Oda a Johannes Hesen

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Pensar en filosofía, o filosofar, constituye la segunda adicción más poderosa que invade totalmente a la unidad cuerpo-alma, ser humano y sólo después del pensar teológico que es el máximum de las adicciones. Una vez que se ha probado tan sólo una pizca de ese conocimiento el hombre permanece, para siempre, unido a él no habiendo cura alguna para abandonarlo.

Como toda adicción; cada vez que usas el pensar filosófico se potencia hasta el infinito el deseo por él, que consiste en poseer la verdad que es el fin último de ese pensar y una vez llegando a él cesa, sólo entonces, ese deseo insatisfecho causa de tantos sinsabores y de noches en vela, pero, claro, también, ¿por qué no?  De esa intensa alegría cuando se transita por el camino hacia la Verdad.

Felicidad y lágrimas, como todos los vicios, son frecuentes en el del pensar filosófico siendo éste el súmmum, el vicio de vicios y el placer de los placeres, la máxima infelicidad y el eterno júbilo. Por eso el pensar filosófico tiene mucho de divino y algo de demoníaco.

Fue Johannes Hessen un profundísimo pensador alemán de la Filosofía con orientación cristiana. Tenedor de una inmensa inteligencia fundamentó abisales estudios cuyo resultado fue el lograr un gran avance de la ciencia de las ciencias: la Filosofía. Enamorado de los pensamientos Agustinos, de Santo Tomás, Platónicos y Kantianos; nos develo hondos principios que rigen el conocimiento. Todo bajo la inspiración del pontífice de los genios: San Agustín.

Por ello Hessen, también vivió preso de una gran angustia, pero, al igual, pleno de una maravillosa felicidad. Por eso, todos los que somos sus seguidores le rendimos enorme reconocimiento a su actividad de hombre-pensador por el simple hecho de haberse acercado un poco más a Dios.

Sabemos, con certeza, que su adicción extrema ha terminado pues de seguro se encuentra, ya, en las  Angélicas Universidades. Gracia sin igual que Dios le donó.