Vallarta hoy:

Trump: ¿a quién representa?

El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva”

D. Trump.

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Por Alfredo César Dachary
alfredocesar7@yahoo.com.mx

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¿A quién representa Donald Trump? Éste es un buen punto de partida para entender a este polémico Presidente electo de Estados Unidos, candidato por el Partido Republicano, hoy mantenido en las primeras planas luego de su encuentro “amistoso” con el Presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Trump es una pesadilla del pasado, al que la gente común del país empezó a despertar en los años ochenta y se transforman en unos cuentos de terror en los años noventa hasta ser representados como una foto de la decadencia cuando salieron las fotos de Detroit, capital de la revolución del automóvil entre la destrucción y el abandono.

Trump representa la frustración del racismo, que sostiene que ser blanco es tener mayor capacidad mental para ser rico, mayor inteligencia para ser famoso y mayor carisma para gobernar, todo eso se vino abajo cuando Obama, un negro de origen afronorteamericano de padre musulmán, llega a la presidencia de Estados Unidos y logra ser reelegido, aunque su gobierno tuvo serios errores, incluido la deportación masiva de mexicanos.

Pero este pensamiento WASP, ha sido aterrizado en los nuevos blancos pobres que dejó la crisis, y que han crecido rápidamente y que por ello contrasta con los mexicanos y otras minorías, hoy mayorías que logran capear la crisis a través la familia.

Para el 2014, había 47 millones de personas que vivían en situación de pobreza y ello debido a que la tasa de pobreza había aumentado desde el 2010 hasta alcanzar un 15% en 2014, según el Income Poverty and Health Insurance Coverage in the United States (2014).

El problema en estas estadísticas es que los umbrales de pobreza están pensados para usarse como un criterio estadístico, no una descripción completa de lo que las personas o familias necesitan realmente para vivir. Y lo que es peor: el 7% de la población, o sea, casi 21 millones de personas, vive en situación de extrema pobreza, con ingresos de sólo un 50% de sus correspondientes umbrales de pobreza, un 33% de la población, 105 millones, vive al borde de la pobreza, con ingresos dos veces inferiores a los establecidos para sus correspondientes umbrales de pobreza.

Tomando el 2000, los ingresos reales promedios por hogar en Estados Unidos se han reducido un 8,1% y se sitúan en un 7% por debajo del pico de ingresos de los hogares promedio, registrados en 1999 antes de la recesión de 2001, y este descenso ha sido más significativo en los hogares del medio oeste, sur y oeste del país.

Hay 17 millones de hogares estadounidenses que carecían de seguridad alimentaria, o sea, tenían dificultades en algún momento durante el año para suministrar suficientes alimentos para todos sus miembros. Los índices de inseguridad alimentaria eran sustancialmente más altos que el promedio nacional de hogares con ingresos cercanos o por debajo del umbral de pobreza federal.

Un ejemplo que contrasta con una realidad muy conocida es el de California, estado que genera el 13% del PIB de Estados Unidos con 1,8 billones de dólares, y como contraparte aloja el 20% de los sin techo del país, con cerca de 114,000 personas. Con una renta per cápita media de 42,325 dólares tienen como contraparte, según los datos oficiales del Public Policy Institute of California, que un 16,4% de los californianos viven en la pobreza y un 40% en la pobreza límite o sea rayando la pobreza.

Los sin techo, sin futuro, deambulan por las calles, hablan solos, en ocasiones a gritos, beben o se drogan y entonces su voz es más fuerte, duermen a cualquier hora, en cualquier lugar, algunos repiten el alarido como un mantra que les hace cerrar los ojos entre ciertas risas, no piden dinero, no piden nada.

En el centro de Los Ángeles, en las calles Spring y Main Street, justo antes de Chinatown, hay una larga hilera de tiendas de campañas en las que duermen decenas de personas y cuando cae la noche ellos se sientan en el borde de la acera y ven pasar los coches quizá con el íntimo deseo de que alguno les arrolle. Muchos son ahí veteranos de guerra. No piden dinero, no piden ya nada. Esperan morir, esto es parte del relato de Javier Brandoli.

En San Diego, los caminantes se mezclan con los de otra cadena de vagabundos que esperan casi a la sombra del portaviones, es una larga fila que se desparrama por el suelo, hay muchos carteles que parecen estandartes y en el centro hay uno en el que se lee: “Villa de veteranos sin techo”.

Al asomarnos vemos que hay una explanada llena de tiendas de campañas donde viven cientos de ex-militares que se han jugado la vida por su país a cambio de una lona de plástico, unos retretes comunitarios y un plato de comida recalentada al regreso, algunos gritan y otros dormitan sobre la acera con sus cuerpos débiles, flácidos, como si hubieran recibido un disparo mortal que les atravesara el pecho.

En marzo de 2016, el San Diego City Council aprobó por unanimidad un plan en el que participan varias administraciones de 12,5 millones de dólares para sacar a 1,000 veteranos de guerra de las calles y darles una vivienda, ya que ésta es la cuarta ciudad de Estados Unidos con más sin techo.

En San Francisco, una de las ciudades estadounidenses con más ayudas para los sin techo, se calcula que hay al menos 7,000 vagabundos en una ciudad con una población de 837,000 personas. Muchos llegaron del frente en barcos, tras la guerra de Vietnam y se quedaron abandonados viviendo en sus calles.

Éste es un panorama dominado por los blancos, ex aspirantes a la clase media y hoy gente abandonada a su suerte luego de haber servido en diferentes guerras, esa gente, aspira como mínimo que se le reconozca, se le respete y se le dé lo que se ganaron: una pensión del ejército, como ex veteranos. Ellos no desfilan como los de la segunda guerra mundial, ya que no pelearon contra un enemigo real sino contra los enemigos de los intereses de Wall Street, por ello no hay reconocimiento, la vergüenza viene de ambos lados.

En el otro extremo, están los desocupados de las grandes ciudades industriales, como lo fue Detroit, hoy abandonada a su suerte y transformada en un gran basurero donde los pobres sobreviven abandonados y los que tienen algo se defienden de las hordas que buscan comida.

Éste es el ejército de Trump, los que no entienden porque en el país más rico son abandonados luego de cerrar las fábricas o de terminar una invasión, los que no ven que el regreso sea con gloria ya que ello es una cosa del pasado, hoy la única gloria es la que cotiza en bolsa, el resto es nostalgia, fuera de moda.

Los generales de ese ejército son las clases medias blancas que se ven amenazadas por los inmigrantes que pueden competir y avanzar en medio de esta guerra por el empleo y por mejores salarios, son los que le temen al futuro y a veces se ven en esos blancos pobres que están tirados en las calles, suficiente estímulo para ver a los inmigrantes como “enemigos” aunque en realidad no lo son.

Las fábricas deslocalizadas, las grandes industrias trasladadas, fueron reemplazadas por los empleos bajos de las empresas de servicios desde la comida rápida a los supermercados, desde las paqueterías a los servicios al consumidor en diferente manera, todos empleos bajos y precarios, imposibles de poder ser usados para llegar a lograr el AWL, o sea, el “sueño americano”.

Ésta es la gran comparsa en la que se montó Trump, la de los que no creen que el mundo cambia, que China es la potencia emergente, que el mundo del éxito es solo de los blancos; así la ignorancia se transforma en soberbia y ésta en una debilidad de los que creen que la historia es lineal, todos son parte de este carnaval que va camino al futuro, pero con dirección al pasado; la crisis se tendrá que acelerar para demostrarles a éstos que el mundo ha cambiado.

Pero pensar que todo está listo para un entierro es adelantar vísperas, muchos ciudadanos de Estados Unidos están resentidos con la crisis y la pérdida de sus sueños, sus esperanzas, y ello moverá muchas voluntades hacia diferentes direcciones.

Hillary Clinton es la continuación del imperio del 1% del país sobre el 99%, y la gente lo sabe, por ello estas elecciones fueron una verdadera carrera contra los miedos, a perder todo, a perder parte, o a entender que el mundo unipolar ha terminado y se acaba así la etapa del gendarme mundial, esa que inauguró oficialmente Teddy Roosevelt, aunque medio siglo antes se dio cuando los norteamericanos se quedaron con cerca de la mitad del territorio de México, un hecho que hoy hay quienes quieren borrar de la historia para que ésta tenga un final feliz, y pese a esto los Wasp los golpean.

Los Clinton no se resignan a perder el poder y en ello comprometen la seguridad de Estados Unidos, primero utilizando como marioneta a la líder del partido verde inexistente con menos del 1% para pedir un recuento y ahora haciendo que la CIA sostenga que los hackers rusos sacaron datos que le sirvieron a Trump. Si fue así, ¿eran datos que la implicaban en algo o qué?

La histeria de los perdedores puede ser el comienzo del fin de este ciclo de la decadencia y la pérdida de la hegemonía norteamericana. ¿Los blancos se van a dejar robar el triunfo? Seguro que no y ello puede ser la mecha de un conflicto interno difícil de medirlo y predecir su magnitud, esperamos que esto no llegue.

Trump pide el muro y éste existe en un 70%; habla de deportaciones y durante Obama crecieron; habla de defender el empleo local y en México las autoridades lo ven mal, ¿será porque se transformó en un espejo del que no se quieren ver?

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