Sueños visionarios

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Cómo anhelo aquellos momentos en que veinte mil cañones vomitaron sus cargas sobre la gran ciudad convirtiéndola en escombros abrasados. Qué melancolía invade mi alma el recuerdo de las bayonetas reventando cuerpos, decapitados por doquier y asesinos al amanecer. Seres enloquecidos por posesión de mil demonios recorriendo las calles para desollar.

Prisiones de mil años sin salir pudriéndome en un profundo foso donde ni tan siquiera me puedo sentar; alaridos de indiferencia, gritos de soledad escucho en las vampirescas noches de extrema maldad. Y yo, impedido absolutamente para amar ni tan siquiera para sufrir. Privado de amor y de dolor sólo siento perder la razón y que poco a poco me invade lo demencial.

Qué extraño es no amar ni sufrir, sólo enloquecer y esa locura me hace feliz. La enajenación me ha devuelto la sonrisa cándida de mi niñez y la altanería de mi juventud. El amor y el padecimiento han cedido el paso a la insanidad mental. Bienaventurados los privados de razón porque ha superado el querer y el doler. Los locos no conocen, no se enamoran, no hacen y de nada padecen sólo sonríen durante una eternidad.

Benditos los veinte mil cañones y las interminables prisiones con insondables oquedades repletos de intensa oscuridad y donde prevalece la sinrazón porque ahí florece la auténtica tranquilidad. Los murciélagos del conocimiento duermen tranquilos aferrados a las ramas de la voluntad. El no conocer también es motivo de bienestar y el no hacer la placidez incomparable del ser.

Locura incomparable de un sueño de visión. Anhelo su realidad.