Vallarta hoy:

Mentiras masivas

Enrique Peña Nieto.

Por J. Mario R. Fuentes (*)
jose.reyes@univa.mx

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No existe poder que determine el crecimiento con buenas intenciones.

Sus diagnósticos, ni ellos (los políticos) se los creen. En este momento de visos de campaña política; necesitan colocar a sus candidatos en lugares prominentes, desde donde dirijan la ruta de la nación.

Resulta más preocupante que abatir la corrupción o dar transparencia a los actos burocráticos de gobierno. Ningún poder determina el funcionamiento adecuado del todo; se sabe, en México se piensa según el gobernante en turno. Los asuntos prioritarios se rezagan, no se encuentra definición que lleve a soluciones concretas.

Millones de ciudadanos en la penuria, mala educación empatada con “docentes” arribistas, nepotismo en sindicatos, todo esto al final solamente puede asegurar una sociedad en crisis, por ejemplo, son pocos  los que han  leído a fondo las Reformas Estructurales, sus líderes lo hacen por ellos, que atrocidad.

Ya nadie cree en las palabras de Peña Nieto, cuando dijo que no habría gasolinazos o sus cifras milagrosas: “En los seis años de mi mandato el PIB crecerá a una tasa anual promedio de 5% o más. Al logro de este objetivo subordinaré todas las  prioridades de la política pública y he acordado con las empresas líderes en la fabricación de manufacturas y en la provisión de servicios de alto valor agregado, compromisos de inversión que se verán acompañados con la necesaria infraestructura y desarrollo de capital humano. Invito a los empresarios, sindicatos, universidades, bancos, etc., a dar su mejor contribución al objetivo nacional de crecimiento”.

Nada se cumplió y veo difícil llegar siquiera a la mitad de las promesas a un año de que termine su influencia en el poder, como se sabe  a principios del 2018 viene el declive de su administración, el desgaste ha sido devastador en todos los sentidos.

La política económica del país debe retomar la ruta del crecimiento con dinamismo, sostenerlo y convertirlo en sustentable, por encima de gobiernos adversos como el de Donald Trump o del que se oponga a los intereses nacionales. Para que esta orientación se sostenga es indispensable asegurar una base sólida y duradera de amplio apoyo político a la estrategia de alto crecimiento, enfatizando su carácter incluyente y aplicando políticas eficaces para que sus frutos lleguen de inmediato a los segmentos menos favorecidos de la población. Abatir la pobreza creciente con programas efectivos, no electoreros realmente serios, eso será otorgar una expectativa de vida a los que regresen a su tierra.

No será fácil, allá obtienen salarios 20 veces más altos que los que gana aquí un profesional, y me refiero a los trabajadores jornaleros, los obreros calificados se cuecen aparte mucho más alto. La mayoría no desea regresar a su tierra, saben de las carencias, de la violencia y la pobreza imperante; sería bueno crearles las condiciones para elevar la producción agrícola de ese campo mexicano olvidado por lo menos en las últimas cuatro décadas, reactivarlo con tecnología, mejor infraestructura, carreteras, menos coyotes y sobre todo sin mentiras.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República,  se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones  y del  Consejo Político Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.

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