Vallarta hoy:

Realidades alternativas 9, La palabra

Compartimos los sentidos de la vista, del tacto y del oído con las demás especies, y en muchos casos los animales en esos sentidos nos superan.

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Por Federico León de la Vega
fleondelavega@gmail.com

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La palabra es quizá la más grande diferencia que nos separa del reino animal. Es verdad que hay diversos lenguajes entre las especies. Las ballenas se comunican con sonidos que otras ballenas escuchan a enormes distancias, y todos hemos oído cómo, cuando los perros ladran, otros perros les contestan.

Pero la palabra va mucho más allá de la mera comunicación. Compartimos los sentidos de la vista, del tacto y del oído con las demás especies, y en muchos casos los animales en esos sentidos nos superan. Hay por ejemplo aves que tienen visión nocturna; ven lo que nosotros no vemos. Hay también un grado de comunicación con los animales a través de palabras. Uno dice al perro “siéntate”: si ha sido entrenado obedece y distingue otras varias órdenes que ha aprendido, pero la palabra con toda la dimensión de su significado, es al parecer exclusiva de los seres creativos. Tal vez exista un lenguaje de ángeles o de otras entidades no visibles. Tal vez sean capaces de emitir palabras y crear. El logos, la palabra, se refiere al principio creativo de Dios; el término “verbo encarnado” se refiere a Jesús el Cristo.

La palabra lleva la fuerza del concepto, le da a la cosa la orden para existir. El emitir la palabra es crear el concepto, aunque éste aún no exista, existe a partir de ese momento en que se emite, al menos en la imaginación del que la enuncia y es el primer paso para llevarlo a la realidad. La palabra hablada invoca la cosa, pero también revela nuestro espíritu. Por la entonación, por el acento, por la pronunciación que usamos nos damos a conocer. La persona expresada es la palabra, per-sona, por sonido, es la expresión de nuestra singularidad.

La palabra escrita le brinda permanencia a lo creado, y si es palabra escrita a mano, refuerza nuestra singularidad, pues nuestra letra como nuestra voz, es única y personal. Al hablar malas palabras vamos creando, expresando, exhibiendo, un mal concepto de nosotros mismos, que los demás perciben, piensan, y que acaba por envolvernos para volverse realidad. Al usar un vocabulario vulgar, maldecimos y restringimos nuestra persona; la limitamos a una realidad mediocre que vamos admitiendo; es emitir conceptos sin pensar. Dejamos de ser per-sona, perdemos singularidad para convertirnos en uno más, un mero sonido que emula, pero no es. Si pensar es existir, hablar verdad y cordura es crear el principio de una realidad mejor. Es pasar de la conciencia a la concepción.

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