Casi agarrados de la mano

Por Gregorio González Cabral

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Peña  Nieto   estará  débil, pero  no tanto como para no  ser atendido  por  los políticos  a quienes  puso   en los cargos. Peña Nieto vino  a  Jalisco  la  semana  pasada.  Estuvo con los industriales, pero  también  con  Aristóteles   y Alfaro,  a quienes, como  su jefe político, calmó en sus constantes  enfrentamientos verbales  que  para  nada bueno  sirven  a la ciudad   capital  y  al Estado.

Sobre todo, estando las broncas, como  están  en  la  economía,  la inseguridad y el  “¡Que  renuncie!”,   repetido  hasta por los cantantes  extranjeros  que  ya les  vale   la  soberanía y el  famoso  artículo 33.

Informan  quienes   buena oreja tienen que   a Alfaro le dijeron  que se  dejara  de  buscar popularidad   hablando mal de  quienes  le enseñaron  y  ayudaron,  de “sus ex compañeritos del PRI”, mientras que  a  Aristóteles  le recomendaron  meter orden  en sus “sorpresivamente derrotados coequiperos”, para  que  se dejen  de  echarle a perder proyectos y eventos a  Alfaro,  pero  además    de  ignorar y ningunear  a quienes  los chilangos  les mandan, desde  México, para que vayan acomodando lo  de  2018  en  el PRI   de  Jalisco.

Por lo pronto  y  de inmediato,  el mismo  domingo ya se vio juntos y revueltos  a Aristóteles  y Alfaro  inaugurando  lo que había: “parques lineales”   en barriada  de Guadalajara, para no  tener que  colocar  primera  piedra  de algo.

Alfaro  -que para la gente  es “el peleonero”,  el “que no  es agachado”, el  de: “con el gobernador  o  sin  él”,  con toda frialdad  de político  que  “come sapo sin hacer  gesto”,  soltó  declaración dominguera: “…en cuanto se trata  de la ciudad, aquí  lo que hay  es sumar voluntades no hay ánimos  de confrontación…”. ¡No, pos sí! Eso servirá    hasta… el siguiente  pleito. Porque  ponerse  en público   “contra  los políticos, los partidos,  Raúl,  el Gobernador…” deja  popularidad instantánea  y  porque  Peña  Nieto  va  en declive,  pues no tarda  en poner  nuevo gobernador en el Estado  de México y  de ahí  con  meterse  a sacar  su propia sucesión  tendrá  más que   atención  y fuerza. En unos  meses   casi será  “piedra libre” entre políticos   en los estados  donde  haya cambio  de  gobernador   al mismo tiempo  que  en Los Pinos   de  presidente.

Por supuesto  que por debajo  del agua, los  de Aristóteles, “Los Muéganos” no  dejarán  de  ir sobre las espinillas  de los  contrarios: “pasa el  balón   o   pasa  este  ca…, pero ca… con balón, no  pasan”.  Pero en  público, para  satisfacer los modos  y las buenas conciencias de amplios capitales,   tendrán  que   ir  a la inauguración  de  baches,   liberación  por  vigésima  vez  del “Reincidente un   Millón”, manita  de  gato a  clínica   o entrega  de cobijas, para no duplicar  como lo  de las mochilas.  Pero     que se  dejen   hacer  a un lado, después  de  acatar  en  silencio  las “sorpresivas   derrotas electorales”, tampoco.   Disciplinados son, pero nada  tarugos. Seguirán  dándose  y dándose  duro, sin   aceptar  la fatalidad   de  “ ya  está hecho  lo de  Alfaro”.