La popularidad sigue en picada

De  julio a noviembre bajó  aún más  la aceptación popular  al Presidente. Desciende   después   de haber llegado a lo  más  bajo  de calificación para un presidente, desde  que  en México se  llevan a cabo  esos  estudios de opinión.

Ahora mismo 7 de   cada  10  habitantes   de  nuestro país,  en condición  de votar, reprueban   su forma  de gobernar.

Pero quienes  la  aprueban  no  son el   restante  30 por ciento.   Es el 25 por ciento  la que  le parece bien la forma  de  gobernar  del actual Presidente.  Muy lejos  de “la mitad  más uno, 51 por ciento”, que supondría   contar  con  la   más reducida  mayoría.

¿Por qué el  simpático y  agradable juvenil  presidente “vendido por la televisión telenovelera mexicana”, se  derrumbó en aceptación, incluso de  las mujeres  que le seguían y gritaban   destemplados elogios?  Por  supuesto que empezó  como  asunto  de percepción, la batalla  de propaganda  perdida por  el  equipo de Los Pinos que sigue sin atinarle,  ni  importarle  , la forma  de  ser, creer  y  pensar  de la  gente  mexicana.

Todavía hoy,  la mayoría de la gente   contraria al Presidente sigue señalando   las  “reformas estructurales”, como lo peor  que   ha hecho durante su  gestión.  Jamás  le  quisieron o pudieron  explicar  a nuestro  pueblo “del pasado” por  qué  habría que entrar por fin  al futuro. No les importó  explicarle y persuadirle  de abandonar  su dura resistencia al cambio y  ahora que  ven los efectos que tiene en la población  esa falta de  conocimiento y  convencimiento,  mandan  al  Presidente  a regañar   a la población diciéndole que sean  buenos, propositivos,   que  “platiquen también lo bueno”. Patético. Simplemente  patético.  Traer a un presidente en campaña  la  segunda  mitad  de su  sexenio,  sin “nadie”  que hable por él, sin   quien se atreva  a  salir  a  contradecir la opinión desfavorable  generalizada  y después  de gastar  miles  de millones  en “comunicación”, es  simplemente  ¡patético!

Está la precepción, la derrota de los contra propagandistas sobre la maquinaria de propaganda oficial que aquí funciona como en las dictaduras: haciéndosela pagar al mismo ciudadano al cual va dirigida.

Pero también -y lo que es peor- están los hechos.

En la población no se sienten los beneficios alegremente prometidos cuando las “reformas estructurales”.

Cierto que otras veces había estado peor la economía en los hogares mexicanos, pero   ahora está mal y empeorando. ¿Qué tipo de vida sacrificada está teniendo que llevar la gente para sobrevivir?

Pero lo peor:  la  delincuencia  sin  freno; la corrupción    igual o peor que la alienta. ¿Cuánto  le quitan  al  mexicano  para  hacerlo pagar la farsa de  los  partidos  políticos,  las  votaciones  y  la mentira de que sus votos cuentan y  siquiera  se cuentan?  ¿Qué tipo de políticos, peor  que grises, sin  ideas,  voraces, ávidos  del enriquecimiento  ilícito  y rápido son  a quienes ponen en  cada uno de  los partidos? ¿Acaso  no presentó el Presidente al hoy  fugado gobernador de Veracruz, Javier Duarte,  como “la nueva cara del PRI?

Por eso, en  esta misma medición   sobre popularidad  de Enrique Peña Nieto ya  no la libra  ni  entre los del PRI.   Casi la mitad  de quienes son del PRI,  el  48 por ciento reprueba la forma de   gobernar  del Presidente. Ni entre ellos  lo  aceptan.  Que por la imposición  de un extraño como su presidente nacional del PRI; que  por la falta de  logros para la población; que  por lo  de Trump   y la humillación general.  Por lo que sea, ni  la mitad de priistas están  hoy para  defenderlo.

70 por ciento  de los entrevistados  considera  que al invitar y soportar  las arrogancias de  Donald Trump   en  Los Pinos, el Presidente se equivocó  “y  humilló a los mexicanos”.

¿Eso significa que el Presidente no  va   a   manejar  el gran tema  de su sucesión?  Por supuesto que no  significa  eso.  En este sistema político  de  monopolio  y reparto con los poderes fácticos, lo estorba, pero no importa porque nada decide, es la  opinión  de la población.

Ya están  sacando lo de  la sucesión en el Estado  de  México y paso a paso,  es  “más  de lo  mismo”. Ni siquiera   parecen necesitar  opositores enmascarados o candidato  “independiente”.  Con  el del PRI  la empujan…

Pero además,  a la gente  la tienen  entretenida   con  lo  de Trump  que  con facilidad  aguantará  hasta  el  2018  y más adelante, porque no somos los únicos  temblando ante lo que  se nos  vino, cuando nos habían dicho que todo lo existente ya  era irreversible.

Y para quien  quiera  consolarse:    Debajo del Presidente todavía están  los mandatarios: Temer  de Brasil (11 por ciento  de aceptación), Maduro  de  Venezuela (21 por ciento), Bachelet  de Chile (22 por ciento) y Santos de Colombia (23 por ciento). Pocos, pero los hay peores. El Presidente de México todavía tiene 25 por ciento,  “¡Contemos también lo  bueno!”.