Vallarta hoy:

Contraseña – La nueva prueba de amor

Hoy en día para nuestros jóvenes la prueba de amor ya no es la misma. La gran prueba de amor que se piden ahora no es sexo, son las contraseñas.

.

Por Mtra. Hania B. Sosa Contreras

.

En los años 90’s recuerdo haber visto una película en caricatura, en la que se pretendía transmitir el mensaje de que si algún chico te pedía la prueba de amor debías decir “no”.

En la época en que yo pasé mi pubertad/adolescencia, hablar de éste tema todavía resultaba complejo para muchas familias, pero en la mía no lo fue tanto, porque a mi papá no le causaba nada de conflicto (psicólogo al final de cuentas), y aunque mi mamá en esos momentos sí pudo haberse llegado a quedar sin palabras, no era para menos. Finalmente hablar de la prueba de amor en los 90’s significaba hablar de sexo.

Hoy en día para nuestros jóvenes la prueba de amor ya no es la misma. La gran prueba de amor que se piden ahora no es sexo, son las contraseñas.

En el consultorio me toca encontrarme cada vez con mayor frecuencia con problemáticas en las parejas que tienen que ver con el uso de los aparatos electrónicos, particularmente debido al acceso a internet. Lo más interesante de todo esto es que la problemática ya no es característica de un grupo de edad determinado. Los conflictos por el uso de los aparatos electrónicos, internet y/o las redes sociales están presentes en las parejas de casi cualquier edad. No es exclusivo de los adolescentes.

Entre los temas que se abordan en los conflictos de pareja está uno que quizás encabeza la lista, y que se une totalmente al tema de las contraseñas: la confianza.

Éste aspecto tan importante en básicamente cualquier ámbito de la vida de una persona, cobra especial atención cuando nos percatamos de lo debilitado que se encuentra.

A éste punto se le agrega otra característica que pudiésemos considerar como negativa, ya que tomando en cuenta que es un brazo débil que tienen muchas relaciones, pretenden “fortalecerlo” con métodos poco saludables.

Las parejas en el 2017 están queriendo basar su “confianza” en la apertura que el otro tenga acerca de sus claves para acceder a las redes o a sus aparatos electrónicos.

Podemos tener variados puntos de vista al respecto de éste tema, y sin lugar a dudas sería digno de debate; pero desde el punto de vista de lo que sería recomendable para la salud mental me surgen algunas interrogantes: ¿Por qué poner contraseñas?

La primer respuesta “razonable” pudiese ser que usamos contraseñas por seguridad. Supongo que eso va a depender del tipo de información que guardemos en nuestros aparatos; pero aquí surgirían otras preguntas, ¿de quién queremos proteger dicha información?, ¿de un extraño?, ¿de la pareja?, ¿de algún familiar en particular?

Evidentemente alguien que utiliza sus aparatos electrónicos para trabajar, almacena en ellos información que no desea que pueda ser accesible para personas que la puedan utilizar de forma negativa; sin embargo, si hablamos en términos de relación de pareja, no sería necesario ocultar nuestras claves de acceso. No obstante esto puede abordarse desde dos vertientes.

Es común ver parejas con una buena relación que no tienen oculta la información que almacenan en sus teléfonos o computadoras, pero que al mismo tiempo tampoco están supervisando o “auditando” lo que la pareja tiene guardado; y por otro lado, se encuentran aquellas parejas que se dicen tener confianza porque están basando éste aspecto en el hecho de que conocen las contraseñas de su pareja y se tienen “autorizado” revisar sus celulares en el momento que lo deseen. ¿Será igual la confianza que se tienen?

Particularmente considero que no.

Lograr lo que se ejemplifica en el primer caso requiere de una verdadera confianza en el otro. Significa que la manera de conducirse de cada miembro de la pareja les lleva a estar tranquilos y no sentir la necesidad de averiguar.

En el segundo caso, los miembros de la pareja creen que necesitan estar “checando” que el otro no esté faltando a la relación; por lo tanto esto quiere decir que de alguna manera la forma de conducirse les genera duda, incertidumbre y, por consiguiente, desconfianza.

La prueba de amor, entonces, no debiese ser tener o no contraseñas, no necesitaría ser que yo dé permiso para que auditen mi actividad en las redes; la prueba de amor debería ser mi forma de comportarme, la lealtad que uno pueda tenerle a la pareja independientemente si revisa o no lo que hago; ya que, después de todo, se trata de que uno mismo sepa conducirse con integridad por el simple hecho de que eso sea lo que se desee hacer.

La buena noticia es que esto es algo que se puede aprender. No caigamos en el desánimo o en la desmotivación. Las parejas pueden ir madurando con las experiencias; no nacemos sabiendo vivir en pareja. Pero sí debemos entender que, en términos de confianza, las cosas deben ser claras: confías o no confías, no hay puntos medios.

.

Mtra. Hania B. Sosa Contreras
FB Centro de Psicología
Cel. 3221207644

Search