Mi posada (Un cuentito navideño)

Por Nacho Cadena

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Mi recuerdo de un cuentito navideño en vísperas de las fiestas navideñas.

Fueron tantos los eventos y los compromisos que tuvimos que realizar nuestra cena anual hasta el día 23 de diciembre; claro que en cierta forma salimos ganando porque cenamos al aire libre, aquí en el balcón y bañados con esa extraordinaria luz de luna. Nos pusimos de manteles largos, éramos cinco a la mesa y uno más que nos observaba curioseando desde los aires de la bahía.

Olaya puso aquel mantel de lino con unos deshilados en las orillas que solo usamos en las grandes ocasiones, servilletas de 60×60 cms. grandotas como en la casa de mi abuelo y aquella vajilla que me regaló Doña Tiche con el holograma CB. Hubiera querido poner unas copas austriacas Ridel, pero solo tengo dos, así que opté por ser honesto y utilizar las comunes y corrientes de todos los días… total si el vino es bueno, bueno será el sabor.

No hubo necesidad de usar floreros porque las jardineras del balcón están desbordándose de copas de oro amarillas, bugambilias de todos colores y unas florecitas lilas que parecen margaritas pero no se como se llaman.

Siempre me enseñaron que la preparación de la mesa es un preámbulo necesario para una buena cena; porque juntarse a cenar no es juntarse para alimentarse, es una ocasión, un evento, un encuentro, una oportunidad, un suceso, propio para convivir, para estrechar lazos, para departir, para amar, para saborear los vinos, para ofrecer y recibir, para agradecer, en una palabra son momentos para disfrutar y pasarla bien.

Por supuesto llegaron todos puntuales, a la hora de la cita, ocho de la noche. Antes de pasar a la mesa servimos un buen Kir Royale y nos trasladamos a una terraza que mira hacía la montaña, ahí estaba ella la montaña de Vallarta pletórica, llena de vida y de luz, la luna, bañando la vegetación salvaje de la montaña… todo se miraba en tonos blancos y plateados. Salud! Y unos cuantos apapachos.

Pasamos a la mesa. En una cabecera se sentó Champoleón, a su lado derecho Allegra, frente a ella ocupó la silla Degusta, enseguida de Allegra quedó un invitado de nombre Amical, un nuevo miembro de mi consejo personal, el es especialista en asuntos relacionados con la amistad y las relaciones humanas; en la otra cabecera de la mesa quedé yo, al fin el anfitrión, cocinero y dueño de la casa.

Ahí estábamos todos juntos. Champoleón el pensador, el filósofo. Allegra la especialista en las cosas buenas de la vida y del amor. Degusta mi asesor personal en gastronomía y en placeres permitidos y Amical.

Allá en los aires jugueteaba sobre la bahía Ventus mi pegaso, mi caballo alado que me transporta en mis sueños y fantasías.

El menú por supuesto fue diseñado y ordenado por Degusta, de primera. Rollos de salmón rellenos de callo de hacha sobre unas hojas de endibia; crema de mejillones al azafrán; unos envoltorios hechos con la pasta china de los won-tons rellenos de mousse de espinacas y en una salsa de jengibre y wasabi cremosa… no te digo mas porque es muy largo y muy bueno.

Hicimos como todo mundo nuestro intercambió de regalos y decidimos que nos regalaríamos consejos o mejor dicho, el regalo era la oportunidad de preguntarle uno al otro lo que mas le interesara.

Inicia Allegra a quién le tocó Champoleón. Dime ¿qué es lo importante de la vida? Sin pensarlo Champoleón contesta: Vivirla. La vida hay que vivirla, cada instante, cada momento. Vivirla con profundidad, con honestidad, con gusto. Hay que vivirla con seriedad, sabiendo que vida solo hay una. Hay que partir de algo básico, fundamental, saber que la vida es buena, que vale la pena, que está llena de oportunidades, si crees en eso, el camino de la vida es bellísimo, no digo que no haya dificultades, pero ellas son también parte de la vida, vencerlas es fortalecerte para seguir el camino, igual los fracasos y las tristezas. El optimismo es parte de la vida, es ver las cosas con espíritu positivo y alegre, el optimismo es el combustible que te lleva por el camino.

Interrumpe Allegra y pregunta mas ¿de las virtudes humanas cual es la más importante? Champoleón contesta: ninguna, todas son igualmente importantes, pero déjame citar una por la que tengo mucha preferencia “la perseverancia”; con ella se mueven montañas, el que persevera alcanza. Los hombres y las mujeres tenaces son las que alcanzan la gloria. Sabia virtud de perseguir las metas, de caer y levantar, de perseguir, de buscar hasta el cansancio. No conozco ningún gran hombre que  no haya sido brutalmente perseverante. Hay cuatro P que siempre me han llamando la atención: Prudencia, Paciencia, Presencia y Perseverancia, terminó diciendo Champoleón.

Un sorbo a la copa de Chablis, empezábamos a degustar aquel plato de camarones cuando Champoleón, en su turno preguntaba a Degusta ¿Qué hay que hacer para disfrutar los placeres de la vida?

Primero dice, hay que entender la dimensión de la palabra placer; es disfrutar, es aprovechar las cosas y las consecuencias, es apreciar a las personas con sus virtudes y sus defectos, es sacarle a la vida todo lo bueno y procurar dejar aquello no tan bueno. El placer es algo divino y también humano. El placer es natural. Va con lo bueno no con lo malo, va con la medida no con los excesos. Va con lo normal no con lo anormal. Va con lo permitido no con lo prohibido.

Bueno, concretemos dice Champoleón. ¿En esta cena que tenemos ahora cuales son los placeres? Degusta con esa delicadeza y buen gusto que la caracteriza contesta sin titubear: empecemos por el principio y por la lógica que tú tanto dominas. Los sabores, lo dulce, lo salado, lo ácido, lo amargo, lo suave, lo fuerte, lo delicado, lo intenso, lo primario, lo secundario. Los olores, las aromas, los perfumes. Huele, huele por favor esta aroma de ajo y perejil, dijo haciendo una inhalación como de un minuto y un suspiro después. Los colores, mira y disfruta los colores de los camarones  y de las hierbas y de los ejotes verdes sobre el blanco de la porcelana. Las texturas, las consistencias, lo delgado o lo grueso, lo fino y lo áspero, las texturas.

Pero el mayor placer que ahorita experimento, es cómo a través de estos alimentos, estamos aquí los cinco felices, contentos, encantados de la vida, gozando no solo de la comida y la bebida sino de todo, de nuestra presencia, de nuestra comunicación, del ambiente, de las velas, de la luz y de la obscuridad y de los sonidos del silencio.

Estábamos ya por entrar al “Canard à l’orange”, el clásico platillo de pato cuando en su turno Degusta pregunta al nuevo personaje a Amical ¿Quién es un buen amigo? Con cierta timidez propia por ser nuevo en el grupo contesta: El que ama. Volteó a ver nuestras caras después de su contestación tan tajante. La amistad es un tipo de amor, pero si quieres te doy algunas características de la amistad: la lealtad, la simpatía, el aceptar al amigo tal como es, la humildad, el saber pedir perdón y perdonar, la solidaridad, el saber guardar secretos (los chismosos nunca son buenos amigos), la sencillez, la consistencia, la naturalidad, la constancia.

Dime una virtud: Lealtad. Calló y brindó.

Es el turno de Amical quién pregunta a Allegra ¿dame la formula para ser feliz en la vida? No hay formula, la vida no es un compuesto químico, ni receta de cocina. Es más fácil que eso, solo se necesita una cosa, una sola cosa, una única cosa: querer ser feliz, desear la felicidad sobre todas las cosas, tener a la felicidad como único propósito, mi razón de ser, mi meta, mi adicción, mi objetivo en la vida. Así de fácil. Es una actitud, una forma de ver la vida.

Bueno, pero dame un consejo para llegar ahí. Allegra, risueña, encantadora, llena de vida se dirige a Degusta. Vamos a ver que te digo. Es fácil, en el correr diario, diario quiere decir cada día, cada hora, cada instante nunca te fijes en lo malo, solo en lo bueno. No te quejes de lo que careces y sí  en lo mucho que si tienes. Disfruta lo bonito y no te quejes de lo feo. Aprovecha lo positivo y descarta lo negativo. Acompáñate de lo alegre y descarta lo triste. Sácale jugo a las cosas pequeñas de la vida y no pases esperando los grandes eventos que nunca llegan. El único y  mejor camino para alcanzar la felicidad es el amor; ama, ama con todas tus fuerzas.

¿El enemigo más grande de la felicidad? La envidia. Dime una virtud. La generosidad.

Estamos en los postres acompañados de un vino cosecha tardía. Es el turno de Allegra de preguntar y sólo quedo yo. Tengo tan poco que decir que me adelanté y regalé a cada uno de los comensales un versito que escribí que habla de algo que creo ayuda en la vida. Se titula las ilusiones.

Las ilusiones déjalas llegar.

Estoy tan feliz, fue una noche inolvidable. Y así corrió la noche, alegre, sencilla, gozosa, rodeada de estos amigos míos que son incomparables, al final llegaran los buenos deseos para el año que se avecina:

¡Feliz todos los días!

Por hoy fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.