Ya les dije

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera.

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Ya le dije a la muerte que no le tengo miedo con esa amarillenta osamenta con la que aterroriza a los cobardes. Porque ella no es la que me lleva sino Dios que permite que mi vida, aquí y ahora, termine. Porque todo pensamiento es eterno y yo soy, como todo, un pensamiento de Él.

Ya le dije al mundo que me valen madre sus espejuelos y sus oropeles porque, aunque estoy en el mundo yo no estoy con él. Me tiene harto de sus costumbres, ideas, consejas, hábitos, guerras, de política y de sus discursos. Hace mucho que dejé de ser su muñeco de vil ventrílocuo y vivo mi vida como quiero y puedo. Pienso y creo lo que me da la gana. El mundo asusta a las gallinas con su infalible “el qué dirán” pero no es mejor que un enano payaso de un pulguiento circo en una tarde de polvoriento hastío. Hace mucha que le di la espalda a ese hazmerreír.

Ya les dije a mis demonios que sólo logran divertirme con sus idiotas seducciones, obsesiones, infestaciones y posesiones. Sin esperar a que muera y de encontrarme con ellos me burlaré de sus disfrazadas caras. No son más que unos pobres tontos al abandonar a Dios, ¿quién en esta tierra y gozando de una inmensa abundancia en una gran mansión, tiene la estupidez de largarse a una choza para comer estiércol? De verdad que sólo causa risa su estupidez.

Pero lo que es peor, aun cuando determinaron dejar a Dios, no lo pueden hacer, porque ¿quién no está sujeto a Él? Siempre están rabiosos porque, aunque no le quieran están bajo las órdenes del todo Omnipotente y nada pueden contra Él. No merecen mi odio ni mi repugnancia sino mi gozosa diversión y honda burla por su burda acción.

Nada pueden conmigo si estoy bien y soy amigo de Dios.

Ya le dije a mi carne que no le temo a sus pasiones, sino que las enfrento con el desprecio que se tiene a los gusanos. Porque mi única y gran pasión es la sabiduría y Ella no pertenece a la carne. Carne que se convierte en hediondez putrefacta que se filtra por un pequeño resquicio de un ridículo ataúd. Por eso me divierten las pasiones que se creen dominaciones y potestades cuando no son más que unos escuálidos platelmintos.

Estamos aquí para reírnos y divertirnos de la muerte, del mundo, de los demonios y de la carne. Estamos aquí para ser sabios y beber cerveza y poder mofarnos de esos que se dicen nuestros “enemigos”. Ja, ja, ja, ja, ja.

Ya les dije a mis demonios que sólo logran divertirme con sus idiotas seducciones, obsesiones, infestaciones y posesiones. Sin esperar a que muera y de encontrarme con ellos me burlaré de sus disfrazadas caras”