Hombres que dejan huella

En memoria de un hombre que dejó huella en su trabajo en el restaurante La Petite France y La Leche.

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Por Nacho Cadena

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Hay personas que trascienden, que dejan huella, que reparten a manos llenas lo que tienen, lo que les sobra y aun lo que les falta.

Enseñar sin ser maestros, regalar sin ser ricos, reparten alegría sin ser actores, impactan sin ser importantes.

Yo conocí a una de estas personas, un hombre serio que tenía gran sentido del humor, atractivo sin ser guapo, formal sin ser aburrido, ordenado sin causar molestias, ocupado sin estar nunca cansado.

Un hombre maravilloso, sin pretensiones, sin arrogancias, sin imposiciones, sin arrebatos; un hombre sencillo que te enseñaba sin proponérselo, las cosas más importantes de la vida.

Un hombre que se ganó el respeto, el cariño, la admiración, la confianza de todos, de todos los que formamos esta pequeña comunidad de trabajo a la que yo pertenezco; pero además y eso cuenta más, se ganó el aprecio, el agradecimiento, la simpatía de aquellos a quienes servía, con su uniforme impecable, con su camisa siempre bien planchada, con su estación de servicio siempre en orden, con su actitud de atender, de hacer sentir bien a los demás, a sus clientes, que ya no eran solo eso, siempre fueron sus amigos… una solución para cada deseo, un apretón de manos de bienvenida, una sonrisa clara en aquel rostro obscuro.

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VALORES

Un hombre de grandes valores:

Honradez: Honradez de la buena, no de aquella que te hace que no robes, no, honradez de intención, honradez intelectual y honradez de conducta.

Lealtad: A toda prueba. Lealtad consigo mismo, leal a sus principios, a sus creencias a sus aspiraciones; cuantas veces lo oí decir no, con un gran esfuerzo por no ofender, pero obligado con su lealtad. Lealtad con su empresa, con sus jefes, con sus compañeros, lealtad con los de abajo y los de arriba.

Disciplina: El primero en llegar, siempre antes de tiempo, llegaba caminando, empezaba sus tareas y terminaba siempre a tiempo. Callado, contento, preciso, jamás se sentó a la mesa a la hora de la comida sin haber terminado perfectamente sus tareas. “Hasta la duda ofende”, me decía con una sonrisa cuando le preguntaba yo si había atendido tal o cual cosa.

Generosidad: Transmitió toda su experiencia a los más jóvenes. Enseñaba con el ejemplo más que con  la palabra. Daba siempre sin esperar recompensa.

Afán de Logro: Terminar todo, hacerlo todo bien, lo mejor de lo mejor, estudioso de cómo mejorar, de cómo estar al día.

Prudencia: Nunca le oí hablar mal de nadie.

Alegría: Nunca lo oí renegar de algo que le sucediera.

Paciencia: Aguanto todo hasta el momento oportuno. Aun supo esperar a la muerte hasta tener todas sus cosas en orden.

Podría seguir sumando sus valores, pero la verdad creo que nunca acabaría, eran tantos y ahora no me siento en el mejor momento para hacer honores.

Este hombre, sobre todo, era un hombre bueno. Era un hombre lleno de amor que sabía respetar a manos llenas a su familia primero y a todos los demás.

Este hombre se llama Leonel Albarrán Hernández, para todos nosotros “Leo”.

Se nos fue el miércoles, nos dolió a todos su muerte, pero hoy estamos conformes porque nos dejó un gran legado que nos hará más fácil el camino hasta encontrarnos de nuevo.

“Leonel, nos quedan todavía muchas cenas que servir… allá nos vemos”.

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