La Universidad frente al neoliberalismo

La universidad con salsa “boloñesa” es la muerte de la universidad. La universidad era un templo de sabiduría. Esto que hacen ahora es una escuela politécnica… lo que se enseña es saber hacer cosas, pero no saber cómo son las cosas”

José Luis Sampedro.

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Por Alfredo César Dachary
alfredocesar7@yahoo.com.mx

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Con la llegada y el control del mundo por el neoliberalismo, las transformaciones que se dan en la sociedad y sus instituciones han generado una verdadera revolución, que como toda transformación profunda es irreversible, o sea, irrevocable.

De estos profundos cambios, no podía quedar fuera la universidad, institución que viene desde muchos siglos atrás, desde la Edad Media cuando el saber y la educación se encontraban relegados a las escuelas existentes en los monasterios y catedrales, ya que los controlaban y legitimaban al poder, ejercían el “poder” de administrar la educación, según sus criterios o desde la religión.

A partir del siglo XII, cuando los profesores empiezan a agruparse en defensa de la disciplina escolar, preocupados por la calidad de la enseñanza y a partir de allí se comienza a evolucionar hasta acabar con la formación de las primeras universidades.

Se dice que la primera universidad en Occidente, se fundó en Bolonia, varios siglos después en la misma ciudad se genera el Tratado de Bolonia, eje del último asalto a la universidad ya descrito en el comienzo por Sampedro, uno de los grandes científicos y humanistas.

Los ejemplos cada vez son más fuertes y constantes, y ratifican la idea central de Sampedro, sobre la degradación de la universidad como constructora de un saber, lo cual está en contradicción directa con la nueva idea de un conocimiento único, común a todos, expresado en el proceso de globalización como la homogenización cultural a partir del eurocentrismo, la ideología que construyó Europa occidental a partir del absurdo de ser la gran civilización y única y que heredó Estados Unidos y que hoy se trata de implantar como sostiene Fukuyama derivado del Fin de la Historia.

En el caso de Estados Unidos, el país más poderoso y eje del sistema dominante, el embate es muy resistido ya que las universidades han sido un centro de transformación principalmente a partir de la segunda mitad del siglo, en sus luchas por los derechos civiles, de las minorías, el ecologismo, contra la guerra y a favor de la paz; pero eso son otros tiempos, ya idos.

Para Noam Chomsky, un académico excepcional, el asalto neoliberal a las universidades, se expresa sobre todo en la contratación temporal de profesores y la desaparición de la carrera académica, que él considera como expresión de un modelo de negocio, ya que estas contrataciones temporales son dominantes en los meganegocios globales como es Walmart que eufemísticamente los llaman “asociados”, empleados sin derechos sociales ni cobertura sanitaria o de desempleo, a fin de reducir costes laborales e incrementar el servilismo laboral.

Por ello para Chomsky cuando las universidades se convierten en empresas, su modelo de negocio entraña que lo que importa es mantener los costos bajos y asegurarse de que el personal laboral es dócil y obediente.

La universidad impone costos a los estudiantes y a un personal docente que, además de tenerlo apartado de la carrera académica, se le mantiene en una condición que garantiza un porvenir sin seguridad, lo cual es perfectamente natural en los modelos de negocio empresariales, pero nefasto para la educación, pero su objetivo no es la educación.

A comienzos de los 70’s, suscitaba mucha preocupación en todo el espectro político establecido en Estados Unidos el activismo de los 60´s, comúnmente conocido como “la época de los líos”, que fue una “época de líos” porque el país se estaba civilizando con las luchas por los derechos civiles, y eso siempre es peligroso.

La gente se estaba politizando y se comprometía con la conquista de derechos para los grupos llamados “de intereses especiales”: las mujeres, los trabajadores, los campesinos, los jóvenes, los viejos, etc. Eso llevó a una grave reacción, conducida de forma prácticamente abierta.

De particular preocupación les resultaban las escuelas y las universidades, que, decían, no cumplían bien su tarea de “adoctrinar a los jóvenes” convenientemente: el activismo estudiantil, el movimiento de derechos civiles, el movimiento antibelicista, el movimiento feminista y los movimientos ambientalistas probaban que los jóvenes no estaban correctamente adoctrinados.

Bien, ¿cómo adoctrinar a los jóvenes?, para Chomsky, se ideó una forma perfecta que era cargarlos con deudas desesperadamente pesadas para sufragar sus estudios. Pero esa deuda es una trampa, especialmente la deuda estudiantil, que es enorme, mucho más grande que el volumen de deuda acumulada en las tarjetas de crédito.

Es una trampa para el resto de su vida porque las leyes están diseñadas para que no puedan salir de ella, porque si los estudiantes suspenden pagos, nunca podrán conseguir una tarjeta de la seguridad social, o sea, es también una técnica de disciplina.

Pero ocurre en otros países, no en Estados Unidos, que la educación superior es casi gratuita. Los países con los mejores niveles educativos, como es el caso de Finlandia, la educación superior es pública y gratuita. Y en un país rico y exitoso como Alemania es también pública y gratuita. En México, un país pobre que, sin embargo, tiene niveles de educación muy decentes si atendemos a las dificultades económicas a las que se enfrenta, es pública y gratuita.

Pero los años 40´s y 50´s, recuerda Chomsky, en Estados Unidos la educación superior se acercaba mucho a la gratuidad, ya que la Ley GI ofreció educación superior gratuita a una gran cantidad de gente que jamás habría podido acceder a la universidad y eso fue muy bueno para la economía y para la sociedad; y fue parte importante de las causas que explican la elevada tasa de crecimiento económico.

La situación es similar en el otro líder europeo, el Reino Unido, donde en septiembre del 2016, 500,000 jóvenes se enfrentan al acceso a la universidad donde deberán pagar matrículas que se encuentran entre las más altas de las universidades públicas del mundo, más costosas que las de Estados Unidos, Canadá y Australia.

El esfuerzo económico de las familias es grande, pero hoy la universidad ya no garantiza un ascenso social automático y menos el éxito. Para Steve Kemp-King, autor de un informe del grupo de expertos Intergenerational Foundation, menciona que el aumento de la deuda estudiantil a un promedio estimado de 40,000 libras o más significa que, para la mayoría, los costos superan los beneficios.

En la actualidad más de 40% de la fuerza laboral de Reino Unido tiene un título, más que cualquier otro país de la OCDE pero, sin embargo, los empleadores ahora exigen un grado para empleos de baja calificación, lo cual erosiona cualquier “prima por graduarse”, es decir, la cantidad adicional que ganan los graduados durante su vida.

El estudio realizado por Kemp-King tiene el respaldo de los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de Reino Unido, que muestran que el salario promedio de un año después de la graduación es de 16,500 libras, mientras que después de 10 años es de 31,000 libras. Para un cuartil más bajo, las ganancias promedio un año después de la graduación es de 11,500 libras y aumenta a 20,000 una década después de salir de la universidad.

Los políticos que usan el pretexto de las ganancias financieras de toda la vida como una razón para permitir que las universidades tripliquen el costo de sus matrículas y que ahora elevan además la de grados medios “son culpables de un abuso brutal”, dice Kemp-King. “Es una situación terrible”.

La cartera de los préstamos estudiantiles antes de 1998 se vendió, el experto agrega que si el resto de la deuda también se privatiza, “vamos a tener a toda una generación que efectivamente tenga obligaciones con alguna institución financiera aún desconocida por el resto de sus vidas”.

La idea de la prima de los graduados la impulsó en noviembre de 2002 la Ministra laborista de Educación Superior, Margaret Hodge. Argumentó que los graduados ganaban más de 400,000 libras durante su vida que quienes no contaban con un título. Este argumento se utilizó para justificar la eliminación de los límites en el número de lugares disponibles para estudiantes, al igual que para el incremento en el costo de las carreras.

Estas cifras no solamente son imprecisas -principalmente porque dependen de un promedio que se distorsiona por los que tienen mayores ingresos-, sino que después de una década de aumentos en el costo de las matrículas y de los salarios estancados, ahora están más fuera de la realidad, dice Kemp-King. “¿Qué es esta prima? Es una prima superior a la de los empleos de menor categoría, los empleos de medio tiempo o de contratos de cero horas”.

Kenneth Baker, alguna vez Ministro en el gobierno de Margaret Thatcher, es otro que desafía la idea de que la universidad siempre tiene resultados. Pasó los últimos cinco años con la creación de una red de 48 colegios universitarios técnicos, instituciones híbridas que ofrecen capacitación vocacional para casi 10,000 jóvenes entre 14 y 18 años.

Hay un gran nivel de subempleo entre los graduados y el problema se acentuó con la revolución digital, que terminó con los puestos del estilo de mandos medios para la gente con títulos en humanidades, así una brecha de las capacidades provocó que las calificaciones técnicas se eliminen de las escuelas y de los cursos de educación superior.

Otros países lograron superar de mejor forma el problema que se conoce como “barista con doctorado”. Suiza, Austria, Alemania y los Países Bajos mezclaron la educación formal, la formación, el trabajo y la experiencia internacional para poder proporcionar las habilidades que requieren los empleadores, de acuerdo con una investigación de Adecco, la firma de reclutamiento con sede en Suiza.

Para Charlie Ball, subdirector de investigación de Higher Education Career Services Unit, dice que todavía es mejor tener un título que un grado medio para poder ampliar la habilidad necesaria para lidiar con los rápidos cambios en la tecnología y en las empresas, ya que a las compañías no les preocupa cuál es exactamente la carrera que estudiaron sus empleados, agrega.

En medio de este mar de transformaciones donde los robots ya compiten con el humano por el empleo, la formación universitaria se enfrenta a grandes retos, por sus altos costos en los países más neoliberales o por un mercado de trabajo que se comprime cada vez más y genera muchos empleos basura como en el amplio espectro del área de servicios.

El reto de las universidades será asumir ese papel nuevo como formadores de técnicos para un mercado cambiante y profesiones elásticas para demandas flexibles, sin pretender crear o sostener nuevas ideas o alternativas salvo las tecnológicas que son bienvenida en la gran carrera por acelerar las transformaciones del sistema.