Soñé que tendríamos un parque

Por Nacho Cadena

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Cada vez me convenzo más que la lucha contra la violencia en nuestro país y en el mundo debe de nacer desde el centro mismo de la sociedad civil, más aún del núcleo fundamental de está que es la familia. Querer combatir violencia con violencia es producir una guerra interminable; creo yo que la forma más adecuada es desde la educación, el civismo, el compartimiento individual dentro de la sociedad y así hacer que la vida comunitaria no tenga que enfrentarse al violencia.

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UN PARQUE HACE MUCHO BIEN

Decidí tomarme unas vacaciones, aprovechando la época y las circunstancias. Cuatro días deben ser suficientes para reponer la energía gastada, que la verdad no es tanta, porque el tanque energético se rellena aquí, en este precioso pueblo, por generación espontánea.

De todos modos cae muy bien separarse de los problemas cotidianos de nuestra ciudad, de la basura en las calles, de las carreras de los autobuses, de los semáforos caídos, de la infame pintura que se hace a los troncos de las palmeras y a los árboles, de los excesos de los partidos políticos, de la corrupción, de los permisos mal habidos, de los intereses particulares en el mil y una vez intento de un Plan de Desarrollo Urbano.

Cuando vas de vacaciones lo mejor es hacerte acompañar de quien más amas o de tu familia más cercana o quizá simplemente hacerte acompañar de tu Soledad con la que cohabitas todos los días.

Esta vez decidí invitar a mi OTRO YO. Tomé dos maletas, les tiré un par de tenis, unos pantalones blancos y cuatro camisas del mismo color y ahí acomodé con comedimientos mi otro yo, bien protegido, acojinado con unos calzoncillos y una T-shirt. Lo correcto habría sido que le comprará también un boleto de avión, pero están tan caros que, sin consultarlo, lo metí a la maleta y cerré con llave…Total, es un vuelo que no durará más de dos horas y media.

Mi soledad se quedó sola en casa y creo también la va a pasar bien, ya me había amenazado que estaba cansada de mí y que hay muchas cosas que le molestan. Así que se quedó tranquila, sola, disfrutándose a sí misma, dueña de la recámara y de todo: de la estufa y la cafetera, de los libros y de los cachivaches viejos de la casa. Le va a caer bien a mi soledad y estoy seguro que me va a extrañar y me recibirá con los brazos abiertos; porque mi soledad sabe que estar solo es bueno, siempre y cuando se sepa también que tienes compañía cuando quieres.

Bueno, esta vez le tocó viajar a mi OTRO YO y mi soledad se quedó en la casa con el ajo, la cebolla y el comino y el simpático Chuy (los perritos chihuahueños).

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EL PARQUE

En la mañana descubrí que el hotel estaba cerca de un parque, de un espacio espléndido, bien planeado, bien ejecutado e impecablemente cuidado; lleno de árboles, muchos y de todas las variedades, también senderos contemplativos, avenidas, arroyitos, cascaditas, césped, banquetas, pero sobre todo estaba lleno de gente; un día cualquiera, era martes, lleno de niños, de madres, de abuelos, de deportistas, de corredores, caminantes, patinadores y de personas sentadas en las bancas, platicando, conversando, escuchando, tomados de la mano, contemplando, tratando de descifrar la sinfonía que hacían los pájaros con sus trinos. Sí, el parque estaba lleno de pájaros y también de personas.

Escogí una de tantas bancas, una por allá, y nos sentamos mi OTRO YO y yo. Sin platicar, nos quedamos quietos; de pronto, él sacó un librito de su bolsa y empezó a leer en voz alta, cada vez más fuerte, para sí, con voz clara y muy sentida. Luego se vio rodeado por varias aves, una ardilla, una fila de hormigas y algunos chapulines y grillos que disfrutaban tanto escuchando como mi OTRO YO leyendo. Un parque hace maravillas, casi milagros.

Unas discretas bocinas en color verde inglés, el color clásico del equipamiento de los parques, emitían música clásica: Beethoven, Mozart, Liszt; de pronto, escucho el Concierto de Aranjuez y en esa parte que tú sabes, tomo a mi OTRO YO de la mano , y la fuimos levantando juntos, hasta el final, cuando nos entrelazamos en un gran abrazo. ¡Qué falta me hacía encontrarme con ese YO que siempre llevo por dentro, empaquetado en el mismo cuerpo y a veces con tan poca comunicación! Qué bueno que fuimos juntos y que bueno que vacacionamos en un parque…un parque limpio, sin vendimias ni fritangas, ni crianza de bacterias y virus que enferman a las visitas.

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NECESITAMOS UN PARQUE

Vallarta es una ciudad -más de trescientos mil habitantes, dicen los entendidos-, una ciudad hecha y derecha con todos los avances, las grandes cadenas de supermercados, núcleos de cinema de lo más moderno; farmacias de nombre nacional, agencias de automóviles, escuelas privadas en gran número… sin embargo, es una ciudad sin parque.

Un parque para que jueguen los niños, para que los padres y los abuelos lleven a la familia y les platiquen historias, que conozcan los árboles, que aprendan a contar tantos colores verdes como puedan. Un parque con bancas para que los viejos descansen y hagan recuento de vida; para tomar a la novia de la mano y canturrearle una canción de Lara; uno donde las monjitas en grupo vayan a rezar el rosario; el atleta a correr y agotar sus energías; los poetas a inspirarse y todos, los comunes y corrientes, a gozarlo como más nos guste.

Un parque con callecitas en donde los maestros de primaria lleven a su grupo a darles clases de civismo y las chicas guapas de la prepa vayan a patinar; donde haya música, alegría, sonrisas y buen humor.

Un lugar armonioso, equilibrado, donde las familias pasen un día de recreo, hagan su picnic, jueguen, corran, griten, canten. En Vallarta las plantas y los arboles  crecen mucho, si no los talan. No es caro hacer un parque y es una diversión perdurable e inagotable para las familias; mucho mejor invertir en un parque que gastar en espectáculos efímeros que nadie recuerda, aunque de momento haya sido divertido. El parque es una diversión permanente, duradera, inagotable, educativa, tranquilizante, repetitiva, favorece la vida comunitaria y también el cuidado de la naturaleza y el medio ambiente.

Soñé que vendrá pronto un gran hombre, un mandamás, una autoridad que va a regalarle a los vallartenses un parque, un gran parque, no una plaza (también hacen falta) sino una gran experiencia para disfrutar un día completo en familia o con uno mismo. Sin ruidos, sin juegos, sin puestos semifijos; solo árboles, plantas, aves, iguanas y cuanta flor y animal pueda vivir aquí.

Eso sí que sería una obra de gobierno que el pueblo va a gradecer.

¿Será solo un sueño?

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CONCLUSIÓN

De verdad pienso que un parque en Puerto Vallarta nos haría mucho bien, mucho más que las inversiones de gobierno que se hacen con fines de politiquería, mucho más que los dineros que malgastan los partidos políticos, mucho más que las obras que sin licitarse ya no sirven después del primer año, mucho más que los conciertos millonarios populistas que ha sido costumbre traer por los municipios desde hace muchos años con la premisa de “pueblo, pan y circo”. Un parque daría salud, daría entretenimiento y sobre todo paz interior para que los ciudadanos pudiéramos enfrentar los males que nos aquejan. Puede sonar ridículo, pero de verdad lo pienso.

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PARQUE 3

FRASE

Un parque para que jueguen los niños, para que los padres y los abuelos lleven a la familia y les platiquen historias, que conozcan los árboles, que aprendan a contar tantos colores verdes como puedan. Un parque con bancas para que los viejos descansen y hagan recuento de vida; para tomar a la novia de la mano y canturrearle una canción de Lara; uno donde las monjitas en grupo vayan a rezar el rosario; el atleta a correr y agotar sus energías; los poetas a inspirarse y todos, los comunes y corrientes, a gozarlo como más nos guste”