Educación y ParentalidadGente PV

El cambio de residencia y los hijos

Los niños resultan especialmente afectados con los cambios de domicilio.

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Dr. Jesús Cabral Araiza

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Muchas veces cuando los hijos manifiestan síntomas de ansiedad o rasgos de trastornos psicosomáticos, solemos pensar que la causa es muy evidente o inmediata. Pero es hasta después de un análisis más minucioso que suelen surgir las verdaderas causas del agobio del infante. Por ello es recomendable que si los propios padres no atinan a saber qué sucede con sus hijos, acudan con un profesional de la salud mental, que de igual manera esté capacitado en realizar de manera profesional un psicodiagnóstico.

Existen muchos estresores del mundo del infante, pero hoy me quiero ocupar de uno en el que particularmente se pueden conjuntar factores que cambien literalmente el ritmo de vida del niño y su familia, y que como consecuencia puede haber en el mejor de los casos, una adaptación al cambio, pero en los aspectos negativos, un desequilibrio en la vida del niño que lo regresiona o retrotrae de un desarrollo que hasta entonces era considerado normal.

Me refiero concretamente al hecho de que al hijo o los hijos, los padres los cambien de una casa a  otra, muchas veces distante y en otra ciudad, o hasta otro país. Obviamente los padres pueden pensar que es lo mejor para la familia, pero piensan en las condiciones materiales o económicas solamente, sin embargo, existen otros factores que no han considerado y que de igual manera afectaran la armonía familiar tarde o temprano. Aquí es donde entran los hijos, pues son ellos, principalmente los menores de 12 años, los que sufrirán las consecuencias de tal decisión, pues por principio de cuentas, nadie les ha consulado si deseaban el cambio o lo veían como benéfico. En segundo lugar, los hijos dejan tras de sí, a los amigos, su casa original (si es solo un cambio reciente) quizás mascotas, los parientes más cercanos, abuelos, tíos, primos, amigos, las instalaciones y servicios que en su comunidad ya eran familiares.

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¿Qué hacer?

Si bien es verdad que muchas veces el trabajo de los padres, o las condiciones de vida para ellos y sus planes a futuro incluyen un traslado de ciudad, de igual manera es que la más de las veces no hay una valoración completa de lo que implica para los más pequeños, o lo que es peor, no incluye un plan de trabajo psico-emocional para estos. Por ello, y en tiempo y forma, primero hay que comunicar de la manera más adecuada la decisión, no siempre se comprenderá por parte de los infantes, pero en el fondo agradecerán el hecho de ser informados.

En segundo lugar valdrá la pena evaluar todos y cada uno de los elementos que los hijos dejan atrás, ya los mencionamos, personas, mascotas, aspectos de la propia ciudad o la colonia, etcétera, y una vez que se saben cuáles son, tratar en la medida de lo posible de crear las condiciones similares en el nuevo entorno que le permitan extrañar lo menos posible el anterior hogar.

En tercer lugar, recuerde que las personas somos muy sensibles a las otras personas, y que está comprobado que lo que más nos afecta es la soledad y las malas relaciones con otros seres humanos, por ello hable con sus vecinos para procurar una mejor acogida con usted y sus hijos, procure hacer lo más pronto posible redes de apoyo social en las que se sientan confortables y extrañen cada vez menos el hogar anterior. Si bien es verdad que nunca lo olvidarán, pues ya es parte de su historia, el poder dejarlo justamente en la historia le permitirá a usted y sus hijos superar y valorar las nuevas condiciones de vida y del entorno que tiene.

Siempre que tenga duda respecto a saber qué es lo mejor para sus hijos, no dude en preguntarles a ellos, se encontrará con sorpresas agradables y sorprendentes que lo dejarán pensando que ha subestimado a sus hijos en más de una forma, solo son niños, pero piensan profundamente sobre lo que les afecta.

Recuerdo como si fuera ayer mi llegada a este bello lugar llamado Puerto Vallarta, o por algunos otros, paraíso, y no tengo más que palabras de agradecimiento por lo bien que nos ha tratado a mí y mi familia este bello destino.

Hoy le doy la bienvenida a una familia joven con tres bellos hijos que vienen a poner su granito de arena a un buen proyecto de desarrollo social que nunca estará de más en una ciudad pujante como es esta. Me refiero a Iris Lorena, Jacob, Marena, Sarah y Sebastián.

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Hasta la próxima.