Vallarta hoy:

Libertad en la prisión

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Los cerebros anodinos, como muchos los tenemos, todavía nos imaginamos a la cárcel como el peor lugar del mundo y por más machos que nos creamos, nos tiemblan las manos y las piernas cuando alguien nos amenaza con enviarnos a la penitenciaría. Gritamos ayuda a mil abogados, bajamos a otros tantos santos del Cielo, invocamos a Dios y juramos y perjuramos que nos portaremos bien si nos salvan de ir a la Penal.

Sin embargo, lo que nunca imaginamos es que la cárcel es el único lugar donde descubrimos la verdadera naturaleza del ser humano y donde, por vez primera, nos acercamos a la LIBERTAD. Porque la peor estupidez es pensar que te privan de ella. En primer lugar, la definición de libertad, por si no la sabes, significa la FACULTAD DE ELEGIR RACIONALMENTE. Así de sencillo. Esa facultad de elegir nunca nada ni nadie nos la van a quitar ni con mil años de prisión, porque cuando estás en ella lo único que hace el gobierno es limitarte tu forma de desplazamiento geográfico y nada más.

Fuera de la prisión, que es el mundo, ahí es donde verdaderamente te privan de libertad. Vivir fuera de la cárcel es vivir prisionero, alienado. Porque el mundo te esclaviza, te subyuga, te despersonaliza, te convierte en un muñeco de sus sistemas. Vivir en el mundo y fuera de la cárcel es el peor destino a que hayas sido enviado. Sólo en las mazmorras se encuentra la auténtica libertad porque ahí el mundo se retira de ti, te abomina y te margina. Eso es lo mejor que te puede pasar en tu vida.

En la prisión el mundo te aborrece, estigmatiza y, finalmente, te olvida. Ahí es donde apenas comienzas a ser libre porque el mundo ya no tiene más poder sobre ti y por eso te odia porque no puede ya más dominarte. Ama el estar prisionero, anhela los más profundos calabozos, los más oscuros, los de altísima seguridad, los más infectos, a los que nadie quiere dirigir tan siquiera su mirada.

De preferencia estar en obligada postura encadenada para que el mundo te borre de su memoria y si acaso te recuerde que lo hagan con referencia a un número. Llénate del odio del mundo, de la ofensa y blasfemia popular, que todos te vomiten, que la sociedad te escupa, te denigre, te castigue y haga de ti un montón de harapos malolientes.

A partir de ese momento tus cadenas se convertirán en alas de mariposa y volarás hacia los sublimes cielos donde sólo respiran los cóndores cuyo batir de alas enfurece a las multitudes esclavizadas por el DRAGÓN SOCIAL.

En lugar de asustarte por ir a la cárcel besa la mano de aquél que por su culpa te metió en ella. Reza fervientemente por su alma y haz severa promesa de eterno agradecimiento. No es tu enemigo sino un ángel que te hizo libre. Mil veces bendito aquel que te encerró en los más hondos túneles carcelarios. Colma de caricias a ese que te encadenó con ferrosos grilletes. En verdad te digo que él fue tu gran libertador.

Que viva la cárcel y muera el mundo exterior.

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