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Hacerse la víctima

  • En el llamado desarrollo humano, “hacerse la víctima” es el primer pasaje a superar cuando una persona se encuentra instalada en ese deseo de hacer cambios en su vida

Demetrio Hernández Llamas.

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Escuchamos con más frecuencia en las conversaciones ordinarias, que hay personas que por alguna razón o varias, les da por hacerse las victimas ante situaciones que aparentemente les ha afectado.

Es de constante actitud para algunas personas, el “echarles la culpa” a otros de las desgracias que les ocurren, y tienen en algún sentido razón si tenemos presente que la brutalidad del estado se vuelca contra los ciudadanos, de cómo el sistema económico predominante excluye y margina a una gran parte de la población, que las legislaciones hacen cada vez más vulnerable a la clase trabajadora y a los empleados de bajo rango, el fanatismo religioso también aparece en escena cuando se culpa a la divinidad de las desgracias personales, en fin, la lista sería interminable y también justificaciones se encuentran a granel.

No obstante, en este contexto poco amigable también encontramos personas que asumen una actitud de enfrentamiento, o al menos de defensa ante este sinfín de vicisitudes, y procuran desde diferentes ángulos  tejer una nueva realidad de su entorno y con quienes los rodean, buscan conseguir lo necesario, o bien se proveen de algunas “protecciones” o armas de resistencia para mirar con una frente alta al mundo, y buscando siempre una o varias motivaciones para no desistir fácilmente ante las adversidades de la vida.

Pero hay también un amplio sector que se encuentra en una actitud derrotista, con pesimismo ven pasar la vida, a todo y a todos arrojan las culpas y con ello las responsabilidades, es cuando decimos “se está haciendo la víctima”. En el llamado desarrollo humano, es este el  primer pasaje a superar cuando una persona se encuentra instalada en ese deseo de hacer cambios en su vida.

Cuando una persona inicia un proceso de análisis, la escucha se centra en esos aspectos muy relevantes del discurso de quien pide la orientación, apoyo psicológico o un análisis en su justa dimensión. Es menester del analista escuchar cómo son referidos los problemas que traen al sujeto a la consulta, cómo significa su propia historia, a quienes o a quién culpa de sus desdichas, si sobre valora  su propia responsabilidad o se las adjudica a otros.

Vivir en un mundo donde unos pocos determinan los destinos de toda una nación,  como por ejemplo la situación actual en Siria, desde luego que genera una violencia a los derechos humanos, de manera que son muchas víctimas las que serán lastimadas con esas decisiones desde el poder político, pero principalmente desde el poder económico, nos ofrece dos alternativas: o bien nos lamentamos constantemente y encontramos en esas barreras formas para solo responsabilizar a los otros agachando la mirada y bajando la voz, o bien nos hacemos cargo de nosotros y construimos una resistencia civil y psicológica para enfrentar esa realidad aplastante, no inquebrantable al estilo del viejo en la novela de Ernest Hemingway, “El viejo y la mar”,  cuando enfrentaba los embates de los tiburones en alta mar, intentando salvar su pesca:  “podrán destruirme pero no me derrotaran”.

 

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