Vallarta hoy:
Dedico con mucho amor éste artículo a La Cartera; porque me hace recordar y palpar la grandeza de mi pueblo mexicano.

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Por un México mejor

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Desde que tengo uso de razón he sido muy distraída, y aunque tengo en mi mente una plática de quince horas o más, que era el tiempo que me contrataba el Sr. Manuel Espinosa Yglesias, para impartir a los Gerentes de Plaza, Gerentes y ejecutivos de Bancomer, durante 23 años de mi vida (obviamente antes del famoso “robo“, perdón la Nacionalización de la Banca, en el siglo pasado), se me olvidan con frecuencia los rostros y teléfonos hasta de mis familiares.

La hermana mayor de mi abuelita a pesar de sus 95 años y estar ciega, me sacaba de apuros, cada vez que tenía que comunicarme con cualesquier familiar, pues ella tenía una memoria privilegiada y sabía todos los teléfonos no sólo de los familiares, sino que también de algunos amigos.

Cada vez que le hablaba para que me recordara “X”, número telefónico, sabía que me reprendería, por no poner atención en las cosas que hacía, y siempre terminaba diciéndome: “Me tienes preocupada con esa memoria, ya te he dicho que tomes del agua de sábila y sigues sin hacerme caso; eso te ayudará notablemente para la memoria“. Y yo le contestaba siempre lo mismo: “Mi querida tía, el problema no es la memoria, sino que, ¡yo así nací!“.

Increíble pero cierto, nunca le hice caso; murió a los 98 años y, fue cuando tuve que escribir mi primera agenda telefónica, pero el problema fue, que no recordaba dónde la guardaba; y era cuando me decía: “Tengo que empezar a tomar la sábila como agua de uso“…

Ya soy de la quinta edad, y cada vez que se me pierde algo (la cartera, mi bolsa, las llaves, los papeles, etcétera,)… Vuelvo a repetir lo que dije en el párrafo anterior… y hasta hora… ¡No lo he hecho!

Siempre ando de prisa, “pensando en la inmortalidad del cangrejo”, tratando de arreglar lo irreparable; olvidando todo, menos mi cabeza porque gracias a Dios tengo una cosa llamada cuello y… ¡Sólo por ayuda Divina he podido salir siempre adelante! Por eso digo con orgullo, gracias a la maravillosa vida y a todos esos ángeles terrenales que siempre me rodean… ¡He sobrevivido!

La Cartera tiene muchos años conmigo, por eso ya se pueden imaginar el historial por lo que ha tenido que pasar: Creí haberla perdido cuando cambié de bolsa por las famosas estaciones… Pasó un otoño e invierno sin saber de ella, pero cuando llegó la primavera… ¡La volví a encontrar!, y… ¡No tienen idea del gusto que me dio recuperarla!

Cuando me enteré que los poderosos, sí se robaron mi terreno, de cuatro hectáreas, por mi exceso de confianza… (mi problema estriba en que fui educada con la palabra de honor, con esos valores cívicos y morales que impartían en esas escuelas de antaño)… Ahora: “Papelito habla“. ”El que no tranza no avanza“. Bueno, ya ustedes habrán oído de eso… Me volví muy distraída y la que más ha sufrido las consecuencias… ¡Ha sido la Cartera!…

La semana antepasada fui de compras, y una norteamericana me dijo: “Señora, no guardó la cartera“. La semana antepasada un señor tendero me recordó que olvidaba la cartera.

Antier cuando fui de carrera al mercado, antes de salir una señora indigente me dijo: “Ha olvidado la cartera en el mostrador“… (les puedo asegurar que si la hubiera dejado en cualquiera de las casas “blancas“… ¡La perdería para siempre!)…  Al ver ese rostro ajado por el tiempo y los golpes de la vida, pero que poseía esa hermosa mirada tan llena de bondad y ternura, recordé mi infancia en ese hermoso y jacarandoso pueblo que me vio nacer; con personas que hacían sus tratos, sólo utilizando su palabra de honor; de mi madre cuando vendió el  automóvil y el comprador le dijo que al día siguiente le traería el dinero, el vecino se dio cuenta y le ofreció casi el doble, pero mi mamá sólo contestó:

“Me gusta sostener mi palabra, aunque la cartera no engorde tanto“…

Por eso dedico con mucho amor éste artículo a La Cartera; porque me hace recordar y palpar la grandeza de mi pueblo mexicano; porque aunque muchos Políticos Corruptos lo quieran destruir y no sepan apreciar el maravilloso tesoro que tienen en su pueblo sumiso, vejado, olvidado, cuando menos lo esperen practicarán las grandiosas palabras legadas por nuestra bella y recia raza de bronce: “Solos somos fuertes, pero… ¡Unidos invencibles!“; aunque ahora nos quieran castigar exprimiendo la cartera del mexicano… Y porque me hizo recordar a mi maravillosa tía abuela…

¿Y tú, ya tomaste la sábila como agua de uso?… ¡Hazlo, antes de que pierdas la cartera!…

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Cariñosamente Ana I

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