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Vivir despierto

Despertar es ese darte cuenta de situaciones que siempre haz tenido frente de ti pero no habías podido ver. Porque aún no estabas preparado, porque no había necesidad de mirarlo, porque no era el momento.

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Por Angélica Rodríguez

@angiemzt @seryconsciencia
vivirdecorazon.mx@gmail.com

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Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta”.
Carl Gustav Jung.

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A veces de repente, de golpe, como un balde de agua fría en la cara que sacude, te ubica; otras en partes, como cuando te estiras en la cama por la mañana poco a poco, queriendo reconocer quién eres y en dónde estás.

Despertar es ese darte cuenta de situaciones que siempre haz tenido frente de ti pero no habías podido ver. Porque aún no estabas preparado, porque no había necesidad de mirarlo, porque no era el momento, en fin, sería complicado determinar las causas, pero el efecto, es que ahora estoy ahí, de frente a mi realidad, a mis circunstancias, a un nuevo panorama que puede darnos desde emoción, alegría hasta incertidumbre, miedo.

Me ha costado mucho, muchísimo, hacerme responsable de mi vida, de mis emociones, de mi felicidad o mi infelicidad, de mis insatisfacciones… el sueño era creer que yo no era la generadora de mis conflictos o aciertos con los lugares, las personas, los resultados en mi vida. Entender que no hay tal cosa como “allá afuera” (llámese padres, pareja, hijo, hermanos, amigos, crisis, oportunidades…), sino que todo inicia en el interior, y que han sido mis pensamientos los que han creado mi realidad, tal cual es, momento a momento.

Despertar es haberme dado cuenta que todos las personas y los acontecimientos que han sido parte de mi experiencia, los que han sido fugaces, temporales y los que permanecen hasta hoy, llegaron porque así mismo lo he convocado yo (me gusten o no, los quiera o no), algo muy superior a mi entendimiento terrenal opera para que mi existencia crezca, evolucione, trascienda… pero depende de mi, única y exclusivamente de mi, lo que yo decida resolver hacer con ellos.

Estar despiertos es ver que esas dificultades, el dolor, la incomodidad no son más que señales para voltear a ver lo que ha sido ignorado. La molestia (sea física o emocional) es el síntoma claro, inequívoco, de que hay algo que no estamos viendo, algo que se nos ha escapado, y por tanto, no hemos resuelto.

Sin embargo, esa ausencia, ese vacío, ese sentir “tengo todo pero me hace falta algo” no siempre es tan evidente, tan claro. Al contrario, tener una vida aparentemente resuelta (o no tenerla –da igual-) con un buen trabajo, una profesión, un matrimonio, un estatus… nos distrae, nos evade de lo verdaderamente importante: encontrar el sentido de nuestra vida.

¿Eres feliz?… le pregunta Sócrates a Dan, en una de las escenas más intensas de la película “El guerrero pacífico”.

¿Y la felicidad que tiene que ver con esto?… responde el joven gimnasta. (yo el “esto”, lo aplicaría al lugar en donde nos encontramos exactamente en estos momentos, a las relaciones que mantenemos y el cómo nos sentimos).

Todo. Que puede que todavía estés dormido. Se puede vivir toda una vida sin despertarse, todo el mundo dice lo que es mejor para ti, no quiere que busques respuestas sino que creas en las suyas. A la gente le da miedo su interior, y es el único lugar donde encontrarán lo que necesita.

Y así, cerrar los ojos y ver con los ojos del corazón hacia dentro, es despertar, abrir la conciencia a lo que realmente nos conmueve y nos hace sentirnos vivos, y no solamente esos estímulos, reacciones automáticas, que nos mantienen únicamente sobreviviendo.

En esta época donde parecería que todos estamos en el “mood” de dar, de compartir, de ser bondadosos, alegres, felices, amorosos y solidarios, quizá sería un buen momento para volcar todos esos sentimientos, pero en nosotros mismos…  quitarnos las lagañas, lo modorro, la pereza, y despertar; evitar encandilarnos por las luces de los arbolitos de navidad, las decoraciones decembrinas, y buscar esa luz interior con la cual hemos sido dotados todos al llegar a este mundo, pero que hemos apagado a fuerza de indiferencia y olvido de quienes verdaderamente somos.

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“La muerte no es triste. Lo triste es que la gente no sepa vivir”.

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Bendiciones, AR.