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Vallarta, pueblito de pescadores

¿Qué sucedía en el resto del mundo mientras  surgía Puerto Vallarta como municipio, hace 100 años?

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Por Gregorio González Cabral
Puerto Vallarta

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Como se lo contaron, lo platicó  Marco Antonio  León; y por buena se ha tenido la versión  de don Jesús Rodríguez  Guerrero, quien  a sus 89 años  bien vividos   y  recordados, detalló  el  por qué  le  decían  a  este  lugar: “Pueblito  de Pescadores”.

Contó cómo,  antes  de que  llegara  con su  familia,   el padre fundador  don José  Guadalupe  Sánchez, a estos rumbos  conocidos como  Las  Peñas,  ya  acampaban  cerca de la desembocadura del río Cuale, pescadores de Yelapa, dedicados a  comerciar con   marineros   y viajeros  necesitados  del pescado en varas, así como  de productos que pudieran negociar, como eran  las apreciadas  canoas, sacadas  de una sola  pieza  del árbol  parota.

Don Jesús  Rodríguez  Guerrero  daba nombre y seña  de esos pescadores con  iniciativa: Cenovio  Joya, Jesús Tovar e Hilario Rodríguez. Doña  Catalina  Escobedo Gaytán, añade el nombre “del padre  de don Pedro  Cruz, abuelo  de  José Rodríguez Cruz” -el famoso “Che”, líder popular  en los  70as.-. Según  eso, a ellos les   conoció  José  Guadalupe  Sánchez  cuando   comerciaba  con sal, traída de  San Blas  o de las Islas  Marías. Llegó  probó  su pescado -excepcional  debió  ser para impresionar por tamaño  y sabor a  gente del  mar-, compró para llevar a vender     a su  pueblo  en Cihuatlán, Jalisco, aclientándose  con los pescadores. Admirado de  la  belleza  del lugar   elegido  por  ellos  en la bahía,  a tal grado  fue  su encanto,  como para decidir  venirse a vivir  al rumbo, casarse en   Cihuatlán y traerse a su gente  para formar  aquí  su  nueva   familia.

Estando  en una  de sus   visitas   de  casualidad llegaron  a caballo los dueños  de  estas tierras  y  arenas, los dos  hermanos Camarena, de Guadalajara, Santiago  y Enrique.  A ellos  le pidió  permiso  don José  Guadalupe Sánchez  para  hacer casa  arribita,  en el cerro,  a salvo  de los vientos  y de los fenómenos del mar. Permiso  se lo dieron,  pensando los Camarena  que  con gente  trabajadora ya asentada   podrían  explotar  las tierras sacando  el aceite de coquito que era bien vendido  en las fábricas  de  jabón  del  Occidente  y de la Capital.  Trato a la palabra, como se usaba.

Meses  después  don  José Guadalupe   va  sabiendo que   las  tierras oficialmente  eran  ya de la  Minera  Unión  El Cuale; pero  le cumplieron  lo hablado  e incluso quedó encargado de  atraer  nuevos pobladores  y señalarles  terreno  “según plano traído  de Guadalajara”.

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• CAPITÁN DE BARCO, ENSEÑA EL “PESCADO EMBARAZADO”

Platican también  sobre el capitán  del barco “Estrella  del Norte” quien instruyó  a los pescadores sobre la pesca del tiburón, asociándose  con ellos para la comercialización de  aletas, cuero y aceite, como igual les enseñó el  procedimiento  para  tatemar lizas y otros  pescados con fuego de palapa  o de cortezas  secas  de coquito  de aceite, generando  negocio  que atrajo gente  a  venirse  a vivir pegada a la playa,  antes  de la  llegada  un  12 de diciembre  de don Guadalupe  Sánchez y su gente  de Cihuatlán.

A la captura de tiburón  y tatemado de la liza, se fueron agregando nuevos habitantes, viendo trabajo y comida. Para proteger del sol lo pescado  hicieron los pescadores  empresarios palapas más grandes y sólidas. Cuentan como   a los recién llegados, los  de Yelapa les decían  que hicieran  casa  cerca  de la playa, porque lo del cerro  no era   de ellos. Igual cuentan que así fue poblándose con gente que pescaba, otra que trabajaba lo comercializable de los tiburones, otra que tatemaba, asaba y freía pescado mediano y chico, así como quienes salían a vender pescado tanto por rumbo a San Sebastián como por Valle de Banderas, como  por El Tuito y Tomatlán. Por eso doña Catalina  Escobedo Gaytán   sostenía   que cuando don Guadalupe Sánchez  llegó “Las Peñas” o “Peñitas”, ya estaba fundada.

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• “LUGAR  DONDE ABUNDAN LAS MUJERES”

Ese Cihuatlán significa “lugar donde abundan las mujeres”. En el informe de Hernán Cortés al rey de España, reporta lo que le había dicho su sobrino Gonzalo de Sandoval: es una isla de mujeres, muy rica en perlas y oro. ¿Cómo que solo poblada por mujeres? Cihuatlán es parte de las leyendas androcéntricas, de mujeres guerreras, dominantes y solas a excepción de unos meses cada año. Leyendas  de europeos  traídas a América  desde Cristóbal Colón  cuando buscaron amazonas en Las Atillas,  luego  en  el descubrimiento del  río  Amazonas  y  aquí  en la  Nueva Galicia, específicamente  en el entonces “Ciguatán”,   en los años  cuando fundan definitivamente  Guadalajara,  con  Nuño Beltrán de Guzmán   en pleito  con  Hernán  Cortés  por  terrenos  descubiertos y  conquistados para Sus Majestades.  En el texto  de  Fernández de Oviedo  se recoge el informe de Cortés al que  nos  hemos referido,  en la parte  donde asienta: “…Y entre la relación que  de aquellas  provincias hizo (su sobrino Gonzalo)  trujo nueva  de un buen puerto que en aquella  costa se había hallado (¿Barra de  Navidad?), de que  holgué mucho porque hay  pocos; y asimismo me trujo relación de los señores  de la provincia de  Ciguatán  (Cihuatlán) que  se afirma mucho haber  una isla toda poblada de mujeres  sin varón alguno, y que en ciertos tiempos van de la Tierra Firme   hombres, con los cuales  han acceso, y las que quedan preñadas, si paren  mujeres  las guardan, y  si hombres, los echan  de  su compañía; y  que esta isla está a diez jornadas  de esta provincia, y que muchos de ellos han ido allá  y la  han visto. Dicen asimismo que  es muy rica  en  perlas  y oro: yo  trabajaré, en teniendo  aparejo,  en  saber la verdad  y  hacer de ello  larga relación a su Majestad…”.  Tenía que averiguar, porque como  apostilla Fernández de Oviedo: “…pero  de estas mujeres no da fe  algún  cristiano, salvo  aquellos indios  de Ciguatán  lo testifican de la manera ya  dicha…”.  De  otra  expedición en busca  de las amazonas a esos  lugares,  da también relación  de Oviedo.  Se trata ya de la  gente de Nuño Beltrán de Guzmán   quien  autorizó  a su capitán de confianza Cristóbal  de Oñate, a “…pacificación  de aquellas  mazonas”. Expedición que luego estuvo al mando del  capitán Gonzalo López. El relato va: “…el  cual (Gonzalo  López) llegó por  sus jornadas a cinco leguas  del pueblo de Ciguatán, llamado así porque era todo de mujeres… al  día siguiente, continuando su  camino, estando  a la vista  de la población, hallaron  cerca  de ella  gran número del género femenino, en el camino  puestas aquellas mujeres, esperando  a los españoles, e  vestidas de camisas  blancas  hasta los pies, e plegadas por la garganta y muñecas. Allegándose el capitán  Gonzalo  López  y su  gente  con  mucha orden hacia aquellas mujeres  para romper  con ellas, tomaron todas tanto temor de los caballos  que acordaron de venir de paz; y  llevaron a su pueblo a los españoles, diéronles  muy bien de comer   y todo lo necesario  de lo que ellos  tenían necesidad. Aquel  pueblo  es hasta de mil  casas e muy bien edificado, e las calles  en gentil concierto  e asentado en lo mejor de la tierra y más fértil  e apacible.  Y queriendo  los españoles  inquirir el modo  de  vivir de esas  mujeres, súpose de ellas  mesmas que todos los mancebos  de aquella comarca  vienen  a  aquella población de las mujeres  cuatro meses del año   a dormir con ellas, y ellas de casan con ellos de prestado por aquel tiempo, y  no más, sin ocupar  ellos  en  más  de las servir y contentar en lo que  ellas les mandan que hagan  de día  en el pueblo o en el campo, y  en cualquier género  de servicio que ellas los quieren ocupar de día, y  de noche dales  sus propias personas y camas. Y en ese tiempo cultivan y labran y siembran la tierra  y los maizales  y legumbres  y lo cogen y lo ponen dentro  de las casas donde  ellos  han sido  hospedados; y cumplido  aquel tiempo que es dicho todos  ellos  se van y tornan  a sus  tierras  de donde son naturales. Y  si  ellas  quedan preñadas, después que han parido, envían los hijos a los padres, para  que    los críen  y hagan de ellos lo que les plugiere, después   que a dos  o tres meses o antes;  y si paren  hijas, retiénenlas  consigo  y  criánlas  para la aumentación de la  república   y suya. Vieron  los españoles entre aquellas  mujeres  turquesas  o  esmeraldas e  decíanles  que  había de esas dos maneras  de piedras preciosas  mucha cantidad  e   muy  buena…”. Hasta  aquí  Fernández  de Oviedo  en  su “Historia General y Natural  de las Indias”,  publicada en 1535.  Más de trescientos  años  antes   de que  el cihuatlanense   don José Guadalupe Sánchez  se viniera  a  fundar lo que hoy es Puerto Vallarta.

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Cihuatlán significa ‘lugar donde abundan las mujeres’. En el informe de Hernán Cortés al rey de España, reporta lo que le había dicho su sobrino Gonzalo de Sandoval: es una isla de mujeres, muy rica en perlas y oro. ¿Cómo que solo poblada por mujeres? Cihuatlán es parte de las leyendas androcéntricas, de mujeres guerreras, dominantes y solas a excepción de unos meses cada año”

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• Y SE POBLÓ

Cuentan que poco a poco fue poblándose Las Peñas con gente que pescaba, otra que trabajaba lo comercializable de los tiburones, otra que tatemaba, asaba y freía pescado mediano y chico, así como quienes salían a vender pescado tanto por rumbo a San Sebastián como por Valle de Banderas, como  por El Tuito y Tomatlán

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• LOS FUNDADORES DE PUERTO VALLARTA

De los pescadores  sólo  don Cenovio Joya,  fue oficialmente reconocido  entre los “fundadores  de este lugar”,  en el decreto del cuerpo edilicio  de Puerto Vallarta,  del  30  de  noviembre  de 1951  donde ordena:  “Deben tenerse como fundadores  de este lugar  a los señores: J. Guadalupe Sánchez, primer jefe de familia que aquí se estableció, Cenovio Joya, Francisco  Montenegro,  Fulgencio Guevara, Cenovio Villaseñor,  Cleofas  Peña, Apolonio  de Robles, Apolonio Flores, Francisca Plazola, Martín Andrade y Ramón Macedo. Los otros pescadores, Jesús Tovar, Cruz e Hilario Rodríguez  tal vez  iban y  venían  como tanta otra gente  de Yelapa.

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• SIN MINERÍA, PUERTO VALLARTA NO SERÍA

Estamos por la mitad  del siglo  XIX. Por la minería, Mascota  había crecido más  que Compostela. Mascota pertenecía al Sexto Cantón  de Jalisco, con cabecera en Autlán.  Al Departamento de  Mascota  pertenecían: San Sebastián, Talpa, Tomatlán, Guachinango y Los Reyes.   Esta, entonces costa aislada,  estaba  dentro  de  la división política, en Mascota, Jalisco.

Definitivas  para  el surgimiento de Puerto Vallarta  fueron  las  minas. Para esos años  y desde antes  de 1821, ya se trabajaban las minas  de  San Antonio de Cuale  -oro, plata, metal de fierro-. La primera  mina iniciadora del Distrito Minero del Cuale, data  1804 y le llamaron “La Prieta”. En San Sebastián  diez minas  producían,  de las  cien  denunciadas y registradas.  Esas minas  necesitaban sal. Sus arrieros  bajaban  a recogerla  a   estas playas. El padre fundador,  José Guadalupe Sánchez por eso  venia  constante  trayendo   esa sal para  las minas.

De la sierra bajaban por sal.  Del mar venían  por  palo de tinte  “el  brasil”, muy apreciado para colorear  telas  y fabricar  medicamentos, buscado por franceses y alemanes.  También venían los barcos  a  cazar ballenas  jorobadas, entonces sin protección alguna.

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• MIENTRAS  ESO SUCEDÍA, NOS  PARTÍAN TERRITORIO… Y TODO LO DEMÁS

¿Qué pasaba  en  México  y resto del mundo, mientras  don José Guadalupe  Sánchez comerciaba con sal y Cenovio  Joya  hacía internacionalmente  famoso el pescado en vara?  Ya  España había  reconocido la independencia de Chile  y nuestra Texas  se había anexado a Estados Unidos. También  se  había  fundado “La República de  California” y estaba por ocurrir la  invasión  de Estados Unidos, con el episodio de los Niños  Héroes  donde  el tepiqueño Juan Escutia -Juan Bautista Pascasio Escutia y  Martínez- se cubrió de bandera y gloria, conforme la amada leyenda. Para colmo: el año 1848 vino  el Tratado  Guadalupe-Hidalgo,  con la  pérdida oficial de  nuestro territorio norte  hasta donde van los ríos  Gila  y Bravo. De ahí para arriba.

Pero no  sólo había noticias tristes. Un  jalisciense,  don Valentín  Gómez  Farías, médico e ideólogo político él, ya  había sido presidente de la República Mexicana, entre los cuatro  interinos que  hubo en 1846.

Conste  también que un médico escocés   había aliviado  algo el dolor  de la humanidad, al utilizar  el éter  como  anestésico, en lugar de irse con el trago de aguardiente y el pañuelo  apretado por  los dientes.  Un astrónomo  alemán había descubierto  Neptuno. Y ya desde entonces, el  matemático francés  Agustín Coumot,  proclamó  en  la academia la  sistematización formal de lo que hoy  se llama ciencia económica, donde no deben  entrar las artes adivinatorias.

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•LOS “JEANS”, LOS “LEVIS” SON DE ESOS TIEMPOS

Casi coincidiendo con  la  fundación  de lo que hoy  es Puerto  Vallarta,  Jacob Davis  y  Levi Strauss cosen por primera vez  su más que afortunada creación: el  pantalón vaquero. Diseñado como prenda  de trabajo campirano, resistió al tiempo  más que sus predecesores   pantalones de pechera   también de  mezclilla y ascendió en sofisticación  y precio   perdurando en la moda  como hecho  excepcional. Los  jeans   tienen antecedente en  el norte de  Italia  un siglo antes. Jacob Davis   patentó su modelo  con  remaches de cobre  llamándolos “overoles  de cintura”.

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•EL NARCO, YA ESTABA EN CHINO

¿Y del  narco  qué había? Muchísimo. Menos mal que entonces, lejos de  aquí.   A  mediados del siglo XIX   ocurrió  en China la  “Primera Guerra del  Opio”.  Nada que ver con Felipe  Calderón.  La negativa  de los emperadores chinos a  firmar tratados  de libre  comercio , ya en aquellos tiempos,  llevó  a los ingleses  a buscar   la  forma  chueca o derecha de  adquirir   la mercancía china, negada por los emperadores a los “bárbaros”, bajo el argumento oficial   de que  eran  muy distintas las culturas  y nada  de lo que pudieran ofrecer los ingleses podía interesarles a los chinos.  Así  de feo el cortón.

 Claro: los ingleses no  aceptaron  argumentación  aislacionista, nativista y proteccionista. Aprovecharon una pequeña  puerta -abierta por los  mismos  chinos, cediendo lo  estricto por  su innegable vocación comercial-  en el puerto   de Cantón, a la orilla del navegable Río Perla,  para acercarse  a comprarles  té, sedas, porcelanas  y  demás productos  apetecidos por los europeos.

Pero  el caso era  que los emperadores exigían pagar en plata (NOTA 1) cualquier producto, lo cual dificultaba  y encarecía el comercio.  Entonces se les ocurrió  a los ingleses  ofrecer a  sus contrabandistas -hagan de cuenta como un cártel  extendido por  la enorme  China-, intercambiar   los productos  chinos por opio  elaborado  por los ingleses  en sus campos  de adormidera  de Bengala.  Los contrabandistas aceptaron.  Los burreros  y distribuidores  se  multiplicaron;  la gente  probó  se hizo adicta  y pagó  cantidades ascendentes para sostener  su vicio.  Entonces  fue cuando el Emperador, espantado por el deterioro  de su población, proclamó su  batalla contra el narcotráfico.  El Alto Comisionado Lim Tse-hsu no tuvo que investigar  mucho  para dar con la fuente  del  mal. Para pronto, con su  policía  especial,  “tronó” los almacenes ingleses  en Cantón.  Encontraron   20 mil  cajas de opio, las  quemaron para  hacer  ver y sentir, suponiendo  que era cosa de particulares lo que estaban afectando.

Mal estaban llegando a  palacio  las  noticias sobre el exitoso golpe  al narco, cuando  el gobierno inglés  les hizo saber  su punto  de vista enérgico: consideraban la incautación de la droga un despojo  a bienes de súbditos  del  Imperio Británico, por lo  cual  exigían compensación. Para eso ya estaban en camino  buques de guerra  dispuestos  a sitiar hasta ver cumplida la exigencia. Los chinos, sorprendidos, se negaron. Ilusos, supusieron poder competir con la armada  inglesa. Dispararon contra los buques sitiadores  y empezó la primera  “Guerra del Opio” que duró tres años.

Resultado  de esa guerra: Los ingleses abrieron para sus comerciantes todos los puertos chinos, pero además   se quedaron  “por compensación” con la isla de Hong Kong.

Los franceses   atentos  a la lección, remontaron el Río  Perla  y declararon  la “Segunda Guerra del Opio”, en 1857. Para 1860, al firmarse la paz, los franceses habían conseguido  entrada  de sus  barcos  a todos los puertos chinos  y legalización  de los cultivos para la producción  de opio, claro: “con fines medicinales y  recreativos”.  ¿Algo nuevo bajo el sol?

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• ¡¿CÓMO QUE “LOS MUERTOS”?!

Volviendo  al hoy Puerto Vallarta  antes de    don  Guadalupe  llegara por  mar  a fundar,    cuentan   quienes decían saber,  la razón por la cual   este paraíso  tenía bella playa con el patético nombre “Los Muertos”. Según los “arrieros  somos y en el camino andamos”  quienes  eran también los  responsables de traer  y llevar noticia  de lo sucedido por donde  arriaban sus recuas.  Le cargaban  a contrabandistas   ser las  víctimas, porque  en esa amplia playa era donde solían esperar  a los barcos  para llevarse las barras  de oro y  plata  que  no  pagaban quinto. Platicaban como   unos contrabandistas  estaban ahí  ya  habiendo  recibido de los arrieros el  preciado  producto, cuando les cayeron   unos indios  salvajes para robarles aquello. En montón, machete en  mano, asesinaron y  mutilaron  a cuantos la codicia  o el oficio  llevó  a esa playa. Tirados  dejaron  los restos, hasta la  llegada  de otros arrieros, buenos cristianos, quienes  caritativamente  dieron  sepultura  a los desafortunados sedientos  de fortuna. ¿Desde  entonces? Como lo cuentan, se los cuento. También hay  otras  de piratas enterrando tesoros y  matando  patas de palo.

Menos  legendaria,  pero más aceptable   es la idea surgida  a raíz  de  haber desenterrado, en esa playa, ollas indígenas llenas de huesos. Posiblemente  se trató  de un cementerio indígena, dada  la costumbre de enterrar en  vasijas, al parecer aquí coexistiendo  con  la  de sepultar en tumba  de tiro. ¿Cementerio  en la playa? Huesos y tepalcates son indicios. Como canta   el “Corrido del  arqueólogo”: “No me dejaron escritos/ escritos que pueda descifrar/ sino  ruinas y otros  fragmentos/ fragmentos casi al azar/…”. Algo hay, porque después de  varios intentos,  ni quién le quite  lo de “Playa Los  Muertos”   a espacio  tan promocionado.

Puntos más, puntos  menos, así  fue lo del “Pueblito de Pescadores”, más difícil de  entender, cuando hoy  en día  hasta los negocios especializados en  comida del mar, se abastecen   del “Mercado del Mar”  en Zapopan, Jalisco  o de los increíbles robalos  de los esteros nayaritas.  Pero eso sí: el pescado frito  de  Yelapa nos da idea clara  del porqué  de la fama  de ese sabor inolvidable.

Y como lo contaron, se  los cuento  en estos tiempos, donde la cercanía de aniversario importante  obliga  a  recordar y repasar.