Vallarta hoy:

Realidades alternativas 11: El Poder de la Palabra Escrita

Una vez que usted ha escrito algo, ya existe.

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Por Federico León de la Vega

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Una vez que usted ha escrito algo, ya existe. En sus fantásticas novelas Víctor Hugo escribió a cerca del submarino y de otros maravillosos inventos que después se volvieron realidad. En las cuevas de Altamira podemos observar bellísimos dibujos de animales que después aparecerían en la cacería. Si usted desea transformar la realidad, es conveniente darle un nombre, describirla, preferiblemente con su propia mano. Esto le conferirá un poder especial: “póngamelo por escrito” pide quien quiere creer algún acuerdo “de su puño y letra” se añade, pidiendo darle aún mayor fuerza.

Desde luego que es válido usar cualquier medio para expresar una idea. Puede usted usar alguna máquina, tal vez la computadora o el teléfono inteligente. Sin embargo, en asuntos graves, donde se requiere de la fe para alcanzar lo deseado, la expresión directa de la idea por medio de la mano es especialmente poderosa. De tal modo que se pide a los contrayentes poner su rúbrica, por ser ésta la expresión más personal.

Es la firma manuscrita la que da especial valor a una pintura, es la garantía de autenticidad. Lo mismo pasa con los cheques, contratos, promesas y compromisos. La firma de Picasso llegó a tener un valor mayor que el de los cheques que firmaba. Los fans piden a sus ídolos un autógrafo y eso mismo es lo que da mayor aprecio al objeto del recuerdo.

En el mundo actual, tan cibernético, donde la realidad virtual se confunde con la natural, se estila teclear un “nip” (número de identificación personal). Ya se ha visto lo fácil que son los robos y falsificaciones a través de los medios cibernéticos. Por esta razón prevalece la firma a mano aún en las tarjetas de crédito. La autenticidad del concepto, de la idea, del logos, se garantiza por la firma manuscrita de su autor…y es además garantía de intimidad cuando se entrega a un portador confiable. La carta de amor, doblada y entregada en mano a la amada es todavía de insuperable secreto. No hay tal en los medios cibernéticos, ni aún en los encriptados. Siempre habrá un programa que los descifre. Es más: las computadoras mismas piden la habilidad de leer símbolos manuscritos para distinguir a los robots de los humanos.

De modo que si usted desea cambiar la realidad, le recomiendo que comience por expresar su deseo con fe, preferiblemente a mano. Descríbalo con palabras, haga usted un boceto, póngale flechitas, especificaciones, señalamientos. Si se trata de una composición musical, dibuje las notas básicas de la melodía con lápiz sobre el cuaderno pautado. Recurra a los programas y aplicaciones digitales solo como una ayuda, pero ponga la fuerza de su fe detrás del medio directo y natural que posee: su mano. Puede hacerlo con tinta sobre papel, o carboncillo sobre el lienzo, o sangre sobre una piedra, pero de su propia mano y de primera intención.

La chispa del  poder de la fe se verá encendida con este concepto inicial de la realidad que usted desee crear, póngale nombre y después no se lo muestre a nadie sino a los que le amen y le crean; evite a toda costa tirar margaritas a los cerdos. El desánimo y la fuerza negativa de los otros serán contraproducentes. Apele al poder de Dios sabiendo que Él “llama a las cosas que no son como si fuesen” (del libro de Romanos, Capítulo 4, verso 17) y recordando que la fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hebreos 11:11).

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fleondelavega@gmail.com

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