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Los padres y sus temores, entre la infancia y la adolescencia

  • Para poder superar una etapa de la vida, se requiere haber vivido a plenitud las etapas previas, apoyemos en ello a nuestros hijos, con alegría, confianza y seguridad en ellos y nosotros.

Por D. Jesús Cabral Araiza

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Una de las principales tareas de la adolescencia es conseguir una identidad, no necesariamente un conocimiento de quienes somos, sino una clarificación de lo que podríamos llegar a ser.”

Anónimo.

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Que fácil parece la vida cuando tenemos ilusiones de tener hijos y el mundo es un campo de ilusiones. Luego así como sin pensarlo, llegan los hijos y las ilusiones se multiplican, se piensa sobre su futuro y sobre lo que estudiará -porque estamos seguros que algo estudiará- somos ciertos sobre una serie de cosas que no sabemos cómo ni cuándo pero que seguro se darán.

En este punto es dónde hago una primera pausa, pues no hemos planeado quizás la manera en la que el hijo o los hijos tendrán su apoyo para poder volar por si solos. Muchas veces solo dejamos que el tiempo trascurra y que como una especie de hechizo se den las cosas, y el hijo adquiera la sabiduría para poder tener claro su futuro, saber comportarse, relacionarse con las personas adecuadas y salir adelante, -¿¡de verdad!?- estamos tan ciertos sobre tantas incertidumbres que nos depara el futuro, que no planeamos o hacemos las tareas que nos corresponden para medianamente asegurar que justamente ese futuro sea alentador o francamente positivo.

Los hijos hasta los cuatro años, una edad muy temprana, ya han aprendido una serie de normas morales que nos sorprendería a nosotros saber, tienen una noción del bien y del mal que guía muchas de sus conductas y decisiones, mantiene conflictos morales y claro que igual se guía por el principio del placer. Pero ello no significa que la tarea de los padres hacia su crianza ya está culminada, por el contrario, requiere aún de mucho diálogo, pues más adelante iniciará un proceso que para el caso de las niñas es más temprano que en los niños varones. Me refiero a la pubertad y enseguida la adolescencia.

En este periodo “conflictivo”, las dudas para el adolescente se agudizan, es justamente cuando más necesita del apoyo y soporte de padres que aunque discutan con él, lo escuchen y traten de comprender. De entender que hay ya una brecha generacional, que se nos ha olvidado lo que nosotros mismos hacíamos a esa edad. No es que sea una maldición o karma –salvo que así lo crea usted-  se trata de entender que en la vida se revierte para nosotros lo que le hacemos, ejemplos hay muchos. Si tratamos a los hijos con amenazas, insultos o agresiones, ¿que podría esperar recibir a cabio? Se trata de hacer conciencia de que los padres somos pasajeros temporales, acompañantes de los hijos que en el mejor de los viajes dura unos dieciocho o veinte años en su mayoría. Claro está que hay “choferes” que no dejan bajar del “camión de la vida”, pero ese es otro caso.

Aquí el mensaje importante para los padres es que no debemos olvidar que los hijos tendrán alas propias tarde o temprano, que nuestro rol será de acompañantes o consejeros en la condición de que nos hemos ganado ese lugar.

Cuando hablamos de los temores de los padres por la integridad de los hijos, estamos mandando el mensaje de que los hijos están protegidos con nuestra palabra desde la infancia, que los consejos cuidados y recomendaciones que les hacemos a lo largo de esos años de la infancia, serán su mejor protección para enfrentar los retos de la adolescencia. No nos asustemos si hemos hecho bien la chamba. De igual manera no significa que si hay periodos en los que nos distanciamos de los hijos por alguna diferencia, o no hablamos con ellos por causas ajenas a nosotros, los hijos estarán destinados al fracaso o al riesgo de la influencia de otros. Significa que mientras nos acerquemos a ellos, podremos construir lazos de comunicación directos que permitan estar seguros de que hemos hecho el trabajo de manera correcta. Pero aun así, si tenemos dudas, ¿por qué no hablar con ellos?, ¿por qué no preguntarles sobre sus dudas e inseguridades?, contarles que al igual que ellos, a su edad nosotros pasamos por cosas similares, que nosotros igual teníamos dudad, temores y que no sabíamos en qué condiciones se presentaría nuestro futuro. Eso, no crea que lo amedrentará, por el contrario, estará mandando un poderoso mensaje de que ya alguien ha pasado por el camino que le toca andar.

Para poder superar una etapa de la vida, se requiere haber vivido a plenitud las etapas previas, apoyemos en ello a nuestros hijos, con alegría, confianza y seguridad en ellos y nosotros.

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Hasta la próxima.