En México: ¡Honor  a los hombres cultos!

Por Gregorio González Cabral

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Tampoco  calumnien. En México  sí   se   rinde  honor  a los hombres cultos. Las láminas de las esquinas de las calles están llenas  de sus  nombres. Ciudades hay que los recuerdan.

¿Cómo  que en México  no se honra  a quienes  han sido destacado en la Cultura  de la Corrupción,  en la Cultura de la Impunidad,  en la Cultura de Agandalle?

¿O de qué  otra  cultura  hablan, ahora  que  “todo es cultura” y que “todos son niveles”?

Hubo tiempo obscuro  en que  cultura  era  saber chiflar  las  de  Beethoven, por lo menos.

Tener  “cultura”  era poderse manejar  en tres o cuatro idiomas, incluyendo por lo  menos el latín  para  saber de qué se estaba hablando.

Una  persona  “culta” no necesitaba memorizar  el  nombre del papá  de la quinceañera  Rubí y conocer al detalle   sus  enormes méritos  cívicos y humanos  de llegar  a los quince años.   Ser  culto   era  menos  exigido.

Pregunta elemental para probar la cultura  del alguien en Occidente  de  México: ¿Quién fue el portero del  “Guadalajara”,  ahora “Chivas”, cuando   el Atlas  les ganó  12  goles  a cero?  No saberlo era  peor  a no poder distinguir  entre  Platón  y charola.

Pero los formados en los antros y no  en las sabias cantinas,    los antro-pólogos,  nos  trajeron el caos en  el mundo de  la cultura, con sus  “culturas del maíz prieto”, sus “complejidades culturales”   y  el colmo:  La “Filosofía  Chiva”  compitiendo con  el “talento cero”.

Desde  entonces   la Torre  de  Babel  se   estableció,   por supuesto  con la complicidad de  algún corrupto  magistrado del Tribunal  de lo Administrativo. A los desconciertos les  llamaron  “concierto”, sin  una silla para sentarse   a  escuchar, porque no  hay  más que escuchar que el ruido  sabroso y los gritos histéricos de  imitadoras  de las gatitas  en tiempos de Frank Sinatra, con lanzamiento de sostenes, como hacer medio siglo.  La “Cultura de la Ignorancia”.

Pero conste  que los  bienes   y herencias culturales  se defienden  aquí  con todo: Ni un paso atrás, ni  un paso  a un lado, ni un alto  en la práctica  y aliento de la “Cultura de la Corrupción”   y el afianzamiento de la “Cultura de la Impunidad”.