo que es y otra cosa es lo que se piensa de ella.

Por eso, fuiste el gran destructor de la religión, de la filosofía, del arte y de la ciencia y como el ciego BARTIMEO en la parábola del Evangelio lo único que pediste fue “ver”. Cosa que te fue concedida y entonces miraste e hiciste ver a los demás, la espantosa, terrible y enloquecedora que es la REALIDAD.

No sólo fuiste un demencial borracho sino el más grande de los filósofos que la humanidad ha presenciado. Donde quiera que estés, vaya para ti un fervoroso reconocimiento.

ODA AL GRAN CHARLES BUKOWSKI, el Dante de la REALIDAD SUCIA.