Aventuras de un pintorGente PV

Fe Cuántica 4

  • Convertir el agua en vino, caminar sobre las aguas o transfigurarse en luz sería posible para una conciencia muy desarrollada?, ¿tal vez para un individuo con suficiente fe?

Federico León de la Vega
fleondelavega@gmail.com

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¿Qué es?

Después de tres artículos anteriormente publicados con este título, considero que es tiempo de definir qué es la fe cuántica, o más bien, de explicar qué quiero decir con ella. La verdad es que el vocablo no existe como tal. Quise darme tiempo para estar seguro. Lo busqué en Google y en Wikipedia, también en el diccionario de la Real academia Española y aún en el Webster’s (lo busqué como quantum faith).

Desde luego que el significado de cada una de las dos palabras es claro y conocido, y ambas aparecen combinadas con otras como por ejemplo  “Fe Católica” o “ Salto Cuántico” pero nunca Fe Cuántica”.

Sin desear atribuirme la creación de un nuevo vocablo, quiero explicar que la combinación de las dos palabras va bien, porque su relación es lógica y, aunque tal vez sea yo el primero en usarla, ciertamente ha habido muchos y mejores autores que antes que yo hayan escrito sobre la relación entre la fe y la ciencia.

Está por ejemplo el matemático Ernest William Barnes, quien hace más de cien años ya estudiaba las conexiones entre la ciencia y la fe cristiana, considerándolas esenciales. La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, y el calificativo de “cuántica” la relaciona con un sistema físico y la energía de sus partículas elementales. Hoy día la física cuántica ha llegado a demostrar que el pensamiento o la conciencia influyen sobre el comportamiento de los cuantos o partículas que integran la materia. Si eso es cierto, ¿querrá decir que convertir el agua en vino, caminar sobre las aguas o transfigurarse en luz sería posible para una conciencia muy desarrollada?, ¿tal vez para un individuo con suficiente fe? Cuando en la escuela católica escuchaba yo que “al que tiene fe todo le es posible” (del evangelio de Marcos 9:23) no sabía qué pensar.

Mis mayores aseveraban esta verdad con aire dogmático, pero no eran capaces de hacer demostraciones prácticas. Crecí entonces en la ambigüedad de la certidumbre académica combinada con esperanza cristiana. Yo las conciliaba explicándome que tal vez había que esforzarse en ser bueno, tan bueno como los santos, para lograr algún milagro y escapar la realidad a la que parecemos estar irremediablemente atados. Una realidad peligrosa, cruda, injusta y cruel que los mayores, los mismos que me fomentaban la fe cristiana aceptaban estoicos.