Vallarta hoy:

Sarasvati

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Primero es la existencia y luego la vida, la vida es parte de la existencia. La vida significa estar en el mundo con o sin el mundo. Cada uno de nosotros lleva una vida distinta a los demás y no podemos decir cuál es la mejor porque la vida es algo personalísimo que no se puede compartir ni mucho menos vivir la vida del otro. Comparar mi vida con la de los demás es una vil estupidez. Es como si pidiéramos champagne en una móndriga cantina de mala muerte repleta de borrachos corrientes y pirujas baratas.

La vida no se compara, no se comparte, simplemente se vive a nuestra propia manera. Nada ni nadie te hace la vida, sino que tú mismo haces tu propia vida. A veces juzgamos a la vida de los demás como si fueran perros muertos y hediondos; decimos que alguien lleva una méndiga vida, una perra vida, en fin. Pero lo que tú no comprendes es que la vida la vive otro y no tú.

La vida sencillamente es algo estupendo que nos hace vibrar de mil maneras y cada quien a su manera. Cada uno de nosotros elige a una quimera que nos acompaña durante toda nuestra vida y la alimentamos para gozar de ella. Esa quimera representa sencillamente nuestras preferencias. Hay quien elige al vicio como quimera, otros la guerra, la hipocondría, el servilismo, el auto dolor, la mayoría la mediocridad y ¿qué? Son felices con sus quimeras y con ello basta para vivir su dichosa vida.

Cada quien está contento con su vida y con su quimera por ser éstas indisolubles. Y yo también tengo mi quimera que se llama Sarasvati, la diosa del conocimiento en la religión hindú. La totalidad de mi vivir la dirijo al conocimiento y me vale madre todo lo demás que hay en el mundo. Cuando muera le he pedido a Dios me conceda una butaca en las aulas de las eternas universidades con cátedras impartidas por principados y potestades, serafines y querubines. No los imbéciles que en este mundo dizque enseñan. Porque mientras más conozcas más libre eres y yo amo por sobre todo el mundo a la libertad.

Le pediré no enseñar sino aprender. Seré el infinito alumno de esas academias celestiales por los siglos de los siglos. No más filosofía, ciencia ni arte que sólo son burdos instrumentos del conocer. No. Le pediré conocer sin intermediario alguno. Quiero acercarme a Dios sin lograrlo nunca jamás porque ese es el verdadero conocimiento.

Mientras, vivo con mi quimera Sarasvati quien me hace feliz encerrado en mi biblioteca tapizada de miles de tratados. Ahí envejeceré firme como un obelisco hasta que llegue mi turno para matricularme en la Universidad sin Fin.

Esa es mi vida y no me importan las de los demás.

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