Vallarta hoy:

Vivir en el paraíso

Los seres humanos no acabamos de entender que nuestra obligación es administrar bien los bienes de Dios, porque él es el único dueño.

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Por Humberto Famanía Ortega

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Al sentir la necesidad de disfrutar de momentos felices con calor tropical, pensamos en estar cerca el mar junto a la playa, nadando en sus frescas aguas saladas y sintiendo su brisa en todo el cuerpo es una verdadera delicia. Gozar de los atractivos naturales, se vuelve una oportunidad de apreciar en lo más profundo del corazón estos bellos regalos de Dios.

Sin lugar a dudas, este pedazo de tierra de la Costa del Pacifico en el Estado de Jalisco llamado Puerto Vallarta, es un verdadero paraíso, vulnerable a la obra del ser humano que codicia el aprovechamiento irracional de su suelo en todas formas, con tal de recibir a cambio unos cuantos pesos que se esfuman, con un daño irreversible a nuestro medio ambiente. Lo cierto es que ya estamos viviendo ese cambio que habremos de lamentar cuando sea irreversible.

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Voces del ayer

Recordado a vallartenses, como Margarita Mantecón de Garza que con gran emoción escribió un libro titulado, “Primer Centenario de Puerto Vallarta Jalisco 1851 – 1951.”  Toda una recopilación de datos históricos de nuestra tierra, en donde rinde un merecido homenaje a los hombres y mujeres fundadores y forjadores de este rincón paradisiaco al comentar:

“Conmovedor, es hablar con los descendientes del fundador de este maravilloso Puerto. Sólo la gloria de serlo los ufana, pero no los ensoberbece…..Son hombres parcos, recios y trabajadores. Sus almas permanecen nobles y diáfanas. Toda una vida empapada de la belleza soberana que el Creador regaló a ese bien llamado ¡Paraíso  Escondido! les  dá  la parquedad y la fuerza para el trabajo.”

Rendir homenaje a estas grandes mujeres y hombres, es el sentirnos orgullosos de la semilla que sembraron, dejando un cúmulo de experiencias al saber que los primeros pobladores se echaron la mano y actuaron en equipo para formar este hermoso poblado. Pero sobre todo respetaban a la madre naturaleza de forma tal que cuidaban todo lo que les rodeaba.

Recuerdo en sus relatos a Margarita Mantecón de Garza que decía: “En sus casas, criaban venaditos que los seguían por todas partes. Y los árboles que acariciaban los techos, albergaban pájaros de todos colores y lindas melodías. Los pericos y guacamayos gustaban mucho de los trocitos de masa y agradecidos aprendieron cánticos y charlas.

Así de sencillo se expresaba esta bella e inteligente mujer que amaba a su patria chica, la definía de tal forma que sentía en lo más profundo su amor; su relato al leerlo nos da el noble sentimiento de saber que estamos matando a la naturaleza. La forma tan especial en que escribe la autora de este libro dichos acontecimientos, son momentos tan bellos de nuestros antepasados que vivieron impregnados de las maravillas que Dios les entregó y ahora parece están desapareciendo. Es la hora de renovar nuestros hábitos, sobre todo aquellos que nos permiten sentirnos mejor, y no hay como la preservación de nuestro medio ambiente que nos ofrece una calidad de vida que nos hace renacer en tiempos tan difíciles.

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Tiempo de cuidar la naturaleza

Próximos los tiempos de verano, cuando la naturaleza se recupera, la flora y la fauna se nutren para seguir viviendo y ofreciendo a todos los seres de este planeta azul, alimento y belleza. Cuánta bondad, muchas de las veces renegamos de las lluvias, del lodo, de los turistas que no vienen a visitarnos, del calor a veces insoportable, en fin, ya es tiempo de reconocer las leyes del universo. Más de 17 ríos y riachuelos, llevan sus aguas dulces a la Bahía de Banderas, trayendo consigo alimento para las especies marinas. Todo los años es igual porque cumplen a cabalidad con la finalidad a la que fueron creados, en verdad que ejemplo para los seres humanos que no acabamos de entender que nuestra obligación es administrar bien los bienes de Dios, porque él es el único dueño. Llegará el momento en que tendremos que darle cuenta de lo creado por el para nuestro beneficio.

Tener conciencia de lo que  poseemos y más de lo que es gratuito; las tierras fértiles con sus sembradíos abundantes, el mar con sus especies y alimentos que son unos manjares sabrosos y nutritivos, pero sobre todo el paisaje que se junta entre la montaña y el océano, sus ríos y cascadas, y uno de los valores mas grandes de las maravillas del mundo, su gente.  ¿Ahora qué nos falta?  Unión, fortaleza, responsabilidad, creatividad, y disciplina para fomentar el orden, así también el formar verdaderos líderes que cuiden celosamente a su tierra con coraje y valor.

Lo peor del caso es que algunos de los que nos han gobernado y tienen raíces  familiares en este paraíso, se han aprovechado para situaciones personales, ya que han perjudicado de una forma alarmante a la comunidad; en su momento se verán reflejadas sus actuaciones. Recordándoles una célebre frase que aprendí hace algunos años:   “El tiempo y la circunstancia ubica a las gentes en su lugar.”

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Tomemos conciencia

Una de las cosas de mayor importancia, es que tenemos que tomar conciencia respecto a la situación de emergencia que vive el planeta: el cambio climático, el agotamiento de recursos, la degradación ambiental, los desequilibrios insostenibles, la deforestación. Nos estamos dando cuenta con hechos en esta región de Jalisco, lo que esta pasando acerca de las circunstancias antes analizadas. Creo firmemente que podemos lograr un movimiento familiar y social, capaz de superar las inercias y obstáculos que dificultan la necesaria revolución para lograr aminorar e incluso, invertir el proceso de degradación. Pero debemos de actuar YA, cada quién en su entorno. Lo que es cierto que gracias a las bellezas naturales nuestro destino turístico se ha consolidado como uno de los mejores de México, por lo tanto cuidémosla.

Tengamos todos Fé y  Esperanza, con unidad de nuestras familias y nuestros pueblos, mediante una gran conciencia y trabajo, logremos que la capa de ozono se vaya restaurando y nuestra tierra recobre nueva vida.

Las lluvias, relámpagos, truenos, rayos y centellas en los tiempos próximos de verano parecen jugar con los moradores de esta Bahía de ensueño. Son luces y truenos que demuestran su poderío, anunciando el agua a raudales que nos traen la vida. Es por eso que en estos tiempos se libra la lucha entre los elementos de nuestro planeta para buscar su equilibrio que nos hace tener lo necesario para seguir subsistiendo. Por eso digo bienvenido el verano, que con su color institucional el verde, es signo de vida y de grandeza.

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Un poema a Vallarta

Recordando un poema, lleno de amor y de recuerdos añorados, para que haga conciencia en nuestras mentes de los orígenes de nuestra tierra amada, que fue trasmitido por la estación de radio XEW y declamado por el Sr. Manuel Bernal siendo premiado en el concurso de “México es Así” con un reloj “marvin,” el 30 de septiembre de 1949, en tiempo de verano, cuya autora fue la ejemplar vallartense Doña Catalina Montes de Oca de Contreras.  Con honor y orgullo transcribo para deleite de mis lectores:

Las Peñas, hoy Puerto Vallarta. En la anchurosa Bahía de Banderas, entre la Punta de Mita y Cabo Corrientes, se encuentra este pequeño lugar llamado hoy  ¡Puerto Vallarta!

Punta Mita, tan llena de leyendas, de tesoros ocultos por piratas, donde por las mañanas invernales y a los primeros rayos de sol, refleja el espejismo Castillos y Templos encantados, poniendo una nota de fantasía.

Al Sur de la Bahía, el Cabo Corrientes con su potente faro, guía y esperanza del marino.

Su arroyo de frescas aguas cristalinas que descienden desde los minerales de Cuale, desembocan en el mar y sus riberas están adornadas por típicas ramadas donde las lavanderas se resguardan de los abrasadores rayos del sol, completando este bello conjunto, las blancas y pulidas piedras en que las ropas se ponen a  asolear cual plantío de capullos de algodón; sirviendo de fondo a este Puerto, sus cerros siempre cubiertos de vegetación exuberante, sus gallardas palmeras de color esmeralda, completan la gama en todos sus verdes. Al oriente, en el cerro del vigía, la Santa cruz, símbolo del cristianismo, dominando desde sus alturas su alegre caserío, destacándose entre ellas su cúpula parroquial, donde se venera y es patrona la Virgen del Tepeyac. Sus empedradas y bien alineadas callecitas, dan un aspecto de limpieza, habiendo en algunas de ellas árboles que en primavera florecen.

En la quietud de la Bahía, bellas barcas se deslizan como cisnes, son barcos de pescadores que a temprana hora se hacen a la mar, poniendo sus esperanzas en esa inmensidad.

Cuando atardece y los últimos rayos de sol agonizan en el majestuoso manto gris, se revive el paisaje con su sinfonía de colores en la incomparable bahía y al contemplarlo, de cada pecho se eleva un suspiro al Creador.

En noches de plenilunio el puerto se envuelve de misterio. Los enamorados se dan cita en el malecón bajo sus alineadas palmeras bañadas de luz de plata, y como queriendo destruir la armonía, el mar rompe su monotonía en fuerte y espumoso oleaje, dando belleza al paisaje.

Así es Vallarta, mi rincón querido y aunque tu nombre primitivo te quitó, el encanto que hay en ti ha perdurado.

Hasta aquí este hermoso poema de esta gran Señora que vive en el corazón de todos los vallarteneses, y que deja este recuerdo para que nunca olvidemos esta tierra prodigiosa regalo de Dios.

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-.Añoramos siempre la riqueza de los hombres y mujeres bien nacidos que han dejado huella en este paraíso de la costa norte de Jalisco.-

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Gracias a las bellezas naturales nuestro destino turístico se ha consolidado como uno de los mejores de México.

Puerto Vallarta, es un verdadero paraíso, vulnerable a la obra del ser humano que codicia el aprovechamiento irracional de su suelo en todas formas.

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