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De centinelas y una sociedad y Estado disfuncional

Los adolescentes violentos se vinculan a un siguiente perfil, son inseguros, desatendidos, desarraigados, con necesidades no resueltas psico-afectivamente, que se saben en un sistema de impunidad y compadrazgos.

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Dr. Jesús Cabral Araiza

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En días recientes, la sociedad mexicana nos hemos enterado que desde mayo del año pasado, han estado promoviendo acciones violentas un grupo de adolescentes que se hacen llamar “Los Centinelas”. Muchas preguntas han surgido sin aparentemente encontrar una respuesta, pues encontrar a los culpables sólo es cuestión de tiempo.

No suelo hacerla de adivino, pero en este caso me atreveré a elucubrar sobre diversos aspectos que brincan a mi mente con relación a las preguntas que surgen, por ejemplo, ¿qué los motiva?, ¿qué circunstancias familiares los llevan a ser como son?, ¿qué hay detrás de sus acciones con relación a la sociedad y las instituciones de ley que regulan y sancionan la violencia?, esas entre muchas otras cuestiones.

Pues bien, iniciemos por las personas que aparecen en los videos expresando claramente agresiones físicas hacia otros comensales o clientes de cafetería sin motivo aparente. Una vez que sean detenidos y se conozcan sus historias de vida y muestren “arrepentimiento” por los actos que hubiesen cometido, de igual manera quedará claro que sus infancias fueron carenciadas. No necesariamente de cosas materiales, pues sueles ser en estos casos que son niños mimados, con poca tolerancia a la frustración, pues justamente todo lo material se les proporciona, pero al igual una falta significativa en calidad de tiempo.

Tiempo justamente que los padres deben pasar con sus hijos, explicándoles y siendo ejemplares sobre valores humanos. Pero que al igual como es frecuente, los padres son exitosos profesionalmente pero argumentan no “tener“ tiempo para dedicarse a la crianza, y ésta recae en una institutriz o persona encargada ex profeso. Muy posiblemente igual aparecerán antecedentes de violencia hacia mascotas, pues el aprendizaje sobre la violencia inicial justamente con estos seres indefensos.

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Hablemos de las motivaciones.

No le sorprenda amigo lector que las motivaciones no son claras, que no hay un motivo aparente para ser violento, no hay una causa qué defender ni un malo a quien atacar. Se trata simple y llanamente de mostrar que se es más poderoso, agresivo y “fuerte” que el otro, y esta condición los hace sentir importantes y destacados, a sabiendas incluso de que pudieron ser filmados y exhibidos en redes sociales, la adrenalina es justamente por saberse impunes ante un círculo de otros grupos de personas igual desadaptadas que los alientan a seguir con su “valentía”, aunque en el fondo sea una muestra de cobardía de las más grandes, pues no se meten con alguien de su misma complexión, no claro que no, buscan a los adolescentes más débiles e inseguros que puedan encontrar para molestar y agredir.

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Su perfil psicológico

Tratemos de hacer una síntesis de la situación: Los adolescentes violentos se vinculan a un siguiente perfil, son inseguros, desatendidos, desarraigados, con necesidades no resueltas psico-afectivamente, que se saben en un sistema de impunidad y compadrazgos en el que por falta de una buena integración de expediente pueden quedar libres, o en otro caso, por tramitar un amparo o simplemente por una actuación dudosa de un juez competente (para ellos). El marco es propicio, pues se sabe que la mayoría de los casos criminales en el país no son juzgados con un debido proceso, y por diversas argucias legales pueden salir y no cumplir una pena completa acorde al delito cometido.

Por tanto, el problema por una parte inicia en casa, en la falta de atención integral, en la falta de conciencia de los padres respecto a la importancia y seriedad de la crianza, en la falta de madurez de criterio de los propios jóvenes para saber tomar decisiones maduras, basadas en valores y en respeto por el otro y la propiedad ajena.

Lamentablemente, cuando son aprendidos ponen cara de un aparente arrepentimiento que hasta los organismos defensores de derechos humanos pareciera que están de su parte –y a veces así es-, pues han encontrado en las comisiones de los derechos humanos una estrategia para salvar las responsabilidades penales que les corresponderían legalmente.

Tenemos una sociedad que mantiene diversos grupos encausados al hedonismo en la que pereciera que lo único que importa es el bien individual y no el social, mientras esto sea así, difícilmente podremos mejorar individual y colectivamente.

Es hora de que cada cual asuma las consecuencias de sus actos, ¿no cree usted?