Educación y ParentalidadGente PV

Estudiantes universitarios y sus necesidades psicoafectivas

  • Muchos padres se olvidan de que los adolescentes no buscan ser juzgados, de hecho lo rechazan, buscan un consejo libre de prejuicios y que oriente desde sus preferencias psicosexuales, hasta que le ayude a desarrollar estrategias escolares para un desarrollo académico.

Por Dr. Jesús Cabral Araiza

.

Generalmente me refiero a una población escolar y cronológicamente infantil, y rara vez a púberes o adolescentes. Pero en esta oportunidad y con cerca de treinta años de experiencia docente, me he permitido hacer algunas reflexiones para mis estudiantes universitarios, e incluso de ser posible, a sus padres o tutores.

Vera usted, la necesaria tentación de abordar los temas para los pequeños nos hace olvidarnos de muchas maneras, que aun los más grandes tienen diversas e importantes necesidades de diversa índole, incluidas las psicoafectivas. Estos al igual que los otros, son seres escolares que viven una problemática en la escuela y otra en casa, y que de igual manera merece ser escuchada y atendida, claro está con otras herramientas, recursos y contextos.

Vayamos por partes. Como señalaba, los padres, maestros, tutores o cualquier otro adulto que interactúa con un adolescente universitario, suele confundir muchas de sus actitudes y rasgos de personalidad con aspectos ya acentuados de su propia personalidad, o incluso pensar que son malas intenciones o planes maquiavélicos en el que dicho adolescente se construye la realidad. Aquí trataré un tanto de desmitificar dichos aspectos, atribuyendo a muchas otras causas el hecho de que no siempre es motivo mal intencionado su actuar, por el contrario, muchas veces son llamadas de auxilio hacia su persona, ello ante la falta de atención por parte de quienes los rodean, o en sí por las carencias que a lo largo de una infancia, pubertad o parte ya de la misma adolescencia, se están adoleciendo.

El el terreno escolar, y para mí desde una perspectiva docente y refiriéndome a los mismos entre una edad cronológica de los 18 a los 25-28 años, tenemos algunas actitudes generalizadas, como por ejemplo; falta de actitud responsable hacia el estudio, puntualidad, organización para con sus ingesta de alimentos, aliño y limpieza en su persona, amabilidad con los otros, consideraciones y habilidades sociales genéricas, entre otras. Sin embargo, cuando me acerco un poco más a su realidad y contexto particular, me doy cuenta de variadas y lamentables realidades, entre otras: La falta de una figura moral de autoridad, en las mujeres suele estar ausente en su totalidad la figura masculina parental, y cuando está presente es ausente afectivamente en muchos casos. En el caso de los hombres adolescentes, el rechazo a la autoridad o la sumisión complaciente son los extremos que permean, claro está que hay excepciones.

Ante este escenario, me vienen varias reflexiones que junto con ellos he podido dilucidar en diversos momentos. Entre otras cosas coinciden  en que pertenecen a una generación en la que sus padres no están juntos, y si es que permanecen juntos “no están revueltos” es decir, no hacen vida realmente en pareja ni toman decisiones en conjunto para con ellos. En otros casos, cuentan con un padrastro o madrasta que si bien puede ser un apoyo, no es lo mismo para las necesidades que manifiestan y la calidad de apoyo que esperan y requieren a nivel universitario.

La realidad es que estos estudiantes siguen teniendo algunas necesidades permanentes y otras no resueltas, que de ser posible y trabajando en las mismas, pueden potenciar su rendimiento escolar, entre otras: poder contar con una voz confiable y de orientación, no solo en el terreno escolar, en la vida misma. Los adolescentes buscan seguir los pasos de quien ha cursado el camino, no por ser fácil, más bien porque tiene la confianza de que alguien ya lo ha podido hacer.

Muchos padres se olvidan de que los adolescentes no buscan ser juzgados, de hecho lo rechazan, buscan un consejo libre de prejuicios y que oriente desde sus preferencias psicosexuales, hasta que le ayude a desarrollar estrategias escolares para un desarrollo académico. Ni qué decir de igual manera de la búsqueda de orientación de vida, de encontrar respuestas que calmen sus inquietudes personales respecto a qué hará el resto de su vida, y si quiere o no formar una familia como la de sus padres, en la consideración de que en la familia que este vivió será el primer modelo a seguir para él.

En todo caso y en diversas formas las necesidades que manifiesta el adolescente pueden ser similares a las de un niño que aún necesita orientación y apoyo y que aunque sea mayor de edad aun siente miedo e inseguridad  de muchas de las tareas que emprende. Sigue siendo labor de los padres cuidar esta etapa del desarrollo del hijo.

.

Hasta la próxima.