Vallarta hoy:

¡Pobre de mí!

La tendencia a autocompadecerse surge de los pensamientos, creencias o ideas que empezamos a albergar en alguna etapa de nuestra vida (y que nos hacen sentir lástima por nosotros mismos.

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Por Mtra. Hania B. Sosa Contreras
Psicóloga

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“¡Pobre de mí!” ¿Has usado esa expresión? ¿Con qué frecuencia?

Sería interesante que de vez en cuando y preferentemente durante varias veces en un día, te pusieras a observar tu diálogo mental y registraras si sueles recurrir a ese tipo de pensamientos. A esa pauta de ideas podemos llamarle victimización; es una tendencia a pensarte víctima de las situaciones.

La tendencia a autocompadecerse surge de los pensamientos, creencias o ideas que empezamos a albergar en alguna etapa de nuestra vida (usualmente aprendida debido a la convivencia con las personas más cercanas a nosotros) y que nos hacen sentir lástima por nosotros mismos. La lástima, a su vez, es un sentimiento de tristeza por el padecimiento de alguien (en éste caso, uno mismo).

Sentir tristeza por nuestros padecimientos puede ser natural hasta cierto punto. Evidentemente, cuando algo malo nos sucede, sería patológico sentir alegría o placer; sin embargo anclarse en el autocompadecimiento también puede llegar a ser enfermizo.

¿Qué sucede con nosotros cuando nos atoramos en el sentimiento de tristeza por nuestros padecimientos? Podemos generar un estado permanente de lástima hacia uno mismo; y ese sentimiento de lástima usualmente propicia una cadena negativa, un círculo vicioso que lo único que logra es hundirnos en un pantano que nos lleva de forma directa a la depresión.

He tenido oportunidad de escuchar en muchas ocasiones a personas que llevan bastante tiempo albergando la creencia de que sus vidas son lamentables y que ellos son víctimas de todo lo que les sucede, sin percatarse que esa manera de pensar genera un círculo vicioso que sólo consigue atascarlos en las arenas movedizas de la negatividad y de todo lo que ésta acarrea.

En terapia lo que se logra es cortar con esa pauta sustituyéndola por patrones de pensamiento que propicien la salud, y que al mismo tiempo vayan generando que la persona modifique sus hábitos para entonces generar un círculo virtuoso.

El asunto aquí es ¿cuándo sería el momento ideal de llevarlo a cabo? La realidad es que en éste como en muchos otros casos, aplica lo que dice el dicho “no se puede ver la paja en el ojo ajeno”. Es más sencillo ver éste tipo de conductas en los demás. Cuando uno mismo lo experimenta es complejo asimilarlo porque es de ese tipo de “padecimientos” que nos atrapan y nos nublan la visión.

Una sugerencia para indagar sobre tu estado actual es la primera que indiqué: de tanto en tanto presta atención a tus pensamientos, anótalos inclusive; ¿en qué pensabas?, ¿sobre qué tema sueles estar pensando con mayor frecuencia?
Si esto se te complica pide entonces apoyo de alguien cercano a ti, alguien con quien suelas compartir el tiempo suficiente como para que tenga la posibilidad de decir si considera que sueles tener con frecuencia el tipo de pensamientos “pobre de mí”; si sueles ponerte en el papel de la víctima ante los problemas que se te presentan.

Esa sería una gran manera de usar el espejo que pueden llegar a ser nuestros seres queridos; pero ¡aguas con enojarse! Si te atreves a preguntar es porque estarás listo para escuchar las respuestas. Si te llegasen a decir que sí, intenta no reaccionar, defenderte o justificarte. Permite que los comentarios de esa persona a la que le hayas preguntado se asienten, deja que las ideas y los sentimientos se acomoden para que puedas entrar en un estado reflexivo y entonces, sólo entonces, decide cuál es tu paso a seguir.

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Mtra. Hania B. Sosa Contreras
FB Centro de Psicología
Whatsapp 3221207644

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